lunes, 23 de julio de 2012

En el país del sinvergüenza, el ladrón es rey

Desde nuestros banqueros hasta nuestros políticos, desde nuestros fruteros hasta nuestros autónomos. En todos los estamentos de la sociedad hay algún tipo de corrupción en funcionamiento. Y cuanto más se sube en calidad de vida o responsabilidad más común es que se esté ejecutando algún tipo de tropelía de dimensiones aun más importantes.

Desde las habituales facturas sin pagar/declarar de pequeñas empresas y negocios, hasta diputados que, teniendo residencia en Madrid, cobran 1.800€ mensuales para sufragar sus desplazamientos. Sin olvidarnos del constante robo y despilfarro de nuestros políticos. Los de derechas, muy dados ellos a utilizar la frase aquella de "el socialismo fracasa cuando se acaba el dinero de los demás" han sido el mayor ejemplo de su propio lema, dilapidando, a manos llenas, dinero en todo lo que les ha venido en gana. Desde estaciones de AVE en pueblos de 1.000 personas (Tardienta, Huesca), a aeropuertos en los que no ha aterrizado un sólo avión.

En la izquierda las cosas tampoco es que vayan mucho mejor. Más fragmentados que nunca, incapaces de presentar una oposición real y, más preocupante todavía, incapaces de defender al pueblo que dicen representar (¿cuántas veces ha llamado el PSOE a la huelga a los españoles?), se han convertido en dos cosas: o bailarines de esta danza del sacrificio español (desde el sector más grande), o en altavoces de unas ideas que no pueden llegar a nadie porque el control de los medios ya está funcionando a pleno rendimiento.

Y claro, vistas las cosas, es normal que al final las cuerdas del país las lleven los sinvergüenzas más absolutos del reino. Esos que no dudan en decir "que se jodan" a los parados, ni de vendernos que generan confianza más allá de nuestras fronteras; para pasar a decir (cuando el discurso ya no funciona) que es que aquí hay en marcha una gigantesca conspiración europea contra España.

Será que más allá de nuestras fronteras esto de la corruptela no está muy bien visto (miremos a los griegos, en una situación aun más terrible que la de España y en la que la corrupción ha campado, y campa, a sus anchas). Pero claro, somos así. Nos preocupa más hacer carnaza de las desgracias de otros (incluso de otros españoles) y de ganarmos 

Y así, poco a poco, termina siendo casi hasta natural que haya personas que se pregunten ¿y por qué no habré hecho yo lo mismo?. Mientras unos gritan Sálvese quien pueda, otros revisan nuestros bolsillos para asegurarse de que no quedan monedas que no encuentren un destino a un paraíso fiscal.

El españolito medio, mientras tanto, sigue en el sillón de su casa, más preocupado por celebrar (o criticar, según se tercie) los éxitos/fracasos de nuestros deportistas, y las idas y venidas del corazón; que de darse cuenta de que el Estado está siendo desmantelado por una élite que sólo se preocupa por sí misma.

Pero claro, ¿por qué iba a reaccionar el españolito medio de otra manera? A fin de cuentas, siempre ha habido períodos de vacas flacas. Esta vez, las vacas son aun más flacas que otras veces, pero siempre se sale adelante... ¿verdad?

Es un sistema perfecto. En el país del sinvergüenza, el ladrón es rey, y los que no se aprovechan del estado (ni se enfrentan a él), son la carnaza que les alimenta.

lunes, 16 de julio de 2012

La unión hace la fuerza

Primero fueron los profesores, luego médicos, enfermeros... después vinieron los mineros, ahora los funcionarios. Poco a poco, la indignación se va apoderando de los colectivos españoles, que (hasta ahora) siempre se habían mantenido aislados. Todavía sigue siendo el caso. Todavía seguimos viendo a los mineros por un lado, a los funcionarios por otro, a la marea verde por otro...

Pero poco a poco, se van apagando las voces discordantes, las que siempre oíamos criticando al colectivo de turno que se manifestaba. Con el tiempo, parece que va calando en la sociedad el mensaje de que no son unos pocos los que están jodidos. ¿A dónde nos llevará todo esto?, eso es difícil de saber, pero una cosa es cierta. Puede que esté germinando la semilla de una mayor cohesión social, algo que sólo puede ser positivo para la sociedad en sí.


Eso sí, que nadie espere un cambio radical de la noche a la mañana. No va a suceder. Seguramente, por lo menos durante las próximas semanas, o incluso meses, seguiremos viendo a todos estos colectivos librando sus propias guerras independientemente (en vez de comprender que la unión hace la fuerza).


Funcionarios se manifiestan frente al ayuntamiento. Fuente: @MasPublico


Es un cambio de mentalidad, indudablemente. Y ahora hay que conseguir encauzar toda esa voluntad por intentar conseguir que España deje de hundirse hacia aunar esfuerzos. Es la hora de dejar de mirar de reojo a otros colectivos, de buscar rencillas de antaño con las que criticar al prójimo (que sólo sirven para beneficiar a los de arriba). Es la hora de darse cuenta de que el poder, el auténtico poder, no reside en una cámara donde unos tipos trajeados aplauden los recortes más salvajes de la historia de este país.

El auténtico poder reside en el pueblo. El que inicia las revoluciones y consigue los cambios que siempre ha querido. Desde la revolución francesa hasta el fin del racismo, todo, absolutamente todo, vino de abajo. 

Así que, funcionarios, médicos, profesores, mineros, todos. Dejemos de ser cien voces diferentes para convertirnos en una sola. Y que llegue lo que tenga que llegar.

domingo, 15 de julio de 2012

El país del gratis total

En España se lleva el gratis total. Somos así. Capaces de justificar lo injustificable para no tener que mover un dedo y dejar nuestros sillones. En España, grandes figuras de la política moderna como Mubarak, o Gadafi, no sólo hubieran encontrado un terreno maravilloso que gobernar. Hasta hubieran encontrado el apoyo de los españoles que (del mismo modo que hoy defienden los recortes) justificarían las penurias de los demás alegando la herencia de vaya usted a saber qué.

Pero es que, nos guste o no, esto es España. Es imposible que exista una conciencia social cuando, durante años, la filosofía reinante ha sido la del "que se jodan" que tan perfectamente ilustró Andrea Fabra durante la sesión del pasado miércoles.
El mensaje que transpira de los recortes del Gobierno (para incentivar el trabajo), no podría ser más claro: Los españoles son unos vagos redomados, así que vamos a bajaros el paro para ver si así os levantáis y movéis el culo.

Y nosotros, como borregos, hemos agachado la cabeza y dicho, "Sí, maese". Tampoco es que hubiera mucha más alternativa. Aceptar trabajos indignos es algo que se nos da a las mil maravillas. Si lo rechazas, eres un vago, si te quejas del salario, que no te parece digno para poder vivir, un perroflauta, y así, suma y siuge.

España es la tierra soñada por los empresaurios. Esclavos sumisos incapaces de cualquier queja. ¿Que hay huelga? No pasa nada, ya ganan tan poco para empezar, que los españoles no pueden plantearse salir a las calles (los 5 millones de parados sí, pero ni ellos lo hacen, demasiado caló, supongo).

En otros países, la corrupción es perseguida y condenada. Aquí, salvo unos pocos indignados, lo cierto es que parece que gran parte de la sociedad aspira a ser algún día como los grandes corruptos que nos gobiernan. La cultura del pelotazo. La ley del mínimo esfuerzo por el máximo provecho. Y en lugar de ir a por los que rompen la ley, España, en una demostración de surrealismo, premia a los defraudadores (a los que escucha cuidadosamente para ver cuánto más hay que rebajar el dinero declarado para intentar convencerles de que es buena idea blanquearlo) y castiga, todavía más, a los pocos ciudadanos honestos que cometen la desfachatez de considerar cosas como pagar el IVA.

Andrea Fabra lo dijo claramente: que se jodan. Y los españoles respondieron no menos claramente: sin grandes alborotos.

Que nadie se lleve a engaño, tampoco serán nuestros hijos los que luchen por sus derechos. Porque la generación que venga después de ésta, tendrá un mensaje perfectamente regurgitado que transmitir: la culpa es de la herencia. Y se dedicarán a atacar a otras personas basándose en que la situación es culpa de los padres del prójimo (que viene a ser lo que hacemos nosotros) mientras los empresaurios y defraudadores de la siguiente generación seguirán haciendo su agosto.

La verdad, menudo chiringuito nos hemos montado en España...

viernes, 13 de julio de 2012

Y la ignominia se hizo arte

"¡Que se jodan!". Dicho así, apenas nos transmite nada. Y no porque la frase no sea una barbaridad, si no porque a los españoles se nos da tan bien atacar al prójimo, y la decimos tan a menudo, que al final pierde su significado.

Pero ayer, Andrea Fabra dijo estas tres palabras mágicas (utilizadas a menudo para desahogar frustración) después de que Rajoy anunciase los recortes a la prestación del paro... y España se encogió de hombros. No virtualmente. La Red arde con indignación  de salón por las declaraciones de esta mujer que desde luego no representa al pueblo, pero el resto de la sociedad, simplemente, se ha encogido de hombros, una vez más.

No es que espere que inundemos la fachada de Moncloa o el Parlamento de huevos (que tampoco estaría mal, ya lo hicieron los griegos con su parlamento), pero la sumisión que demostramos como sociedad ante el constante insulto público es vergonzosa. Ni por éstas hemos salido a la calle.


