miércoles, 15 de mayo de 2013

Dos años después... el 15M ha muerto

El 15M como tal ya no existe. Se ha ido. Ha desaparecido y muy probablemente no volverá cómo lo conocimos. Y eso es bueno. Es un movimiento, que, echando la vista atrás, se ahogó en su propio éxito y en su ineficacia para adaptarse a la realidad de un colectivo (la sociedad) inmenso.

Desde muy pronto el movimiento se vio contaminado por cuatro grandes males: la horizontalidad, y el protagonismo y la pérdida de perspectiva.

La horizontalidad
La horizontalidad es muy apropiada en ciertos aspectos y conceptos, pero no como norma general en una sociedad ya existente. Basta un sólo voto negativo para echar atrás ideas perfectamente válidas e interesantes, simplemente por un motivo personal (ejemplo fácil: "erradiquemos el hambre en el mundo, porque tenemos los medios". Todo el mundo vota que sí, que adelante, pero los presidentes de las industrias cárnicas dicen que no.). En pequeños sistemas cerrados funciona bien, sus individuos suelen compartir ideas muy parecidas, y por tanto el desacuerdo es mínimo, o incluso inexistente. Pero la horizontalidad no permite la discusión de ideas o conceptos, de aquí surgieron en su momento las comisiones. Rápidamente se convirtieron en los líderes de facto de sus respectivas áreas.

La Plaza del 15 de mayo (Valencia), uno de los símbolos de aquel momento del movimiento
Al no tener representantes, el movimiento se convirtió en una masa sin rostro muy propensa a ser desvirtuada y a dejar escapar oportunidades de dar voz a una parte de la ciudadanía que se había sentido silenciada en los medios.

El protagonismo
Casi al mismo ritmo al que creció el 15M, fueron surgiendo sus parásitos. No hay que olvidar que el 15M nació con un objetivo muy sencillo: tener una democracia mejor. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo van apareciendo más y más colectivos reclamando su pedazo del pastel: desde el feminismo en el lenguaje (que genera desde el primer momento sentimientos encontrados) hasta la caída de la democracia y la reconstrucción de la sociedad desde sus cimientos, el intento de asociación del movimiento okupa, o extravagancias como la comisión transmaricabollo. El propio movimiento se dejó centralizar (a pesar de decir que no tenían un representante) en Acampada Sol. Si algo no sucedía en Sol, simplemente no había existido. Todo lo demás era secundario, todo había que consensuarse, pero Sol se había convertido en la cara del 15M (ese mismo movimiento que decía ser horizontal).

La pérdida de perspectiva
Perder el norte. Eso fue lo que pasó en los primeros compases. Con un movimiento incapaz de alcanzar un consenso de mínimos, al que poco a poco se le iban adhiriendo más y más reclamas el 15M fue evolucionando poco a poco hasta convertirse en una hidra de cien mil cabezas completamente irreconocible, pero con todas pidiendo su parte de atención. Casi cualquier reclamación era válida para adherirse al 15M, pero sin un funcionamiento definido (y con asambleas multitudinarias en las que los temas se discutían durante horas y sólo se sacaba adelante lo que salía con el 100% de apoyo) fue entorpeciéndose a sí misma.

Acampada Sol
La creación de comisiones (llegados a un punto, cada cual aun más absurda que la anterior) fue la manifestación más primitiva de algo que todos querían negar: eran los grupos de poder del 15M. Los pequeños jerifaltes del movimiento, de ese área que nadie había reclamado.

¿Y ahora qué?
El tiempo y la evolución ha curado muchos de los males del 15M. Las peticiones más extravagantes han caído en el olvido o han vuelto a ser marginales, mientras que los conceptos más interesantes han evolucionado o se han mantenido. Al abrigo de lo que sucedió hace dos años han nacido/crecido muchos movimientos admirables (la marea blanca, la marea verde, la PAH). Algunos sin una cabeza reconocible (innecesaria por pedir todo el mundo lo mismo de una manera concisa) en otros con una cabeza reconocible (el caso de la PAH y Ada Colau es el más evidente) que se ha encargado de explicar clara y concisamente por qué era importante lo que pedían.

