lunes, 4 de julio de 2011

Reinventando la rueda

Dejando a un lado los derroteros que parece estar tomando el movimiento del 15-M, y de los que ya he hablado en días pasados. Quiero centrarme en algo que vi en la asamblea de la Puerta del Sol ayer mismo, y que se centró, principalmente, en un enfrentamiento entre dos posturas que parecían irreconciliables.

Por un lado, los que consideran que la única opción válida es la de aprobar aquellas iniciativas que salgan sólo con un cien por cien de apoyo absoluto. Por otro lado, los que consideran que la opción válida debería ser aprobar la iniciativa en cuestión una vez supere los 4/5 de apoyo de la asamblea.

Ambas posturas tienen sus contras, obviamente. Por un lado, si se opta por el cien por cien, una sola persona puede tirar una propuesta que a la larga resultase útil por escasez de mira, falta de juicio, etc. Mientras que la opción de los 4/5 permite aprobar más iniciativas pero generando (posiblemente) un pequeño descontento dentro de la asamblea (aquellos que no han votado a favor).

Esta es, para mi, la primera señal de rebeldía en un movimiento que aunque sigue teniendo los buenos modos y la educacíon por bandera, no puede ocultar la división ocasional entre los que lo componemos. No en vano, ha habido quien se ha quejado amargamente al ver como sus iniciativas (y no me refiero sólo a individuos, si no a las propias comisiones) eran retrasadas o detenidas por falta de un consenso absoluto dentro de esas mismas asambleas.

Evidentemente, yo me decanto por la segunda opción (y 4/5 es, a mi modo de ver, demasiado alto, seguramente 2/3 sería más asequible) ya que la primera es demasiado rocosa como para poder pensar en alcanzar consensos en cualquier cosa que no sea un tema muy básico y en lo que todo el mundo esté de acuerdo.

El problema de fondo en todo esto, es que estamos reinventando algo que ya existe. Ese sistema llamado democracia que, en nuestro país funciona de aquellas maneras y que hemos puesto en un segundo plano para ir de frente a por la economía y gigantes más grandes (sin habernos encargado primero de los anteriores).

A fin de cuentas, una asamblea en la Puerta del Sol, aun con el 100% de aprobación, no es representativa del movimiento, ni mucho menos de toda la población española. Tampoco lo es el sistema democrático que tenemos ahora mismo. En el que unos pocos políticos pueden encararse con toda la sociedad y sacar adelante lo que luego es etiquetado por los medios como "medidas impopulares". ¿Cómo es posible que en una democracia se pueda aprobar "medidas impopulares"? Si la democracia es la voz del pueblo, sus políticos deberían ser el fiel reflejo del mismo. Cosa que no sucede aquí (ni en muchos otros sitios).

Al hilo de todas esas reflexiones en las que pensaba ayer, reparé en algo. No es la primera vez que oigo a los que no apoyan al movimiento compararlo, con mucha sorna, con el comunismo. Especialmente por el constante uso del "compañero/compañera" en las asambleas. Algo que no dista nada del manido "camarada" de épocas pasadas, y que plantea que, quizá en el fondo lo que necesitamos no es un cambio de sistema (desde luego no es lo que muchos pedimos, la democracia es una herramienta válida) si no reimaginarlo dejando atrás las grietas que nos hemos ido encontrando con el paso de los años.

Harina de otro costal, y para otro momento, es el tema de la "etiqueta" en sí del movimiento (forma de dirigirse a los demás, vocabulario, etc), pero ese será tema de otro día.

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