Se han especializado en reírse de nosotros. Insultos, aplausos, y desprecio de la sociedad española (esos caprichitos, por ejemplo). Han elevado la ignominia a un nuevo nivel. Y para pavor de un servidor, seguimos sin ser capaces de reaccionar en las calles.

A pesar de que hemos visto odio en los diputados del Partido Popular, seguimos sin abrir los ojos. Es absolutamente indignante entender que a pesar de lo que suceda, lo más seguro es que no salgamos a la calle. De hecho, ya se alzan voces en contra de la manifestación convocada para el próximo 19 de julio.

Y claro, bajo esa perspectiva, sinceramente, ¿qué podemos pretender salvo más humillaciones, insultos y ataques a la sociedad? Nada. Nada, porque somos tan sumamente sumisos que, mientras no pasemos hambre (pero de la de verdad, de la que sólo algunos españoles están sufriendo ya), seremos incapaces de reaccionar.

jueves, 12 de julio de 2012

Dignidad

Hoy tengo una palabra en la cabeza...
Dignidad: Esa palabra olvidada en casi toda la sociedad... Desde políticos (¿qué aplaudían ayer?) hasta medios de prensa, pasando por todos y cada uno de nosotros.

"El Partido Popular aplaude (y sonríe) ante los recortes más brutales de España"

La dignidad es algo que no se puede comprar, ni vender. Es algo que se tiene desde nuestro nacimiento, y que es responsabilidad propia conservarla hasta el día de nuestra muerte. En España, la dignidad siempre se ha visto reñida con la picaresca, y en las últimas décadas, con la desvergüenza más galopante.

Es difícil asimilar los recortes de ayer, pero es aun más difícil (y triste) ver a otras personas, igualmente afectadas por estas medidas, atacar al resto de la sociedad utilizando los mismos argumentos que sus pastores. La manida herencia es una buena manera de decir aquí mando yo. Tan sumamente elegante, que sirve para hacer comulgar con ruedas de molino a personas de la clase obrera que, de ninguna manera razonable, podrían estar de acuerdo con estas medidas tan brutales.

La dignidad es eso que nos dejamos en el camino, seguramente en algún momento del franquismo (cuando no quedaba otro remedio que perderla para conservar la vida, en según qué casos) y que todavía no hemos recuperado. Es eso que hace que, cuando la gente grita "¡a  la calle!" algunos se levanten y se unan. 

Pero por cada uno que se levanta, diez se quedan sentados, pensando en cómo conseguirán sobrevivir. Preguntándose si no deberían aceptar ese trabajo basura para poder seguir perpetuando en el poder a la Gran Ramera que es el estamento político que nos gobierna. Prefieren lanzar por la borda, de nuevo, la dignidad, sin transmitir más mensaje que el pesimismo a quienes les rodean.

Cuando se pierde la dignidad afloran los mediocres. España es el país, por excelencia, de los ataques ad hominem. El país por excelencia en el que el analfabeto es manipulado para atacar a otros y aplaudir sumisamente ante el látigo que chasquea antes de destrozar su espalda a base de recortes salvajes.

La dignidad es de lo poco que nos queda (la ilusión ya se ha perdido, casi por completo). Y un día después, es ese sentimiento el que tiene que impulsarnos a levantarnos, luchar contra las injusticias, y comenzar a llamar a las cosas por su nombre.

Lo de ayer no fue un recorte. Lo de ayer fue el comienzo de la Nueva España. La España sumisa en la que la clase obrera de derechas (un concepto absolutamente hilarante) corean a sus represores incapaces de comprender que, en realidad, ellos son los primeros sacrificados de nuestra sociedad.

Ante la represión y el analfabetismo: Dignidad, perseverancia, y sobretodo, dialéctica. Dejemos de demostrar a Europa que somos una panda de borregos.

miércoles, 11 de julio de 2012

Carta a Mariano Rajoy

Señor Rajoy,

Quiero aprovechar la oportunidad que me brinda este día para hacerle llegar mi reflexión. Entiendo que quizá las circunstancias no sean las más apropiadas; habiendo sido ésta una jornada dura.

Le creo, sinceramente, le creo, cuando dice que no es fácil para usted anunciar estas medidas al vulgo. Del mismo modo que estoy seguro de que, en su momento, tampoco fue fácil para Herodes ordenar la Matanza de los Inocentes.

Estoy seguro de que llegó al poder convencido de que podría cambiar el rumbo de este país cumpliendo su programa electoral (fácil por otra parte, teniendo en cuenta que no había prometido nada, y que no ha tenido grande inconveniente en desdecirse sobre aquello que en el año 2010 no veía con buenos ojos).

Por eso, en estos momentos de tremenda frustración social, señor Rajoy, me gustaría congratularle, a usted, y al resto de políticos que conforman el Partido Popular; así como a su inefable aliado, el señor Rubalcaba (lógico por otra parte, no se vaya a romper la baraja y dentro de cuatro años descubramos que el pueblo ha decidido acabar con el bipartidismo) que hoy, en un ejercicio de patriotismo insultante, ha optado por agachar la cabeza para constatar lo que muchos ya sabíamos, que PP y PSOE son lo mismo.

En estos seis meses, ha conseguido que más gente esté en el paro, que más familias estén en el umbral de la pobreza (si no se han metido ya de lleno en ellos), y que la sanidad y la educación pasen a ser parte de esos caprichitos que, simplemente, están por encima de nuestras posibilidades.

Y por ello, le felicito. Porque en este país ni sentimos ni padecemos. La sociedad reacciona igual ante dos millones de parados que ante cinco. Los cinco que están fastidiados piden ayuda desesperados, los restantes, les gritan, muy patrióticamente que se jodan. Panda de vagos, claramente.

Sabemos que esto lo está haciendo usted con la mejor de las intenciones. Ya lo dijo, clara (y muy sabiamente). Esto es culpa de la herencia. Y como en todo, aquí no pasa nada. De hecho, nunca ha pasado. Se puede, y se debe culpar a la herencia, porque es el equivalente al jefe que critica al anterior en una empresa. Es la excusa perfecta para hacer y deshacer a su antojo (y no lo olvidemos, es una fórmula que ustedes, en el PPSOE, han aprendido a las mil maravillas).

Le quiero congratular, asímismo, por su intervención en TVE. Empezaba a preocuparme la desaparición de esas grandes series como Ana y los Siete, y la información, cada vez más extraña, que comenzaban a aparecer en sus telediarios. A nosotros, a los españoles, no nos importan los mineros, ni la crisis. Queremos hablar de toros, de fútbol, y de lo mal que lo pasa la polícia que intenta calmar a unos hombres desesperados que sólo intentan luchar por su futuro.

De hecho, por esto último también le quiero felicitar, y le ruego, encarecidamente, que haga extensible esta felicitación a toda la familia política de PPSOE. En estas tres décadas de democracia, nunca he oído a uno de sus partidos hablar de unidad nacional, de un sentimiento patrio que nos ayude a identificarnos con nuestra nación para movernos hacia adelante en busca del bien común. Perdón, miento, sí lo han hecho... con el terrorismo... y nada más.

Por ello, señor Rajoy, permítame hacerle una recomendación. Ahora que, evidentemente, está en lo alto de la ola, váyase. No cometa el error de los que le precedieron en el cargo de presidir esta alegre familia que se reparte parabienes y aplauden mientras se anuncian medidas salvajes para el vulgo. Si se va ahora, será visto como un político decente. Probablemente, el único político decente de PPSOE. Y eso, no es moco de pavo.

Como no quiero pecar de mal español, y de no arrimar el hombro, se me ocurre que hay algo que no se está reclamando en pos del bien común. Ese bien común por el que le ha recortado el sueldo a los funcionarios, reducido la prestación del paro para fomentar la búsqueda de trabajo (entre amigos, hubiera sido mucho más fácil, y rápido, haber llamado vagos a todos esos chupópteros que son incapaces de aceptar trabajos por 350 euros brutos/mes, pero me estoy desviando del tema). Creo que la receta para poder seguir buscando cómo reorientar la economía española, señor Rajoy, reside ahora en el diezmo.

Y lo mejor de todo, no tendrá que preocuparse de que los españoles le digamos que nos mintió con él, porque en la Edad Media ni siquiera existía la prensa.

Sea sensato, señor Rajoy. Márchese y deje su nombre inscrito en letras doradas en la historia de este país. Y llévese con usted a todos los que forman esa familia feliz del PPSOE...


España, año 2032

Madrid ya no es lo que era. Entre los edificios ruinosos de la clase obrera (que hace años dejaron de ser sostenibles) se concentran personas que hipotecaron sus vidas hace muchos años. Todavía les vemos como víctimas, aunque algunos de ellos fueron culpables de su propia situación. Las calles se siguen llenado de miles de mendigos. Son personas normales, familias enteras, en ocasiones, que se han acostumbrado a tener que vivir de las sobras de los ricos. Su futuro es el de millones de españoles. Por aquí ya no viene ni la policía.

Esos españoles que se dejaron aplastar tranquilamente por la clase política y los bancos veinte años atrás. Esos españoles que, a gritos de "¡Yo soy español, español, español!" e insultos a los que les decían que quizá el futuro era mucho más negro de lo que creían, se dejaron llevar por la tradición de siempre. Esos españoles que decían "Tú primero" cuando alguien hacía ver que tarde o temprano era necesario reaccionar.