La acampada de Plaza de Cataluña
El 15M ha muerto. Su legado, a pesar de lo que algunos quieran decir, no es habernos enseñado nada que no supiéramos, si no habernos demostrado que no estábamos locos (ni solos) al pedir una democracia mejor. También ha demostrado que las cosas se pueden hacer de una manera diferente. De sus muchos errores hemos aprendido muchas lecciones. Y nos ha enseñado la fuerza de los movimientos sociales bien organizados.

¿Volverá la sociedad a despertar políticamente hablando? Es posible que suceda cuando se acerquen las nuevas elecciones generales, pero mientras tanto, es necesario hacer una reflexión interna, quedarse con lo que se ha aprendido, y darse cuenta de que no es la sociedad la que hace poderosa al individuo. Es el individuo el que da poder a la sociedad.

El 15M ha muerto, pero su espíritu probablemente jamás desaparecerá.

lunes, 13 de mayo de 2013

¿Qué hay de lo mío? Parte 2: La bancarrota

Las autopistas son uno de los mejores ejemplos (tras los bancos) de cómo funciona el liberalismo en nuestro país. Aquí se privatizan los beneficios y se socializan las pérdidas. Es un modelo de negocio fantástico. La bancarrota no existe, en su lugar, se le denomina crisis y los ciudadanos corren con los gastos de los errores de otros.

Bankia fue rescatada porque "no se la podía dejar caer", el Sareb fue creado para absorber los activos tóxicos de los grandes bancos españoles. En otras palabras, lo que les hubiera llevado a la ruina fue absorbido por el estado y ahora es parte de lo que pagan todos los españoles.

En España no existe el libre mercado a gran escala. Desde luego, han cerrado muchos negocios desde que comenzó la crisis, pero ninguna de las grandes empresas lo ha sufrido. En realidad, no es que no lo haya sufrido, si no que Papá Estado se ha asegurado de que no pudieran quebrar. Es una perversión del sistema económico. La caída y renacimiento de negocios es una parte vital de nuestro modelo de mercado. Empresas que otrora fueron gigantes terminan presas de la bancarrota y desaparecen, dando paso a empresas con nuevos modelos de gestión, quizá mejores, quizá más eficientes, y sobre todo, con nuevas ideas y con espíritu competitivo.

No es el caso sin embargo en nuestro país, donde la UE nos ha denunciado por beneficios excesivos y "falta de competencia" entre las grandes empresas. No es de extrañar que en nuestro país ciertos productos sólo suban, el modelo de negocio está construido de tal manera que sus máximos beneficiarios son los que deberían estar intentando conseguir la atención de los consumidores, en lugar de ser al revés.

Uno podría preguntarse por qué la luz siempre sube y nunca baja, por qué a ningún político parece preocuparle que nuestra factura sea cada vez más y más elevada... y es fácil saber por qué. Los que deberían ser árbitros del sistema son, en realidad, parte del mismo. España podría ser el primer país del mundo en innovación energética, pero cuando nuestros mandatarios están encontrando acomodo en las eléctricas tradicionales, lo único que sale en dirección opuesta, hacia las renovables, es más impuestos para dificultar su progresión y expansión.

Es ridículo. España podría tener un nivel de vida muy diferente, pero empresas que deberían caer en el sistema (como parte de su funcionamiento natural) no caen porque están protegidas por el estado, y las empresas que podrían crear una competencia de lo más interesante (y beneficiosa) para el consumidor, no pueden salir adelante porque son inundadas a impuestos y trabas burocráticas.

Excepción de honor en este apartado merecen las compañías telefónicas, donde la irrupción de empresas como Pepephone o Yoigo han provocado que Movistar, Vodafone y cia hayan tenido que cambiar su modelo de negocio hacia uno mucho más cercano a lo que vemos en el resto de Europa...


viernes, 10 de mayo de 2013

¿Qué hay de lo mío? Parte 1: El aborto

Año 2013. Siglo XXI.

