miércoles, 27 de julio de 2011

La marcha indignada

He querido esperar, conscientemente, un par de días para dejar que lo sucedido en el pasado fin de semana con la marcha indignada se asentase y poder hacer una mirada más reflexiva, menos impulsiva, con esa ventaja que ofrece el analizar las cosas cuando la polvareda ya se ha disipado.

Mantengo mi opinión sobre la jornada del sábado, fue especialmente emotiva, pero con poca chicha en cuanto a presión social. Sin embargo, no es ni mucho menos negativo. Ese ambiente festivo de encuentro en Sol y esa actitud contribuyó, sin duda, a estrechar los lazos de unión entre personas que forman parte de un mismo movimiento y que no se habían visto hasta ahora. Hubo momentos especialmente memorables, pero fueron tantos que nombrarlos podría llevar toda la noche. Lo importante, a fin de cuentas, es que se vino a demostrar que el 15-M está muy vivo, y que a nivel social sigue estando formado por todo tipo de personas, desde jóvenes a mayores de todo tipo de condición social.

El domingo fue la jornada en la que la presión social sí se hizo ver y oír. Y de una manera notoria, congregando a miles de personas en pleno verano (esas fechas en las que, según el mantra político, nadie acudiría a una manifestación si se convocara). Presión social y actividad que contrastó, amargamente, con la escasa (léase, nula) cobertura de los medios de prensa. Aquellos que dicen informar de lo que sucede en nuestro país.

Finalmente, ayer Joseph Stiglitz habló sobre la economía en una de las asambleas del Retiro, y esta mañana (dejando al lado el desalojo y los incidentes policíales), hemos recibido la noticia de que se había conseguido entregar a los diputados este documento de la marcha popular indignada, que recoge muchas de las problemáticas que se fueron encontrando por los pueblos a su paso.

De todo esto, me llevo varias conclusiones (casi todas positivas). Por un lado, el respaldo al 15-M sigue siendo feroz y, aunque mediáticamente casi invisible, tiene el respaldo de muchos. Por otro lado, parece existir una desconexión creciente entre los objetivos de agrupaciones como Democracia Real y el colectivo del movimiento en sí. Mientras los primeros dejaron atrás la presión contra los políticos para pasar a protestar contra la economía y un ente mucho más grande (y borroso), el FMI; los segundos protestan, principalmente, por una democracia que no funciona (no hay más que leer el documento de la marcha popular para ver que la gran mayoría de puntos son cosas que nuestra democracia tiene que arreglar y en las que el FMI pinta poco o nada).

A esto hay que añadir otro punto, empieza a cundir por parte de algunos la sensación de que DRY está pecando de oportunista. Apuntándose a aquellas iniciativas que despreciaba/ignoraba originalmente para salir en la foto y transmitiendo una sensación de veleta que no les favorece en nada, ni a ellos, ni al movimiento en sí.

Dicho todo esto, ahora hay que poner la vista en el futuro manteniendo la ilusión de que es posible conseguir un cambio y que esto no para. La siguiente marcha ya comenzó ayer a las 17:00, rumbo a Bruselas, donde esperan llegar el 7 de octubre, con la incorporación de otras marchas que se unirán a su paso por otros países (desde Francia y Alemania). Y no podemos olvidarnos del 15 de octubre, fecha del manido referendum (si es que finalmente tiene lugar) y de la convocatoria de manifestación global de Democracia Real Ya (que por otro lado, puede ser un batacazo de dimensiones importantes más allá de nuestras fronteras si no tiene el respaldo esperado).

viernes, 15 de julio de 2011

Cuando la burbuja explotó

 Ayer, como muchos otros, dediqué parte del día a ver el programa de la noche anterior de 59 segundos. En él, en principio, se iba a debatir sobre qué preocupa a los jóvenes de cara al futuro, y la mesa, a bote pronto, parecía prometedora, con las juventudes de PSOE y PP representadas, Democracia Real, ATTAC-España, y dos jovenes emprendedores: Pau Garcia-Milá y Antonio Ruano.

Y digo parecía, porque desde el minuto uno quedó clara cuál iba a ser la línea de juego de los representantes políticos. A los 3 minutos de programa surgió el tema del desempleo juvenil (que roza peligrosamente el 50%, como sabréis) de manos del representante del PP, que acusa al actual gobierno de no ofrecer suficientes oportunidades. Intervención a la que el del PSOE responde rápidamente quitándole hierro al asunto, diciendo que es algo que viene arrastrándose de generaciones anteriores, y que tenemos una generación que es la mejor formada de nuestra historia (aquí que cada uno entienda por mejor formada lo que prefiera) en la que los jóvenes con estudios superiores sólo tienen una tasa de desempleo del 11%.

Es una estadística de perogrullo, de aquellas que de cara a la galería sirven para hacerse la foto pero que transmite poca chicha. Por seguir con ese ejemplo, como comenté ayer, también podríamos decir que el 0% de los jóvenes emigrantes españoles está en paro, obviando que, evidentemente, tuvieron que irse del país porque no encontraban empleo. Y siguiendo por ese camino entramos en un peligroso sendero que se convierte mágicamente en el reflejo fiel de nuestra clase política actual. En 59 segundos no vi a dos personas (una de izquierdas y otra de derechas) expresando sus puntos de vista sobre el asunto. Si no a PP y PSOE haciendo su campaña electoral en un plató en el que el resto de invitados parecían simplemente decoración adicional.