Pensábamos que la crisis iba a ser dura, pero que saldríamos adelante. Se nos hizo creer que con recortes y más desempleo, mágicamente, saldríamos adelante. En realidad sí, los bancos se recuperaron, y volvieron a dedicarse a lo que habían venido haciendo hasta aquel entonces. Los ricos se siguieron haciendo más ricos. Y para los demás, hambre y desesperación; culpados de haber vivido por encima de sus posibilidades, saqueados por una clase alta que nunca estuvo dispuesta a aceptar sus propios errores y a la que nunca pedimos responsabilidades.

¿Y para qué? En este país nunca se nos ha dado bien eso de la lucha obrera. Nunca hemos tenido una auténtica conciencia democrática. Y a vueltas entre el franquismo y la herencia del último partido en el Gobierno, nos fuimos hundiendo, más preocupados por asegurarnos de que los demás se hundieran con nosotros que de buscar una salida para todos.



El futuro ahora pinta aun más negro. Estas familias, estos nuevos mendigos (que lejos quedan aquellos años de los nuevos ricos) no tienen ninguna perspectiva de futuro ni para ellos ni para sus hijos. La atención sanitaria está fuera de su alcance (más allá de la prestada, caritativamente, por unos pocos), la educación es un lujo al que no pueden acceder.

En el año 2032 ya no se habla de nosotros. Hemos pasado a ser el objetivo de las grandes naciones, que ven en España un punto estratégico para controlar el Mediterráneo al que nunca antes hubieran podido meter mano.

En el año 2032, la sociedad sólo está compuesta por los ricos que siguen siendo más ricos, mientras los más desfavorecidos mueren de hambre cada día.


Y todo porque nunca fuimos capaces de salir a la calle sin levantar un dedo acusador que dijera "¿dónde estabáis vosotros cuando mi colectivo estaba jodido?". Todo porque nunca fuimos capaces de preocuparnos por nada más que por nosotros mismos. Porque ni después de los ataques más salvajes al proletariado, fuimos capaces de despertar.



Este es un país en venta. En unas décadas, la clase obrera habrá emigrado, o muerto en las calles. Será un nuevo comienzo. Un vergel para los nuevos jeques occidentales, dónde los más ricos seguirán siendo más ricos, y los más pobres seguirán siendo aun más exprimidos.

En el año 2032, España seguirá siendo España. Incapaces de hacer ninguna crítica colectiva, preferiremos consolarnos sabiendo que otros también pasan hambre y que no tienen acceso a la educación o la sanidad. Preferiremos consolarnos pensando que, quizá, la Selección vuelva a ganar otra vez. Preferiremos consolarnos pensando que no fue culpa nuestra, porque nadie hizo nada.

viernes, 6 de julio de 2012

El Homo españolis, una rareza de la Humanidad

Toros, putas, obras faraónicas, corrupción, amiguismo, enchufismo... El homo españolis es diferente a todos los demás. Un misterio indescifrable de la evolución. Fuera de las fronteras de su recinto ibérico nadie les entiende.

Se dice, en los rincones más oscuros de las ciudades europeas, que antaño estos seres humanos tuvieron cierto nivel de inteligencia, llegando a establecer, siglos atrás, un imperio que se extendía a lo largo del planeta. Hoy en día, sin embargo, parece haber desarrollado una sociedad incomprensible, que nada a contracorriente incluso para los más avezados investigadores. Desde una amnistía fiscal en la que, a este ritmo, pronto se dará un 10% del dinero declarado a los defraudadores (que además, asesores mediante, se han encargado de hacer llegar al Gobierno que así su dinero no lo van a conseguir) a pavonearse en diciembre de haber reducido la protección anti-incendios en un país que sufre, año sí y año también, de una sequía galopante en el 80% de su territorio.

El homo españolis no sólo es feliz en esta sociedad, si no que además se vanagloria y se ríe de los demás. Es capaz de alegrarse de los éxitos colectivos y de criticarlos por igual, con tal de no ver la realidad que ha sido convenientemente disfrazada por los homos españolis al mando de la sociedad.

Su gobierno, cada vez más cercano a la dictadura que a la democracia, es el primero de la historia de Europa que ha conseguido llegar al poder sin prometer absolutamente nada, y mintiendo a cada paso.

Y es que así es este particular grupo de seres humanos. Capaz de levantar el puño y corear a aquellos que no dudan en decir lo que piensan, y al mismo tiempo, tan sólo 30 segundos después, bajar la cabeza y decir "así nos va".


Es cierto que entre estos individuos se encuentran, convenientemente disfrazados, algunos ejemplares de Homo Sapiens; si bien éstos deben ser descartados como una mera anécdota no representativa de una sociedad atemporal, que, gracias a la burbuja convenientemente tejida por políticos y medios, podría vivir y encajar igual de bien en la Europa del siglo 12, que en la del siglo 35.

Es indescifrable hacia dónde se dirige esta sociedad, dada su particular naturaleza. Si bien la situación económica y social de su país es muy similar (alarmantemente similar, de hecho) a la de Grecia, su sociedad parece contentarse con tumbarse a tomar el sol en sus playas mientras dicen "tú primero" al ser preguntados sobre qué piensan hacer para intentar corregir un rumbo cada vez más torcido.

Por ello, y con el ánimo de preservar a tan especial grupo de seres humanos, en pos de la evolución, propongo que nombremos el territorio de España como Reserva Natural del Homo Españolis. Ya que no pudimos salvar al Dodo, salvemos a nuestros congéneres de una posible extinción (y contaminación del homo sapiens) de llegar a relacionarse más allá de sus fronteras.

martes, 3 de julio de 2012

Cuando el mundo dejó de girar

Llegó el domingo, y la selección española se proclamó campeona de Europa por segunda vez consecutiva... Y quizá, auspiciados por la llegada del mes de julio, el mundo se paró. A pesar de un rescate de 100.000 millones, a pesar de un incendio devastador en Valencia, a pesar de tener un presidente que parece más interesado en presenciar eventos deportivos que en ejercer la labor para la que fue elegida democráticamente...

La reflexión es devastadora. Estamos más preocupados por lo que aparentamos que por lo que somos. ¿Que el país arde? Es normal, es verano, y en esta tierra hace calor. Así que como todo lleva años quemándose, por qué vamos a preocuparnos ahora. ¿Que tenemos deudas? Siempre ha habido momentos más duros, así que, ¿por qué alarmarse ahora?. ¿Que el presidente se va a ver el fútbol? Es normal, por fin tenemos una selección competente.

Y así suma y sigue... España se proclama campeona de Europa y todo el mundo es feliz. Llega el verano y nos preocupa más la playa... mientras RTVE es desmantelada y puesta de nuevo al servicio del Gobierno y en detrimento del Estado.

Los logros (sociales) que vinieron de la mano de la burbuja inmobiliaria se están desvaneciendo al mismo ritmo que lo hace aquel velo de pomposidad que cubría a la sociedad durante el gran 'boom' económico. Y detrás de ese velo, lejos de encontrar un ánimo de tirar hacia adelante y cambiar las cosas, lo único que queda es un poso de fiesta y despreocupación que hace imposible preguntarse si realmente lo que está sufriendo un país como Grecia no es tan lejano, o si es que realmente nos trae todo sin cuidado, y, como la ministra, esperamos que la Virgen del Rocío nos saque de nuestras penurias.

Al final, evidentemente, tenemos lo que merecemos. La pregunta es, ¿hasta cuándo? Probablemente, y viendo en qué punto está nuestra sociedad, en el siglo XXII, cuando el mundo esté en el siglo XXII, nuestra sociedad entrará en la que fue la sociedad del siglo XXI...

Mientras tanto, yo seguiré esperando encontrar a esos que, como yo, queremos que de nuestro país se sepa algo más que las tres palabras mágicas: Toros, siesta y fútbol.

lunes, 25 de junio de 2012

Cuando la desesperación nos puede

Estamos desesperados. En todos los niveles, desde los políticos (unos preocupados porque no nos demos cuenta de todo lo que han robado, otros por tapar el esperpento), hasta las familias más humildes (cada vez oigo más historias de familias que deberían estar bien asentadas planteándose, muy seriamente, dejar España para poder buscar la estabilidad en otros lugares.

No es una mala solución, visto lo visto. En un entorno que es cada vez más hostil hacia la clase obrera y en un sistema financiero que poco a poco se encierra cada vez más en la élite (aquí ya sólo quiebran los de abajo, a los de arriba se les recapitaliza; a costa de los de abajo, para más ironía). Pero si escuchamos a los entendidos, aquellos partidarios de que este es un signo de debilidad del actual modelo económico, la solución no sería emigrar, ya que sólo estaríamos retrasando lo inevitable.

La solución pasa por cada uno de nosotros, desde el nivel más básico de la sociedad. La solución pasa por ayudarse mutuamente. Dejar de mirar con desprecio al que cobra (o al que está parado, según la situación del observador) y pasar a extender los puentes que nuestra sociedad debía haber extendido décadas atrás.

La solución pasa por participar más en la vida política española, lejos de idealismos preformados y de patrones basados en el desconocimiento (no apoyes al PP o al PSOE simplemente porque eso sea lo que has oído a lo largo de tu vida; hazlo, si quieres, pero con tus propios fundamentos, sin ser loro de las ideas de otros, que nunca podrán ser al 100% las tuyas).