Nuestros políticos y nuestros medios cacarean que España está en la cúspide del progreso y que nuestro país es ejemplo de avance... Mejor dejemos la parte de humor para otro momento...

La reforma a la Ley del Aborto es de esas cosas que no sólo hace que me hierva la sangre (y como a mí, imagino y espero que a muchos y muchas) si no que además ilustra perfectamente cómo funciona este país. Donde el "¿Qué hay de lo mío?" es el auténtico motor de cada legislatura, cuando llega el momento de pagar los favores pedidos para conseguir alzarse con el poder.

En pleno siglo XXI es completamente disparatado pensar en restringir la Ley del Aborto y devolverla a algo similar a los años 80.

¿Cómo es posible que sea un puñado de hombres los que estén diciendo a las mujeres (y por extensión a sus familias) de todo el país cómo y cuándo podrán abortar? Es hilarante. Es volver a la Edad Media (y épocas más recientes en el caso de nuestro país, siempre empeñado en ir a la zaga de Europa en cuanto a Historia se refiere) para dar el poder de decidir a hombres sobre algo que atañe exclusivamente al propio cuerpo de la mujer embarazada.

Es una reforma que, de ser ejecutada, nos pondrá a la cola de Europa. Pero no contentos con eso, nuestro ministro "más demócrata" presume de ser la reforma más progresista (nos pondrá a la cola, pero es progresista, este hombre está de atar, sinceramente, pero dentro de un ejecutivo en el que todos parecen estar desquiciados, desgraciadamente no rechina ni un poco).

Acto contra el aborto en la Clínica Dator. Fuente: El País
Y con la marea de fondo sobre si es progresista o no, sobre si el derecho a la vida, sobre si el aborto es ETA, dejamos de lado a las auténticas protagonistas de toda esta historia: las mujeres.

¿Cómo es posible que estemos pretendiendo abordar una reforma que afecta directamente a nuestras parejas, madres, hijas, sobrinas, etcétera sin que ellas intervengan directamente? Estamos poniendo por encima del derecho a la vida (que no el derecho a la vida digna) por encima de, en según qué casos, el derecho a la vida de la propia mujer, y quizá condenando de por vida a una familia que no tenga recursos para sacar adelante a un vástago discapacitado.

Porque la implicación del Estado en esta ley termina precisamente ahí, en forzar a la mujer a dar a luz a un hijo del que quizá no pueda hacerse cargo, y a afectar al resto de la familia en mayor o menor grado. Desde luego, a la hora de ayudar a sacar adelante a ese hijo, Papá Estado desaparece. Es el ¿Qué hay de lo mío? por excelencia (en este caso el de los obispos).

Es completamente falto de cualquier moral que el Estado se pueda permitir dictar cómo serán las vidas de las familias que no puedan permitirse viajar a otro país para abortar. Porque el que piense que esto va a terminar con el aborto está completamente desconectado de la realidad.

lunes, 6 de mayo de 2013

El privilegio de trabajar

8:00 de la mañana.

Te levantas para ir al trabajo. Te sientes afortunado. En un país con 6 millones de parados estás en el grupo (mayoritario en realidad) que tiene trabajo. Pero te hacen sentir casi culpable, porque tú eres especial, tienes trabajo.

Trabajas por el mísero salario mínimo de nuestro país, que no te permite llegar ni siquiera a fin de mes sin tener que pedir ayuda a tus familiares. Pero te hacen sentir casi culpable, porque tú eres especial, tienes trabajo.

Trabajas bajo las órdenes del empresaurio de turno, de 9:00 a 13:00 y de 15:00 a 20:00, soportando todo tipo de barrabasadas por parte de jerifaltes incapaces de reconocer que están ahí por ser amigo de, por aparecer en el momento oportuno, o por tratarte como si fueses un animal a domesticar. Pero te hacen sentir casi culpable, porque tú eres especial, tienes trabajo.