Al desempleo le siguió la charla sobre la vivienda, las hipotecas y los desahucios (todo esto aderezado con más "y tú más" entre los representantes de PPSOE) mientras el resto de ponentes ofrecían opiniones, a mi modo de ver, mucho más coherentes y sensatas. Pero, lo que parece que pocos llegaron a ver, es que, bastaron poco más de 20 minutos para desviar, inteligentemente, el tema de conversación a un mal mayor, la economía. Ese mal impersonificable contra el que todos pueden cargar porque nadie lo va a defender, y que sirve para dar a la clase política un balón de oxígeno más que necesario.

Es cierto que la economía tiene mucho que ver en la actual situación. Pero, no nos engañemos, para que esa economía se desarrollase en España, los políticos fueron los que tuvieron que poner el abono para generar esa situación.

Sin embargo, el resto del programa se fue por la borda en cuanto los ponentes se enzarzaron en aquella charla sobre economía que sólo entiende una parte reducida de la población mientras PP y PSOE seguían con sus mensajes electorales.



Es obligado ver el corto "Españistán" de Aleix Saló, que cuenta de una manera sencilla y clara cómo hemos llegado hasta aquí:

En definitiva, cuando la burbuja explotó y abrimos los ojos, descubrimos que, después de todo, nada ha cambiado, ni en lo político (todavía), ni en lo económico. En algún punto en estas últimas semanas, hemos dejado a un lado el "estos políticos no nos representan" por el "es culpa de la economía" y nosotros, como bobos, nos hemos dejado llevar, a intentar luchar contra gigantes invisibles, como Don Quijote con los molinos...

lunes, 4 de julio de 2011

Reinventando la rueda

Dejando a un lado los derroteros que parece estar tomando el movimiento del 15-M, y de los que ya he hablado en días pasados. Quiero centrarme en algo que vi en la asamblea de la Puerta del Sol ayer mismo, y que se centró, principalmente, en un enfrentamiento entre dos posturas que parecían irreconciliables.

Por un lado, los que consideran que la única opción válida es la de aprobar aquellas iniciativas que salgan sólo con un cien por cien de apoyo absoluto. Por otro lado, los que consideran que la opción válida debería ser aprobar la iniciativa en cuestión una vez supere los 4/5 de apoyo de la asamblea.

Ambas posturas tienen sus contras, obviamente. Por un lado, si se opta por el cien por cien, una sola persona puede tirar una propuesta que a la larga resultase útil por escasez de mira, falta de juicio, etc. Mientras que la opción de los 4/5 permite aprobar más iniciativas pero generando (posiblemente) un pequeño descontento dentro de la asamblea (aquellos que no han votado a favor).

Esta es, para mi, la primera señal de rebeldía en un movimiento que aunque sigue teniendo los buenos modos y la educacíon por bandera, no puede ocultar la división ocasional entre los que lo componemos. No en vano, ha habido quien se ha quejado amargamente al ver como sus iniciativas (y no me refiero sólo a individuos, si no a las propias comisiones) eran retrasadas o detenidas por falta de un consenso absoluto dentro de esas mismas asambleas.

Evidentemente, yo me decanto por la segunda opción (y 4/5 es, a mi modo de ver, demasiado alto, seguramente 2/3 sería más asequible) ya que la primera es demasiado rocosa como para poder pensar en alcanzar consensos en cualquier cosa que no sea un tema muy básico y en lo que todo el mundo esté de acuerdo.

El problema de fondo en todo esto, es que estamos reinventando algo que ya existe. Ese sistema llamado democracia que, en nuestro país funciona de aquellas maneras y que hemos puesto en un segundo plano para ir de frente a por la economía y gigantes más grandes (sin habernos encargado primero de los anteriores).

A fin de cuentas, una asamblea en la Puerta del Sol, aun con el 100% de aprobación, no es representativa del movimiento, ni mucho menos de toda la población española. Tampoco lo es el sistema democrático que tenemos ahora mismo. En el que unos pocos políticos pueden encararse con toda la sociedad y sacar adelante lo que luego es etiquetado por los medios como "medidas impopulares". ¿Cómo es posible que en una democracia se pueda aprobar "medidas impopulares"? Si la democracia es la voz del pueblo, sus políticos deberían ser el fiel reflejo del mismo. Cosa que no sucede aquí (ni en muchos otros sitios).

Al hilo de todas esas reflexiones en las que pensaba ayer, reparé en algo. No es la primera vez que oigo a los que no apoyan al movimiento compararlo, con mucha sorna, con el comunismo. Especialmente por el constante uso del "compañero/compañera" en las asambleas. Algo que no dista nada del manido "camarada" de épocas pasadas, y que plantea que, quizá en el fondo lo que necesitamos no es un cambio de sistema (desde luego no es lo que muchos pedimos, la democracia es una herramienta válida) si no reimaginarlo dejando atrás las grietas que nos hemos ido encontrando con el paso de los años.

Harina de otro costal, y para otro momento, es el tema de la "etiqueta" en sí del movimiento (forma de dirigirse a los demás, vocabulario, etc), pero ese será tema de otro día.