La solución pasa por ser creativo. Es posible reactivar la economía, sí, y el empleo. Es posible que haya emprendedores ahí fuera que ni siquiera saben que lo son porque siempre se les ha dicho que eso no es lo suyo.

La solución pasa por dejar de pegarnos patadas entre nosotros (la clase baja) para dársela a los de arriba. Como hicieron en Islandia (dónde encarcelaron a los responsables de su crisis), rehaciendo la sociedad para ayudar a la sociedad... Para convertirse en la envidia de esa Europa que quiere ser como el pequeño país nórdico y no puede porque está atada por el neoliberalismo.

Un cambio así es posible, porque el pueblo (somos el 99%, recordad) es el que tiene su destino en sus manos. Pero para eso, quizá haya que seguir durmiendo, esperando a que la desesperación termine de empujarnos al precipio...

¿O no?

viernes, 22 de junio de 2012

Carta abierta a la sociedad española

Estimados españoles,
Me dirijo a vosotros, siendo consciente de que no soy más que otra voz en una multitud exasperantemente silenciosa, pero no puedo evitar preguntarme si realmente existe algo a lo que denominar sociedad española ahí fuera.

Hemos pasado por una guerra civil, una dictadura, una transición democrática... y, por si no fuera suficiente, aderezado con terrorismo y violencia callejera. Uno pensaría, fundadamente (digo yo) que tanta violencia y represión haría que la sociedad fuese especialmente sensible ante las injusticias y la realidad decadente que nos rodea. Basta escuchar a nuestros mayores hablar de las penurias por las que tuvieron que pasar para poder alimentarse en la post-guerra, o a nuestros padres para entender las tropelías que tuvieron que soportar durante la dictadura franquista, para darse cuenta de que el pueblo español (al igual que muchísimos otros) ha pasado por etapas realmente pavorosas.

Y sin embargo, al levantar la cabeza hacia mi alrededor, me encuentro con una sociedad con la que me es cada día más difícil identificarme. En 2006, tuve la fortuna (o no, según se mire) de comenzar a trabajar en Alemania, durante un año y medio (por cierto, la señora Merkel ya era canciller de los teutones en aquella época). Una de las cosas que mejor recuerdo fue el tratamiento que los germanos dan a la época más oscura de su país, el nazismo. Hacen constantemente parodias de Adolf Hitler y de aquella época. Reconozco que al principio pensé que era una reacción extraña, hasta que me hicieron entender que una de las mejores formas de superar algo tan terrible, es precisamente por medio del humor.

Esta fue una de las canciones que salió en aquella época, ridiculizando al Führer, y que fue bastante popular durante el verano alemán. También hubo una película (de las muchas que se hacen constantemente) en el cine, pero no recuerdo el título (a pesar de que fui a verla instado por mis compañeros de trabajo). También la podéis escuchar en inglés.


Allí fue cuando comencé a darme cuenta de lo diferente que es España al resto de países que nos rodean. Mis compañeros daban por hecho que en España también debíamos satirizar a Franco. ¿Alguien puede decirme cuantas parodias sobre la dictadura hemos hecho en nuestro país desde el año 2000?...

Quizá no somos una sociedad tan madura como queremos creer, si, casi cuarenta años después, aun seguimos sin poder hablar de nuestro dictador como lo que fue (incluso hay quien todavía se niega a llamarlo tal).

Después podríamos hablar también de la inmigración. Esa "lacra" que nos quita puestos de trabajo en 2012, pero que en 2006 era el auténtico motor de la economía española (nadie quería trabajar en el campo, salvo ellos, y encima por cuatro duros) y también símbolo de la opulencia que creíamos tener (¿quién no tenía, estando hipotecado hasta las cejas, a una criada sudamericana en la casa?). Mientras en España nos adaptamos según sopla el viento, en Francia, por ejemplo, la población de color en la periferia norte de París es tan mayoritaria que uno no sabría decir si se encuentra en Europa o en Ciudad del Cabo. Lo más sorprendente, es que allí son de barrenderos a ejecutivos, están perfectamente integrados en la sociedad, y nadie mira a una persona de color con extrañeza (hoy en día pasa menos en nuestro país, todo hay que decirlo). En el momento en el que la modernidad (es decir, cuando explotó la burbuja) ya no nos interesaba, comenzamos a lanzar piedras contra los inmigrantes... Ésa es España.

Tampoco me gustaría olvidarme del trabajo. Ni de los mileuristas. En plena burbuja inmobiliaria, mirábamos con lástima a las personas que ganaban 900 euros. Y les preguntábamos, ¿pero podéis vivir con eso?. Hoy, a esas mismas personas que siguen ganando 900 euros, les envidiamos y odiamos por vivir por encima de nuestras ayudas. Y sin embargo, los culpables fuimos nosotros. Todos. Desde los bancos que nos robaron, hasta los descerebrados que creyeron asumible una hipoteca a 50 años pagando 2000€ mensuales. Fuimos tan cretinos y tan ladrones como aquellos a los que, años después, acusamos de habernos engañado... (hay excepciones, pero todos nos entendemos en este punto).

Las huelgas y manifestaciones son algo muy serio en Francia. Recuerdo la primera huelga de transporte de la que fui testigo en el país galo, en 2007. Pensé, ingenuo de mí, que la cosa no sería muy preocupante y que no se notaría mucho... Nada más lejos de la verdad, la huelga se extendió durante casi una semana y paralizó grandes regiones del país.

Los españoles, por contra, cuando llega una huelga, optamos, básicamente por tres vías:

  1. ¿Huelga? Llámelo ¡DÍA DE DESCANSO!
  2. Los sindicatos son unos oportunistas, que les den, yo no voy.
  3. Mi trabajo es más importante que vuestra penuria, que os den.
Y pensar en una huelga que dure dos días (ya no una semana) provocaría una carcajada tan gigantesca que se nos escucharía hasta en Alfa Centauri. Así somos los españoles, esa sociedad competitiva a la cabeza de Europa... (esto es ironía).

Ah, los políticos, no se me puede olvidar nuestra clase predilecta. Esa que nos retrata a la perfección. Caraduras, despreocupados, y conscientes de que lo que hagan hoy, será olvidado mañana. Es la descripción perfecta de un inmenso grueso de nuestra sociedad. ¿Que los mineros se manifiestan? ¡Que se jodan! ¡Ellos no hicieron nada cuando yo lo pasé mal! Y a base de rencores y envidias (algo en lo que somos campeones del mundo permanentemente) nos destruimos mutuamente. Ríanse ustedes de la unión proletaria, aquí nos la pasamos por el arco del triunfo diariamente con tal de poder poner el pie por encima de la cabeza del prójimo.

Eso sin hablar de la "conciencia política" de este país. Que, si bien empieza a tomar forma entre los más jóvenes (como demuestran los últimos sondeos de las elecciones más recientes), sigue siendo en realidad fanátismo político. Obreros que son de derechas y defienden a ultranza al partido que no les defiende son uno de los grandes buques insignia de nuestra sociedad.

Y todo esto aderezado con el desprecio a los demás. ¿Que surge un movimiento llamado 15M que pide una democracia real...? Ya aparecerá alguien (seguro que recuerdan quién) para decir que se trata de un "poblado chabolista". ¡Por pedir una democracia de verdad! Es decir, por pedir algo para el bien de toda la sociedad española. Y así, suma y sigue hasta el infinito. ¿Que alguien propone una idea y yo no soy el centro de atención? ¡A por él!

Llegados a este punto, me doy cuenta de que en realidad, no me estoy dirigiendo a una sociedad. Somos una nación, sí, todos españoles, también. Pero del trabajo en grupo, del bien común, y de mirar hacia adelante en beneficio de todos no queremos oír ni hablar. Es más fácil (y divertido, al parecer) destruir y ralentizar a todo el mundo para que nadie pueda estar menos jodido que nosotros.

¿Por qué se ofrecen trabajos por 400€ brutos/mes? Porque si no lo aceptas eres un vago. Nada de sueldos dignos, nada de luchar por los derechos de los de abajo. Que va, es mejor coger los dardos y atacar a los demás... Y bajo ese concepto se escuchan salvajadas como "es mejor un esclavo en el trabajo que un señor en el paro". La consecución máxima de la destrucción del valor de uno mismo.

Me preocupa la crisis, me preocupa la realidad que nos rodea, pero por encima de todo, me preocupa que desde hace muchos años, el concepto de sociedad le fue arrebatado a los españoles, y nosotros, voluntariamente, hemos estado aplaudiendo con las orejas desde aquel entonces...

Sociedad española, si estás ahí, hazte oír, porque yo, no te encuentro.

jueves, 21 de junio de 2012

Cuando sentarse y levantar las manos no es suficiente

Seamos francos, esta idílica idea de que sentarse en una plaza y levantar las manos va a cambiar el mundo no funciona. Es lógico, por otra parte, porque es algo que no molesta a nadie. Es más, queda hasta simpático y dista mucho de ser algo que preocupe a nadie.

Tampoco estoy diciendo que haya que recurrir a la violencia y, ni mucho menos, al extremo de los lanzamisiles caseros que han utilizado algunos mineros en las pasadas jornadas. Pero la realidad, es que para conseguir resultados hay que presionar.