Llegan las 20:00 y te dicen que hay que quedarse a hacer horas extra porque ha surgido un inconveniente. En realidad tu contrato no te obliga a permanecer en tu puesto de trabajo más allá del horario estipulado (que ya de por sí es un despropósito cuando se compara con el de muchos otros países europeos) pero te recuerdan, sin mucho disimulo, que si no tragas (y lo haces gratis, por supuesto) puedes terminar en la calle en el próximo ERE, o que te puedes ir olvidando de esa posibilidad de ascenso. Y te siguen haciendo sentir culpable, porque tienes trabajo.

Pasa el tiempo. Tus amigos, familiares o conocidos se quedan sin trabajo, o bien no consiguen encontrarlo tras años de búsqueda. Y la culpabilidad no desaparece. Ellos sufriendo todavía más que tú para poder salir a flote, y sin posibilidad de ayudarles, porque tu salario no te llega ni para subsistir tú.


Sin embargo, más del 70% de la población activa tiene empleo. No tienes que agachar la cabeza por tener un empleo. No eres un afortunado, si no que los desempleados son los auténticos perdedores de toda esta situación. Porque lo normal es tener empleo y no estar en el paro durante años.

Pero bajo la premisa de que eres un afortunado que tiene empleo, no puedes hablar de conciliación laboral, de que te paguen tus horas extras, de que te respeten ya no sólo como trabajador, si no como persona, ni puedes hablar, pero ni de broma, de un aumento de salario para poder vivir dignamente. Porque te recuerdan, muy amablemente, que si tú no aceptas eso, miles en la calle estarán dispuestos a aceptar tu trabajo, por un salario incluso por debajo del mínimo y a cambio de más horas.

No puedes recurrir al sindicato, o mejor dicho, no quieres. Porque te han dicho que son el demonio y que sólo buscan enriquecerse. Estás solo. O eso te quieren hacer creer. Callas y tragas con lo que venga por miedo a perder tu trabajo. Eres el triunfo absoluto del empresaurio español. El empleado dócil que calla y asiente por miedo a perder su trabajo porque él es especial. El empleado que no lucha y se queda en su casa mientras le recortan libertades y derechos con la sombría amenaza del despido, autoconvencido de que no sirve de nada manifestarse, ni pelear por lo tuyo porque otros vendrán a por tu trabajo si te echan.

Sea este un "homenaje" al empresaurio español, a nuestros políticos, y a todos los imberbes que se dejan pisotear creyendo que de verdad, son especiales por tener trabajo.

viernes, 3 de mayo de 2013

El frío mundo de las editoriales, los medios, y la autopromoción del escritor

Dejo temporalmente a un lado el tema de la política sobre el que normalmente hablo en este blog, para hablar de mi experiencia intentando publicar mi novela de ciencia ficción, que es la primera obra del universo de ficción en el que he estado trabajando desde hace ya siete años.

Allá por 2011, cuando terminé la novela y la registré, me lancé a lo que todo escritor novel: intentar encontrar una editorial que quisiese publicar mi novela.

La búsqueda fue difícil (entre otras cosas porque en aquel año ya estábamos sumidos en una profunda crisis en nuestro país, de la que no parece que vayamos a salir) pero con un poco de dedicación encontré varias editoriales que prometían editar a escritores noveles siempre que el libro les pareciese adecuado.

En mi caso, muchas de las editoriales que contacté me dijeron que no estaban interesadas en el género (la ciencia ficción, y por consecuencia, el subgénero de la space opera son poco populares en España) o bien jamás contestaron a mi primer correo, o bien me hacían saber que estaban pasando por un momento muy delicado (esta fue la respuesta más común) y que apenas sí podían editar un par de libros al año, por lo que se veían obligados a declinar la posibilidad de editarme, ya que tenían el cupo cubierto.

Muchas de estas respuestas son lógicas, de esperar, y previsibles. El éxito no le viene a uno de la noche a la mañana. Son piedras con las que hay que encontrarse en el camino. Eso es lógico y es normal, aun más si tenemos en cuenta que la situación del país es la que es, lo que hace que incluso menos de nosotros podamos pensar en gastar dinero para comprar un libro (aunque el mercado digital parece seguir en auge desde 2011).

Las pequeñas editoriales...
Sin embargo, la sorpresa fue ver lo que me proponían las editoriales que  estaban interesadas en publicar mi libro. Fue en ese momento cuando entendí que para las editoriales pequeñas los escritores noveles parecen ser más una oportunidad de sacarse un dinero fácil, y quizá un pelotazo del que sacar más pasta, que una apuesta de futuro para intentar hacer crecer sus negocios.

Valgan dos ejemplos (omito los nombres de las editoriales, ya que no busco atacarlas, si no explicar lo que me encontré):
Por un lado, una editorial me ofreció publicar el libro en coedición, ya que la situación de la misma no les permitía editar tanto como desearían (es comprensible, desde luego)... el problema surge cuando me encuentro con que el presupuesto es de 4.550€ para una tirada de 800 ejemplares (en papel) y solamente me desglosan el beneficio para mí y el reparto del dinero.

Extracto del documento con el desglose del gasto y el beneficio.
Cabe destacar que en este caso, jamás recibí un análisis de la obra, ni ningún tipo de estudio de mercado, predicción o similar de cómo funcionarían las ventas, que promoción habría por parte de ellos y cuánto tiempo estimaban que podría llevar colocar los 800 ejemplares. En definitiva, sólo recibí la propuesta, en la que sí, los 6.080€ llaman la atención, desde luego, pero no dejan de ser un hipotético. Era, básicamente, un salto al vacío. Sin ningún tipo de garantía, es más, sin ni siquiera tener un análisis detallado de mi novela, más allá de un "nos parece buena y nos gustaría editarla".

El segundo caso hace aun más visible que en muchas de estas editoriales no se busca al autor como fuente de posibles ingresos en el futuro, si no como cliente al que cobrar y pegar el pelotazo a su costa si suena la campana...

Me ofrecen, de nuevo, coedición (aunque insisten en que en realidad no lo es, pero que no pueden hacer frente al proceso inicial de lanzar el libro), y me piden aportar de nuevo dinero de mi bolsillo. En este caso es una cantidad variable, pudiendo ser de hasta unos 2.000€. ¿Por qué? Muy sencillo. La editorial se compromete a editarme 100 libros. Esos 100 libros tienen que ser vendidos en la presentación. Todo lo que no venda debe ser pagado por el propio autor.

Es decir, si de 100 libros sólo vendes 10, te toca pagar el precio de 90 libros (a unos 20€, el cálculo es simple, 1.800€). Es, de nuevo, una inversión bastante arriesgada porque, una vez más, falta cualquier tipo de análisis o garantía de que me ofrecen esto porque confían en que la novela va a ser un éxito. No, nada de eso. Me dejan bien claro que normalmente en esas presentaciones los libros se suelen vender a conocidos y que lo importante es poder llevar a tanta gente conocida como sea posible.

El razonamiento es simple, y tiene sentido, pero es engañoso. No necesito una editorial para venderle mi libro a mis amigos. Ni una presentación. Y por supuesto, no me va a dar una imagen realista de cuál es la recepción de la novela en el público de verdad, el que no me conoce de nada.

El contrato que me presentan está lleno de pequeñas perlas en las que se hace evidente que el escritor es el que corre con el riesgo en todos los casos, y que el beneficio para el mismo será mínimo, mientras la editorial puede terminar haciéndose con grandes beneficios a costa de una inversión mínima...

Es decir... "si de esto que no sabemos si va a ser un éxito, salen series o películas, el 50% es para nosotros".  El porcentaje es como mínimo discutible (a fin de cuentas es el autor el que genera ese contenido)...