Si dejamos a un lado la violencia, ¿qué nos queda? Pues una escala de grises en las que es posible moverse hacia el gris oscuro casi negro sin llegar a la violencia. El pacifismo absoluto, aunque simpático, no conduce a nada realmente productivo.

Es necesario ejercer presión social de una manera contundente. Me sorprende que a estas alturas, las manifestaciones sigan siendo algo esporádico y más bien anecdótico, cuando sirven como receta para desestabilizar a los mercados por medio de la inseguridad. Sí, señores, necesitamos salir más a la calle, necesitamos hacer huelga, y necesitamos, sobretodo, echarle valor a esta situación.

La clave para comenzar a conseguir resultados es desestabilizar el mundo que nos rodea. Nosotros mismos somos los primeros que podemos disparar nuestra prima de riesgo. ¡Estás loco!, diréis algunos, pero lo cierto es que esa desconfianza es la manera más efectiva de presionar al Gobierno hasta expulsarlo del poder.

Existe un dicho popular, que viene a decir que lo importante es que hablen de ti, para bien o para mal, pero que hablen. Bueno, pues en nuestro caso, los españoles somos extraordinariamente brillantes en conseguir que no hablen de nosotros (de nuestra prima de riesgo sí, pero de nuestra sociedad, ni pío). Hay que dar que hablar. Hay que comenzar a dejar de mirarnos el ombligo para comenzar a hablar con quien nos rodea y a proponer y actuar en vez de discutir.

Voy a tomar el caso de #resistenciaminera como el ejemplo más reciente. Si bien ha habido casos de violencia y de medidas muy discutibles en el colectivo (que han ocasionado hasta accidentes), algo que es encomiable e innegable, es la persistencia de estos hombres y mujeres por hacerse oír. Comenzaron en el norte de España, y ante la falta de resultados, están dispuestos a trasladar sus protestas hasta Madrid a través de la llamada "Marcha Negra". El resto de la sociedad, para sorpresa mayúscula nuestra, les mira o bien con indiferencia, o bien argumentando "¿Dónde estaban ellos cuando yo estaba jodido?", convirtiéndose en cómplices de aquello de lo que dicen renegar.

Es la hora de dejar de sentarse y de levantar las manos, para ponernos en pie, dejar de comportarnos como críos señalando con el dedo acusador y de mirar para el futuro.

Eso, claro, siempre que de verdad queramos un futuro diferente a este para nuestros hijos y para los que nos rodean. Si no, podemos seguir dando palmas en la plaza y cantando Libertad, que eso por lo menos nos hace salir en la tele (esto es ironía, por si no ha quedado claro).

lunes, 18 de junio de 2012

Analizando un 15-M difuminado

Esta viene a ser la crónica de uno de esos fugaces romances de verano que calan hondo durante esas fechas, pero después es rápidamente olvidado. En este caso, el romance ha sido de algo más de un año y nos ha dejado un mensaje de fondo de lo más interesante.

Sin embargo, echando la vista atrás, es fácil percibir en la sociedad que el 15-M se ha ido difuminando poco a poco. De él (o gracias a él) nos han quedado movimientos ciudadanos reforzados (como la PAH, que ya existía antes del movimiento) o iniciativas que capturaban acertadamente (a mi entender) el espíritu original del movimiento y que han sabido reorientarse en pos de un objetivo tangible para la sociedad, como 15MpaRato. Son estas iniciativas (por sólo mencionar algunas) las que realmente han sabido captar la atención de una sociedad en la que el movimiento como sí se va difuminando con cada día que pasa.

Imagen de la iniciativa 15MpaRato


Es una suerte de semilla primigenia (algo que ya algunos valientes aventuraban en el verano del año pasado) que se ha ido transformando en un cúmulo de iniciativas cuyos objetivos son de percepción mucho más comprensible para el grueso de la sociedad, y por tanto, propensos a recibir mucho más apoyo de la misma (como bien demuestra el hecho de que 15MpaRato consiguiese reunir el dinero necesario en menos de 24 horas a través de la plataforma de crowdfunding goteo.org, o la PAH en convocatorias para detener desahucios con una respuesta simplemente admirable).

Si preguntásemos a la sociedad, pocos sabrían decir qué es a día de hoy el 15M. Alguno seguirá nombrando a Democracia Real Ya (no confundir con la asociación del mismo nombre, que ha pretendido instrumentalizar el nombre de la anterior para hacerse con un protagonismo que, si bien puede ser necesario, peca en fondo, forma y maneras en exceso como para considerarse legítimo), quizá a Toma La Plaza... y poco más. Desde luego, para los que hemos seguido el movimiento hay mucho más (Asambleas, Agora Sol Radio, N-1...) pero a un nivel más underground. En este campo, es digno de mención la encomiable labor de 15M.cc en su trabajo por documentar las opiniones y lo sucedido en el movimiento desde un punto de vista objetivo, así como servir de paraguas para otras iniciativas no menos interesantes, y la ya famosa 15Mpedia.

Logo de la 15Mpedia

En definitiva, el movimiento en sí es difícil que vuelva a ser lo que fue en mayo de 2011, por motivos ya amplíamente explicados en este blog y que no necesitan ser repetidos hasta la saciedad. Ha servido para auspiciar, sin embargo, no un cambio de percepción en la sociedad (ese espíritu siempre estuvo ahí, pero muchos creíamos estar solos en esa línea de pensamiento) si no de implicación contra esas situaciones que nos indignan.

Si algo podemos sacar en claro del movimiento, es que las propuestas con objetivos claros y tangibles (como los aquí mencionados) tienen una mejor percepción y aceptación para la sociedad (son mucho más sencillos de asimilar que un utópico y abstracto "vamos a reformar el mundo"), y haríamos bien en centrar nuestros esfuerzos en esa dirección.

Ya lo dijo Machado, Caminante no hay camino, se hace camino al andar, y de eso se trata, de hacer ese camino paso a paso. ¿El resultado final? El tiempo lo dirá. Sin pretensión de ser grandilocuentes (que fue, probablemente, uno de los primeros fallos para que el 15-M comenzará a difuminarse dentro de la percepción de la sociedad española).

La democracia de los cobardes

El perfil del votante de derechas en nuestro país es, por lo general, el siguiente: católico, de escasa (o nula) formación educativa y caracterizado por una capacidad de despreciar a los demás inusitada.
El perfil del votante de izquierdas (entendemos por izquierdas PSOE en este caso, aunque la política sea bastante más complicada que PPSOE...) no dista mucho del anterior, de nuevo, de escasa formación educativa, no necesariamente católico, y también caracterizado por una capacidad de despreciar a los demás (los de derechas) inusitada. Si miramos más allá de estos partidos, descubrimos que tanto IU como UPyD acumulan votos de votantes con un mayor nivel educativo. (A partir de aquí cada cual que saque sus propias conclusiones al respecto).

Debo reconocer que he leído con bastante agrado esta entrevista a Julio Anguita, que para muchos autoproclamados "demócratas" es un "¡COMUNISTA!" y por tanto no merece ser escuchado. Y aunque me esperaba la reacción de cierta parte de la Twittersfera, no puedo negar que esta es la realidad que asola España. 

Ésta es la democracia de los cobardes. La democracia que insulta a quien proponga ideas que nunca antes han sido escuchadas, incluso si es para defender al pueblo. La democracia que vilipendia el honor de las personas (incluso de los propios votantes) para beneficio de unos pocos. 

La democracia que ha logrado que el pueblo español se dé de tortas mutuamente mientras proclaman un amor ciego, vísceral, y casi sectario, a unas iniciales de un partido político (sea el que sea) sin lograr mirar más allá de la realidad que ha sido convenientemente puesta ante sus ojos para realzar los valores que interesen al partido de turno.

Es como Matrix, pero a lo real, y con el agravante de que los españoles aceptamos esta realidad tan ricamente, como corderitos que van al matadero.

En España hace falta un cambio profundo, sí, pero ya no sólo de la democracia, si no de la sociedad (que en un gran porcentaje, peca de ignorancia política a gran escala) y de la moral. La moral que hace que gritemos "¡qué hijos de puta son los que nos gobiernan!" al tiempo que añadimos "¡pero son nuestros hijos de puta! ¡No los vuestros".

Y así, paso a paso, vamos dando lugar a salvajadas como la Ley Sinde o a estar en la lista de países que Google considera censores (junto a potencias occidentales como China, Etiopía, Myanmar...). 

Y lo más grave, a salvajadas como estar dispuestos a seguir revolcándonos en el barro con tal de que los demás no puedan colgarse una medalla.

Esta es la España que realmente tiene que ser intervenida. La de la estupidez supina.

jueves, 7 de junio de 2012

Los programas electorales de los franceses


Han llegado a mis manos los programas electorales (con motivo de las elecciones legislativas en Francia) de los candidatos del Partido Socialista Francés y el Partido Radical de Izquierda (es decir, izquierda y ultraizquierda) y el de los candidatos de la UMP y El Nuevo Centro (centro y derecha) para la alcaldía de Versalles (que ostentan actualmente, si no estoy equivocado, la alcaldía de dicho municipio).

El formato es diferente en cada caso simplemente por la disparidad de la presentación de ambos programas electorales. Mis disculpas por ello.

Vayamos por partes. La candidatura de izquierdas propone:
Educación / Juventud
Hacer de la juventud la gran prioridad de la próxima legislatura. (...)