Los 100 ejemplares han de ser comprados por el autor en 7 días, o si no, a enfrentarse a  lo que la editorial considere necesario para efectuar el cobro.

Si se publica tu obra, el 10% será para tí. El 10% de 20 euros es 2€, los 18€ restantes, para la editorial.

En definitiva, mientras yo pongo el dinero para intentar presentar mi obra. Si la cosa sale bien, es la editorial la que se lleva la mayor parte del beneficio, y la que pega el pelotazo del año si mi obra sale en televisión o cine (que esto último, como todos sabemos, es altamente improbable en un gran número de casos, pero no deja de ser algo que llama la atención).

¿Y las grandes editoriales?
Si dejamos a un lado las pequeñas editoriales, tenemos a los grandes tiburones del sector. Ya se sabe: Planeta, Ediciones B, etcétera... De estas editoriales, el escritor novel se puede olvidar directamente. No sólo no contestan a ningún envío de obra, si no que dicen abiertamente que no se responde a envíos de obras no pedidos por ellos. Dicho de otro modo: las grandes editoriales no necesitan a los escritores noveles. Primero toca demostrar la valía de cada uno por otros derroteros.

¿Y los medios de prensa?
Por último tenemos los medios digitales. Casi todos ellos tienen una sección de cultura. Pocos hablan de escritores noveles, y de estos casos, el único en el que sí obtuve una respuesta positiva fue el blog Sin Tinta (de Fernando García) de El País, que publicó el correo que le envíe sobre mi novela junto al de otros dos escritores. En el resto de casos, o bien no recibí respuesta en ningún sentido, o bien un "lo miraremos y ya te responderemos" (más de un año después, sigue sin haber respuesta, y ya no la espero, evidentemente).

En resumen, el mundo de las editoriales es muy desagradecido con el escritor novel. Las grandes editoriales no quieren saber nada de nosotros, las pequeñas parecen más interesadas en sacarnos los cuartos que en intentar dar salida a los proyectos interesantes (una cosa es que te digan que tu obra no vale para ser publicada, o que sí; y otra muy diferente es que te intenten convencer con mensajes vagos de que sí, que la quieren publicar, pero que el dinero corre mayoritariamente por tu cuenta).


Parece que en estos tiempos que corren los únicos escritores noveles que pueden llegar a salir adelante son los famosos con acceso a medios y editoriales, mientras los demás, los anónimos, intentamos abrirnos paso en lugares como Amazon por nuestra cuenta y riesgo, o bien por medio de la distribución gratuita desde la propia página web del libro...

jueves, 2 de mayo de 2013

Sobre el paro, el gobierno y los medios

Si tuviésemos que buscar un ejemplo que ilustrase aquello de Vivir en los mundos de yupi sin duda éste sería uno de los más apropiados.

Hoy ha salido a la luz que el Gobierno confía en que el paro baje durante los cuatro próximos meses de manera consecutiva y significativa. Si aislamos la noticia en sí, no es tan descabellado: el verano suele atraer a los turistas, y con ellos empleo temporal en muchos chiringuitos y negocios estivales. Pero si la conectamos con la realidad del paro en los meses de mayo, junio, julio y agosto de los últimos años la perspectiva no parece tan prometedora...

Fuente
Evolución del paro en el mes de Mayo
  • 2008: +15.058
  • 2009: -24.741
  • 2010: -76.223
  • 2011: -79.701
  • 2012: -30.113
Evolución del paro en el mes de Junio
  • 2008: +36.849
  • 2009: -55.250
  • 2010: -83.834
  • 2011: -67.858
  • 2012: -98.853
Evolución del paro en el mes de Julio
  • 2008: +36.492
  • 2009: -20.794
  • 2010: -73.790
  • 2011: -42.059
  • 2012: -27.814
Evolución del paro en el mes de Agosto
  • 2008: +103.085
  • 2009: +84.985
  • 2010: +61.083
  • 2011: +51.185
  • 2012: +38.179

Es difícil saber en qué indicadores se fija el gobierno para deducir que el paro va a bajar significativamente en los próximos meses. Especialmente no parece que vaya a ser el caso en el mes de agosto (que siempre ha destruido empleo durante los últimos 5 años) y el único que parece apuntar a que podría ser "bueno" (por encima de 100.000 parados menos) es junio.