Justicia social
Restablecer la justicia, y la justicia social (jubilación a los 60 años, igualdad salarial entre hombres y mujeres (...)) así como la justicia fiscal y territorial.


Desarrollar nuestros territorios
(..) Con una verdadera estrategia industrial: banco público de inversión, libreta de ahorro para industria (?), inversión en la investigación, formación de los asalariados. (...)


Europa
Reorientar Europa para ponerla al servicio del crecimiento (...)


Ejemplaridad del Estado
Moralizar la vida pública y hacer al estado imparcial (...) lucha contra los conflictos de interés y la corrupción, la independencia de la justicia y de los medios. 


Equilibrar las finanzas públicas para recuperar la soberanía frente a los mercados, con el compromiso de alcanzar el equilibrio de cuenta al final de la legislatura en 2017 (recordemos que las legislaturas en Francia son de 5 años).



Por su parte, el centro/derecha propone lo siguiente:
Reducción del déficit público
y de la presión fiscal.


Partidarios de una ley que vaya a lo esencial
y evite la multiplicación de normas. Defender la libertad de emprender, especialmente de PYMES y pequeños comercios que deben ser objeto de todas nuestras atenciones.


Defender la política familiar en todas sus dimensiones
reforzando las ayudas aportadas a las familias (jardines de infancia, ayudas a adultos con minusvalías). (Cabe mencionar aquí, que defienden la familia que se basa en la unión entre hombre y mujer, algo que viniendo de la derecha, no es sorprendente, por otro lado).

Consideramos una obligación moral la solidaridad hacia los más necesitados entre nosotros
Ancianos, enfermos o minusválidos. En contra de la eutanasia y a favor de tratamientos paliativos.


Promover una acción social concreta y eficaz para luchar contra el desempleo
La búsqueda de soluciones pasa por un dispositivo de reinserción y formación. Nuestros esfuerzos se concentrarán en la inserción de los jóvenes en la vida profesional.


La educación y la cultura son esenciales
para el éxito de la integración profesional y social de todos. (...)


Estamos unidos a Europa
(...) permitir una mejor coordinación de los intercambios económicos y flujos migratorios.


Promover el desarrollo económico y el empleo
Por medio de los bienes del territorio (...) 


Dar a la juventud los medios para labrar su futuro
defendiendo nuestra enseñanza pública  y privada y valorizando nuestras formaciones de enseñanza superior (...)


Mejorar los transportes existentes por una modernización de la red actual
(..) asegurar la fiabilidad de las instalaciones y la puntualidad del transporte público (...)


Desarrollar la oferta de viviendas
para permitir a todos, jóvenes, familias, hogares de ingresos reducidos, acceder a una vivienda. (...)


Asegurar la calidad de vida en nuestras localidades
(...)


Juzgad vosotros mismos, pero personalmente, si no me hubieran dicho de antemano quién había propuesto cada una de estas cosas, muy pocas, siguiendo a lo que estamos acostumbrados en España, hubieran terminado de manera clara en la derecha.

Fuentes: De Maziéres y This SaintJean

miércoles, 6 de junio de 2012

¿Seguimos dormidos?

Al hilo de lo sucedido hoy (para los que estéis viviendo debajo de una roca, desde el 15M se ha conseguido recaudar 19.000€ mediante aportaciones de la sociedad para iniciar una querella contra Rodrigo Rato), quería ahondar en algo que, aunque todos sabemos que esta ahí, no solemos comentar. Y es la realidad de las dos Españas.

Ya no hablo sólo de la evidente división entre la izquierda y la derecha (que es preocupante en cuanto a la sociedad en sí se refiere, no en lo relativo al debate político, que es siempre necesario y útil), si no de una diferencia mucho más profunda y preocupante.

España vive en un estado de enfrentamiento constante. Nacionalistas contra los no nacionalistas, la izquierda contra la derecha. Los sindicatos contra los políticos. Los bancos contra la sociedad. Los empresarios contra los trabajadores. Los catalanes contra los madrileños... y así podría seguir hasta el fin del mundo, sinceramente.

Pero, dejando al lado esta evidente fractura social que nadie se está molestando en reparar, la dolorosa realidad es que, probablemente fruto de todos estos conflictos, seguimos siendo una sociedad mayoritariamente dormida. La secuencia de recortes en Sanidad y Educación seguido del rescate de Bankia hubiera puesto en pie de guerra a la gran mayoría de países europeos (valga el ejemplo de Grecia y sus múltiples manifestaciones durante 2011 como consecuencia de los salvajes recortes que la troika impuso al país heleno).

Y así, llegamos al meollo del asunto, la sociedad sigue mayoritariamente dormida, y fruto de este constante conflicto social, nos encontramos con casos surrealistas como el de oposición al intento de llevar a Rodrigo Rato ante la justicia bajo el pretexto de que "no se ha hecho con los anteriores". Cuando terminamos dando carta blanca a los que nos roban para seguir haciéndolo bajo el pretexto de que otros, antes, no hicieron algo por detener a los que robaron en su momento, estamos poniendo la alfombra roja para que España siga repartiendo esperpento allá por donde sale a relucir su imagen.

Lo mismo se aplica ante la huelga general, animando a la gente a no participar bajo el pretexto de que los sindicatos en el pasado no nos han protegido. Bajo este mantra, es evidente que la dirección del barco seguirá siendo la misma.

Quizá el gran primer paso que necesitamos no es ya sólo desarrollar una mayor conciencia política y democrática, si no comenzar por curar una fragmentación social que es, en muchos aspectos, única en Europa.

Obreros dando de palos a otros obreros que se quejan de que a todos nos están robando. Fuera de nuestras fronteras, sería un número perfecto y memorable de los Monthy Python. Aquí, la cruda realidad de cada día.

lunes, 4 de junio de 2012

20 pasos para reconstruir España

Dado que (no sin razón) en ocasiones se me ha dicho que soy muy dado a criticar pero no tanto a proponer soluciones, he pensado que quizá sería buena idea compartir con vosotros mi idea sobre algunos de los pasos que España, como país y como sociedad, debería dar para salir del agujero en el que nos hemos metido tras la burbuja inmobiliaria y mirar hacia el futuro con una perspectiva más positiva.

Evidentemente, quién sabe si en realidad esto no sería la receta para un desastre perfecto... (los siguientes puntos no están organizados de ninguna manera especial):

Política/Sociedad:
-Eliminar el Sistema D'Hondt, y dar voz durante las elecciones a todos los partidos (desde la ultraizquierda a la ultraderecha) siempre y cuando no incumplan algún aspecto de la ley o hagan apología del terrorismo, nazismo, etc...
-Listas abiertas en todos los partidos.
-Separación real de la justicia y la política
-Actualización de la Constitución Española a la realidad de la España del siglo XXI. La Transición terminó hace décadas.
-Referéndum sobre la República y la Monarquía, desde un punto de vista objetivo por ambas partes y sin sentimentalismos absurdos.
-Declaración de España como un estado laico y aconfesional, desligado de la Iglesia Católica
-Limitación de sueldos a los cargos políticos
-Reducción de la cantidad de políticos en el territorio nacional de un 50%.


Trabajo/Vivienda:
-Aumentar la inversión en I+D+i, educación y sanidad. Mover el modelo económico de España del ladrillo a la ciencia y al conocimiento. 
-Eliminación de la reforma laboral con efecto inmediato.
-Aumentar el salario mínimo a 1.200€/mes
-Programa educativo para reorientar a todas las personas que tras la crisis de la construcción no podrán volver a trabajar en ese sector
-Alquiler de viviendas a un máximo del 30% de lo ganado por el alquilado (como sucede en Francia, aunque no siempre se aplique...)
-Dación en pago (de otro modo estaremos condenando a miles de familias a la pobreza extrema el resto de sus vidas).
-Abaratamiento del precio de la vivienda. 

Economía:
-Eliminación de los recortes a Educación y Sanidad.
-Limitación de los salarios de altos directivos de las empresas nacionales/multinacionales que hayan ejecutado un ERE en los últimos 5 años.
-Inhabilitación de los directores/altos cargos bancarios cuyas entidades hayan necesitado fondos públicos para ser rescatados
-Ayudas a PYMES, emprendedores y autónomos para fomentar la creación de empleo.
-Dejar caer a los bancos (del mismo modo que quiebran las empresas) para evitar ralentizar el crecimiento de la economía en otras áreas. 

viernes, 25 de mayo de 2012

¿En qué ha fallado el 15M?

Para asegurarme de que no me dejaba llevar por la impresión inicial, he preferido (deliberadamente) esperar varios días antes de escribir este artículo, al que ya comencé a darle vueltas el pasado 12 de mayo.

Como siempre, esta es únicamente mi opinión, y no represento a nadie más que a mí mismo.

Dicho lo cual, es hora de meternos en materia, seamos brutalmente sinceros, el aniversario del 15M, aunque extremadamente emotivo, ha resultado ser una decepción tremenda. Es cierto que el movimiento está muy vivo y estamos haciendo y participando en todo tipo de iniciativas, pero se ha perdido el contacto con el resto de la sociedad y en este año se han tomado decisiones cuando menos, cuestionables.

O lo que es lo mismo, nos hemos convertido, a ojos de los demás, en un movimiento minoritario, casi sectario en ocasiones y casos. El espíritu festivo del 12M era previsible, desde luego, pero ha faltado un enorme espíritu de crítica social colectiva, un espíritu de mejorar las cosas. Era lamentable ver cómo, por encima de todo reinaba un ambiente festivo (con fanfarria incluida) y las ganas de fiesta más que las de manifestarse en contra de todo lo que hace que, teóricamente, estemos indignados.

No se trataba únicamente de celebrar lo que sucedió hace un año, era imperativo renovar los principios del movimiento y no dejar ningún tipo de lugar a dudas de que estamos aquí para quedarnos y para impulsar un cambio que, tarde o temprano, terminará sucediendo, con o sin nosotros. Y en ese sentido el fracaso ha sido mayúsculo.

El desafío a la autoridad de Madrid, permaneciendo en Sol mucho más allá de la (absurda) hora límite fue muy mediático, sí, pero en la realidad, demostró que el apoyo al movimiento se ha diluido a marchas forzadas y que las convocatorias habían terminado teniendo más de revival de lo sucedido en 2011 que de presión a los que nos desgobiernan.

Y así, poco a poco, en la sociedad ha ido calando esa sensación de que el 15M esta ahí, como un ente indefinible que ejecuta acciones más o menos llamativas y acertadas(como el objetivo de llevar a Rodrigo Rato ante los tribunales en 5 años, o el Plan de Rescate Ciudadano) pero situadas en una esfera demasiado abstracta como para que una mayoría de la población se sienta identificada con ellos.

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Manual para dummies: Cómo derribar una fortaleza desde dentro
Divide y vencerás, dijo Julio César en tiempos inmemoriales. Efectivamente, eso ha sucedido en el 15M durante este año, víctima de su propia fragmentación, que ha ido diluyendo el mensaje que se quería transmitir originalmente (aquel de no somos mercancía en manos de políticos y banqueros).

La mediocridad cómo fórmula para el triunfo
O lo que es lo mismo, la horizontalidad cómo fórmula para destruirnos a todos. Un ejemplo práctico que podéis comprobar con vuestros amigos. Si metéis en un cubo a una buena cantidad de cangrejos y los ponéis en una situación de estrés, podréis ver que, lejos de intentar escapar o ayudar a escapar a otros del cubo, lo que hacen los que se quedan en el fondo es empujar hacia abajo a aquellos que intentan escapar.

La horizontalidad nos conduce a eso mismo. Bajo la proclama de que el 15-M no tiene líderes (que es una de las mayores hipocresías que he visto durante este año) estamos dando albergue a la mediocridad como justificación de todo. Si alguien tiene una idea brillante, se le cuestiona su autoridad para llevarla adelante, si alguien tiene una idea por la que recibe atención, se le tacha de traidor a los principios del 15M, se le aisla y vilipendia de una manera no excesivamente divertida.

La horizontalidad no genera cambio. El cambio en Túnez comenzó cuando un hombre se quemó a lo bonzo. Fue su líder, el que hizo que los demás gritaran "¡Basta ya!". Fue el detonante. Aquí, simplemente, tenemos que aceptar que la situación social no es, ni mucho menos, tan crítica como la que vivian los egipcios, tunecinos... y que es necesario que haya personas, que por medio de ideas brillantes, sean capaces de abrir el camino a seguir.

La horizontalidad es la excusa perfecta de los mediocres y de aquellos que buscan protagonismo. Todo el mundo quiere ser protagonista, seamos sinceros. Todo el mundo. Desde la persona que habla en una asamblea, a la persona que, como yo, escribe un blog contando sus opiniones sobre el mundo que le rodea. Está en nuestra naturaleza, y para bien o para mal, es esa curiosidad y esa capacidad de liderazgo del ser humano la que le ha llevado a dar lugar a algunos de los cambios más brutales de la historia de nuestra civilización.

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El lenguaje inclusivo (o cómo excluirte de mi inclusión)
Lo he dicho muchas veces, y lo repetiré hasta la saciedad, entre otras cosas, porque fue una de las primeras "adhesiones" innecesarias a lo que tenía que haber sido y permanecido como un movimiento estrictamente político.

El lenguaje inclusivo (que resulta en exceso chirriante para un sector demasiado mayoritario de la sociedad, y por tanto, es equivalente a intentar hacerles comulgar con ruedas de molino) no es, de por sí, inapropiado. Pero, primero, merece un debate en profundidad y con ciertos organismos que, sencillamente, no puede tener lugar desde el interior del 15M, y segundo, no viene a cuento en el corazón de un movimiento que pide un cambio en la democracia y la política españolas. Simplemente, es como pretender que en una manifestación contra la liga de fútbol, alguien aparezca pidiendo que por favor se defiendan los derechos de los perritos. Cada cosa, evidentemente, tiene su lugar (y momento apropiados).

La "okupación" de edificios
La okupación de edificios (que nunca ha gozado de buena opinión en la sociedad, al igual que todo el movimiento "okupa") podría haber resultado medianamente interesante si se hubiera hecho con un criterio más correcto. Pero ni por esas. Las familias que han sido desahuciadas no quieren un edificio en el que vivir bajo el temor de que un día, puedan ser desalojados nuevamente. Esas familias quieren estabilidad y sobretodo una vivienda digna, lo cual dista mucho de lo que se viene proclamando desde la "okupación" de edificios.

No ayuda tampoco el encontrar mensajes que, evidentemente, no llegan al resto de la sociedad porque no todo el mundo está de acuerdo en esa particular visión de la propiedad privada.

El anticapitalismo (o cómo querer cambiar el mundo diciendo a los demás que son idiotas)
"Son perroflautas, comunistas, pero utilizan sus Iphones y su twitter" (o algo de ese estilo, ya me entendéis, todos hemos leído cosas así). Y sin embargo, es dolorosamente acertado. La entrada en el 15M de los grupos más radicales de la sociedad han sido una fórmula explosiva para dinamitarnos desde dentro.

Señores, nadie pidió aquí el anticapitalismo cuando nos reunimos hace un año. La mayor parte del país no quiere refundar la sociedad, ni quiere refundar el capitalismo. Quiere poder vivir en paz. Y esa imagen es casi imposible de transmitir cuando tenemos un grupo que se dedica a lanzar mensajes extremadamente radicales que rozan ideologías comúnmente rechazadas y que no hace falta exponer aquí.

El camino a la aceptación social no se hace por medio de la falta de respeto hacia el grueso de la sociedad haciéndoles entender que son cortos de entendederas.

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"Vamos despacio, porque vamos lejos" (o lo que es lo mismo, se nos ha subido el ego a la cabeza)
"Hijo mío, estos cuatro ladrillos que ves aquí pueden parecer un pequeño paso, pero algún día, serán tus dominios, y cuando llegue ese día, podrás disfrutarlo. Cuando llegue ese día...".

Este lema, que se ha utilizado en más de una ocasión, es una perogrullada supina. Es un ejercicio de autocomplacencia y autodisculpa que no sirve más que para darse palmaditas en la espalda mutuamente bajo la falsa impresión de que realmente se puede llegar a algo diciendo al mundo "espera y verás". Es el lema de la inacción. Es una frase profundamente poética... y poco más. No señores, vamos despacio porque somos tan rematadamente lentos en nuestros pasos que tardamos una eternidad en consensuar la siguiente acción. Las cosas claras, por favor.

"Primero la política, y mañana. ¡EL MUNDO!" (O cómo recrear los mundos de yupi)
Esta es una de las cosas que más me chirria a mí, personalmente. El 15M es un movimiento casi enteramente político (especialmente si preguntamos a la mayoría de la sociedad). Y sin embargo, poco a poco, ha ido calando esta absurda idea de que España y los españoles, por algún motivo que escapa a mi comprensión, ha sido elegida por alguna especie de ente divino para convertirse en la mesías del Nuevo Mundo... Los delirios de grandeza no son buenos. Pero si es que encima decidimos que, ya puestos a cambiar, vamos a cambiar el mundo entero, ya apaga y vámonos.

No existe una mayoría silenciosa que quiera un mundo nuevo de florecitas y cantos libertarios bajo un paradigma utópico en el que todos seremos hermanos de todos. Sin distinción de colores, razas, naciones.... Sencillamente, no la hay. Y a los americanos les importan cuatro cominos nuestras preocupaciones (más allá de cuatro artículos interesantes en periódicos que son leídos como pasatiempo y como cultura/sociedad), y a nosotros las suyas. Es así, nos guste o no.

En nuestro absurdo empeño por conseguir llegar al resto del mundo, hemos descubierto que no hemos llegado a ninguna parte. El 15-M tiene presencia internacional, desde luego. Pero pensar que hemos sido los creadores de Occupy Wall Street es poco menos que un delirio salvaje. ¿Que los problemas que vivimos en España los vive casi todo el primer mundo? Pues sí, pero no por ello nos hemos de convertir en los salvadores del mundo. Antes de poder arreglar el jardín, es necesario que tu casa esté arreglada, y la nuestra, por desgracia, no lo está.

Al querer apuntar tan alto, dejamos de tener seriedad para pasar a rozar el ridículo y el estrambotismo en aquellos colectivos sociales mayoritarios, que, de repente, vieron que aquello que originalmente apoyaban se convertía en un sueño libertario en el que faltaba poco menos que comenzar a alabar al Ché y levantar falsos ídolos en personajes de ideologías que, aunque respetables, simplemente no son lo que pide el gran grueso de la sociedad española.