Es aun más ridículo pensar que el paro vaya a bajar significativamente si tenemos en cuenta que Rajoy se ha comprometido con Bruselas a dejar este tema de lado en favor del déficit. Quizá sólo equiparable a encomendarse a la Virgen del Rocío para salir de la crisis.


No sólo viene a demostrar que el Gobierno no sabe qué hacer para atajar esta crisis (y mucho menos como generar empleo) si no que tampoco parece preocuparle: lógico por otra parte cuando nadie está amenazando su poder. La presión social, que es la única que podría funcionar, parece inexistente. Tampoco será en el hemiciclo donde se puedan ver especialmente ahogados con su abrumadora mayoría absoluta.

El optimismo del Gobierno
El Gobierno espera que las cosas se solucionen mágicamente. No sólo esperan que el paro baje durante los cuatro próximos meses, si no que están tan convencidos de que lo va a hacer, que no piensan intervenir en ello. Ni Espartero...

Los planes de crecimiento son igualmente ridículos. Por un lado admiten abiertamente que el paro no bajará del 25% hasta al menos 2016, pero por otro desdicen al resto del mundo asegurando que la economía española crecerá en 2014, a pesar de que informes externos digan lo contrario.

¿Y qué hacen nuestros medios para informarnos de esta situación y de algo que es una realidad cada día más acuciante para millones de españoles? Pues esto...
  
 

Soberanismo catalán.. sindicatos... la debacle del Barça... Desviar la atención a otros derroteros y pasar por alto algo que debería ser explicado a todos los ciudadanos en detalle para que puedan hacerse una idea de qué es lo que nos depara el futuro y preparar sus vidas en lo medida de lo posible.

Parece ser que hablar sobre la principal preocupación de los españoles (especialmente tras un 1 de mayo) no es tan importante como hacer saber que los sindicatos no han tenido tanto éxito como en ocasiones anteriores o la locura soberanista de Cataluña (que dicho sea de paso está sirviendo como foco para desviar la atención a las mil maravillas).

¿Lo peor de todo esto? Que ponernos una venda en los ojos no va a librarnos del problema, pero parece que todos (políticos, medios y ciudadanos) hemos optado por hacerlo... y cuanto más tardemos en reaccionar con decisión desde todos los niveles, más tardaremos en salir de ésta...

martes, 30 de abril de 2013

A España no le gusta la democracia

No nos andemos por las ramas con falsos adornos.

Seamos claros. Y honestos: a España no le gusta la democracia. De hecho, es muy posible que en los últimos 100 años nunca le haya llegado a gustar del todo... Basta con ver las noticias que nos inundan cada día, y especialmente, los comentarios que se vierten en ellas.

Los españoles somos gente de extremos, casi de fanatismos. Los aficionados del Real Madrid no soportan a los del Barcelona, y viceversa. Del mismo modo, los hooligans (se hacen llamar votantes, pero más adelante veremos que es un término increíblemente optimista si lo aplicamos en nuestro país) del PSOE desprecian a los del PP casi como si fuesen la reencarnación de Satanás, y viceversa.

Uno puede preguntarse de dónde viene tamaña sandez. Cómo es posible que en algo tan delicado actuemos como meros hinchas de fútbol que defienden ciegamente a su partido político... Y la respuesta es porque a España no le gusta la democracia.

Adolfo Suárez, Presidente del Gobierno (1976-1981)
Miremos nuestros medios de prensa. A cualquier persona no le llevará más de 2-3 minutos ver a qué partido apoyan. Todos ellos apoyan a los dos grandes. O PP, o PSOE. El simple hecho de que tengamos periódicos que se convierten en voceros de cada partido es un síntoma de un mal endémico mucho mayor. Perdimos nuestra conciencia política (si es que la llegamos a tener en algún momento) allá por la década de los años 20, o quizá antes... y ni la hemos recuperado ni, francamente, se la espera.

Desde la llegada de PP y PSOE a nuestras vidas, hemos permitido que políticos y medios hayan convertido a estos dos partidos no ya en dos gigantes de la política española, si no en los únicos partidos. Todo lo demás no existe.

Es irónico... Los aficionados al fútbol se quejan de que de 20 minutos de información deportiva, 15 estén dedicados íntegramente al Barcelona y al Real Madrid. Sin embargo, los ciudadanos españoles no tienen ningún inconveniente en que de 20 minutos de información política, 19:30 de ellos estén dedicados a PPSOE y los últimos 30 segundos simplemente a mencionar de pasada alguna noticia menor de otro partido.

Ni siquiera podemos decir que España sea un estado bipartidista. No, ni por asomo. Deja de ser el caso en el momento en el que tenemos un concepto tan sumamente ridículo como el del voto de castigo. 

El derecho a voto es el bien más valioso que la ciudadanía podría tener. En España lo ejercemos cada cuatro años. Y siempre con tres opciones en mente en una abrumadora mayoría de los casos: PP, PSOE o votar en blanco.

Leopoldo Calvo Sotelo, Presidente del Gobierno (1981-1982)
Es delirante que en aras de la democracia cerremos la puerta a todo lo que dicen otros partidos. No tenemos por qué estar de acuerdo con lo que diga un partido de extrema derecha (siempre y cuando no sea ilegal o delictivo, claro está), pero el hecho de que pueda existir uno, y tenga sus votantes, sería síntoma de democracia.

En nuestro país, todo lo que se sale de PP y PSOE no es una opción. Es lógico, es lo que hemos permitido con nuestro beneplácito durante décadas. Izquierda Unida, UPyD, Equo... todos son extravagancias políticas. Los partidos minoritarios.... Porque eso es lo que los medios nos han vendido.

En un país realmente democrático, Mariano Rajoy seguramente se hubiera enfrentado ya al menos a una moción de censura por incumplimiento de su programa electoral. Total y absoluto. En nuestro país ni siquiera se le ha planteado. Es más, en realidad no se le puede plantear. Porque los votantes de derechas, a pesar de estar en desacuerdo con el PP (que es, según las sagradas enseñanzas de la "democracia" de España el único partido de derechas) entienden que si Rajoy pierde el poder, sólo el PSOE puede gobernar.

Seamos francos. Los saqueos que contemplamos en nuestro país día sí y día también tienen nuestro beneplácito. Validamos el juego de nuestros políticos cada cuatro años al decirles que sólo nos interesa lo que hagan PP y PSOE y que seremos sus fervientes defensores.

Felipe Gónzalez, Presidente del Gobierno (1982-1996)
Nos insultamos mutuamente, nos atacamos, nos ridiculizamos (como ciudadanos) y todo para defender a un partido. A UN PARTIDO. No a unas ideas, o unos ideales, o una inclinación política. A unas siglas... como si les debiésemos algo.

En una auténtica democracia, se hablaría de otros partidos tanto como de PP y de PSOE. Se concienciaría a la ciudadanía a ejercer el voto responsable. El voto informado. Al partido que más se acerque a las ideas de cada uno (y no a las ideas que PP o PSOE digan que debemos tener porque hemos decidido ser sus hinchas).

A España no le gusta la democracia. Y no parece que vaya a gustarle en los años venideros...

Nota: las fotos de los Presidentes del Gobierno son simplemente ilustrativas para hacer el texto menos pesado a la vista. La Transición fue un período increíblemente delicado de nuestra historia que no debe ser olvidado, pero tampoco elevado a un altar como el modelo a seguir para el futuro.