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En nuestro empeño por intentar ser inclusivos, nos hemos dividido, subdividido, especializado, y lo peor de todo, nos hemos radicalizado. El 15M de 2012 ya no es el movimiento inclusivo, sociopolítico (principalmente político), unánime al que todo el mundo se podía adherir fácilmente porque se sentía identificado con él. Hemos pasado a ejercer como nuestra propia policía del pensamiento, señalando y aprobando con el dedo aquellas cosas que nos aparecen apropiadas y aquellas que no.

El 15M no está unido a día de hoy, está más fragmentado que nunca, y cada grupo busca objetivos muy diferentes entre sí (y en ocasiones hasta incompatibles).

¿En qué ha fallado el 15M? En dejarnos llevar por los sueños de unos pocos bajo la falsa premisa de que queríamos reformar el mundo. En que al final, perdimos el norte de la peor manera posible... Es absurdo que ahora, uno de los mensajes más importantes que tengamos que mandar, sea que es necesario refundar el 15M, y volver a sus orígenes.

No somos mercancía en manos de políticos y banqueros.


Y nada más.


lunes, 21 de mayo de 2012

Ciudadanos al rescate

O un plan para rescatarlos a todos si quisiéramos homenajear a Tolkien. Lo cierto es que hoy se ha dado a conocer el Plan de Rescate Ciudadano, una interesante iniciativa que propone dar a conocer a plataformas y grupos de ciudadanos que están intentando hacer realidad algunos de los cambios que se proponen ahí.

Aunque, personalmente, no estoy de acuerdo con la forma en la que están redactados algunos de los párrafos (demasiado reaccionarios para mi gusto, simplemente), lo cierto es que es, a todas luces, algo que bien podría haber surgido de un gobierno que tuviera el arrojo necesario para coger al toro por los cuernos (algo que desgraciadamente, en este país, seguramente nunca hubiera llegado a suceder sin importar quién gobernase).

Es una de esas acciones de guerrillas, de las que pueden tener lugar a una escala suficientemente pequeña como para que el Estado sea tan efectivo en su intento de persecución como en matar a una mosca a cañonazos, y al mismo tiempo, lo suficientemente grande como para generar un cambio de por sí mismo.



Ninguno de estos puntos es, necesariamente, el revulsivo para la situación tan delicada que estamos viviendo en nuestro país, pero lo cierto es que, viendo como Bankia se convierte en un gigantesco agujero negro, es evidente que el sentido común abandonó a nuestra clase política hace décadas y que la respuesta depende ahora de los ciudadanos.

Es ese espíritu de renovación el que puede hacer que tengamos una sociedad más abierta, más participativa, más democrática, y sobretodo, más constructiva. El día que un obrero sea capaz de mirar a otro sin reprocharle que sea de la ideología opuesta, o que apoye (o no) a los sindicatos, habremos dado un gran paso adelante, y este plan de rescate ciudadano puede ayudarnos a remar en esa dirección.

Mientras tanto, no sólo seguiremos siendo mercancía en manos de políticos y banqueros, si no también participantes de un gigantesco circo romano en el que lo único que está en juego es la supervivencia del más débil, que necesita devorar a otros igual de débiles para poder subsistir.

La solución está en tu mano, sólo tienes que darte cuenta del poder que, como ciudadano, tienes a tu alcance.

sábado, 12 de mayo de 2012

12M: No es una celebración. Es una revolución.

Un año después, es fácil dejarse llevar por el espíritu festivo de celebrar el primer aniversario del 15M. Pero hoy no es un día de celebración. Es un día de revolución, pacífica (eso siempre). La de las personas por encima de cualquier ideología. La de la democracia por encima de un bipartidismo a todas luces caduco. La de la sociedad por encima de aquellos que no dudan en levantar un dedo acusador hacia aquellos que no comulgan con sus ideas.

Hoy no es momento de celebrar aniversarios. Es momento de salir a la calle, y gritar con más fuerza que nunca que no somos mercancía en manos de políticos y banqueros. Es el momento de salir a la calle y tender la mano al desfavorecido, al artista, al trabajador, al pequeño empresario y girarse hacia ese 1% que dice que nos tenemos que apretar el cinturón mientras ellos siguen recibiendo bonificaciones todavía mayores y hablando de cómo deben sufrir los demás por culpa de sus excesos.

Hoy es momento de mirar hacia el futuro, no hacia el pasado, y darse cuenta de lo mucho que queda por construir. Estamos en una sociedad que todavía está fragmentada por motivos que ni siquiera los más ancianos sabrían explicar con certeza. Estamos en la sociedad que los que nos gobiernan quieren que estemos. La del enfrentamiento entre el proletariado, que les da vía libre para hacer lo que ellos quieran sin que nadie les pare los pies.



Si no hacemos algo hoy, el día de mañana, en vez de ser tu vecino el que se vaya a otro país en busca de trabajo, será tu hijo el que lo tenga que hacer. O en vez de ser tu amigo el que no pueda hacerse cargo de sus propios padres, serás tú quien lo viva en primera persona. Porque tú decidiste que aquello no iba contigo. Que tus problemas nunca serían tan graves como los de los demás. Y cuando llegue ese día, llorarás con amargura lo que no supiste defender cuando se te dio la oportunidad. Preferiste reírte de aquellos que, a diferencia de ti, pensaban en el futuro y no en el hoy.

Y cuando pase un año sin ver a tu hijo (o hija) que vive en el extranjero, o sin poder dar una vida digna a tu madre o padre que, por desgracia, ya no puede valerse por sí mismo, te darás cuenta de que la culpa no es del sistema, la culpa es de la sociedad que duerme al calor de la prensa del corazón, el fútbol y la pasividad política, y de la que tú, tan alegremente, has formado parte mientras te reías de los demás, sin darte cuenta de que no eras más que otro altavoz de los únicos que en este país sí se han preocupado por el futuro. El de ellos claro, nuestros políticos y banqueros.



Pero será demasiado tarde, porque entonces ya no serás tú quien pueda impulsar ese cambio. Tendrá que hacerlo la generación de tu hijo, la que decida que es el momento de luchar por mejorar las cosas (esta vez de verdad). Y si no, será la siguiente. Y condenarás a tu hijo, a tus nietos y a más generaciones al ostracismo de creer que la lucha sólo es para los violentos y los soñadores. Y que nada cambia porque nada eres.

Hoy no es el momento de celebrar un aniversario. Es el momento de llorar por lo que ya estamos perdiendo. Ese futuro que pudo ser y no será, no para nosotros. Es el momento de levantarse, y comenzar la revolución pacífica, esa que no será televisada.

viernes, 11 de mayo de 2012

Explicando el 15M

Qué es el 15M, qué no es el 15M y qué ha hecho el 15M.


Seguro que os habéis hecho estas preguntas. Y con la intención de responderlas, nos hemos juntado un grupo de tuiteros (@fanetin, @patrihorrillo, @soydelbierzo, @snowballspain, @SuNotissima, @starmancb, @rfdez_, @_nokeo, @_mtiago, @JordiAros, @dbollero, @casiopeaexpress, @CruzDiez y un servidor) que hemos participado en el movimiento desde su inicio. Es imperativo dejar claro que sólo nos representamos a nosotros mismos. No somos portavoces ni representantes de nadie salvo de nuestra propia palabra.

Dicho esto, aquí encontraréis muchos puntos de vista y muchas opiniones. Seguramente no estéis de acuerdo en todas ellas. Y lejos de ser un motivo de división o incluso de desprecio, es precisamente esa variedad de visiones y objetivos las que enriquecen a un movimiento que desde siempre es, ha sido, y será, de la sociedad. De todos y cada uno de nosotros. Sin importar nuestro género, nuestro origen, nuestras creencias, nuestras ideologías... Un movimiento de las personas, para las personas.

Puedes descargarte este PDF desde aquí, o bien verlo en el visor que encontrarás debajo.

jueves, 10 de mayo de 2012

No perdamos la perspectiva

Se acerca el 12 de mayo, esa fecha marcada en el calendario como la celebración del primer aniversario del #15M. Sin duda, va a haber un ambiente festivo motivado por esa conmemoración, pero ello no puede desviarnos del auténtico propósito del #15M.

Seguimos siendo los de abajo, seguimos siendo apartidistas, ni de izquierdas ni de derechas. Los de abajo que van a por los de arriba. No se ha logrado nada (sobre el papel) en cuanto a materia política (sí ha habido logros en el ámbito social de los que todos hemos oído hablar) y por tanto hay que tener la perspectiva adecuada en la manifestación del próximo sábado.

No es una celebración, porque para que podamos celebrar algo, primero hay que conseguir lo que se busca. Es la confirmación de que estamos aquí para quedarnos. De que no hemos abandonado la intención de ir a por los de arriba, y de que seguiremos quejándonos mientras este sistema siga siendo injusto para los habitantes de nuestro país (independientemente de su preferencia política).

Sol hace un año. Este sábado, hay que repetir la imagen.
Si comenzamos a ponernos nostálgicos, a pensar en lo que fue, lo que pudo ser y no fue... en lugar de pensar en lo que todavía queda por delante, corremos el riesgo de convertir una manifestación y una oportunidad para ejercer la presión social que vivimos hace precisamente un año, en una burda chanza que sólo entretenga a unos pocos.

El 12M tiene que ser el primer paso de muchos más en busca de la consecución de los objetivos que venimos pidiendo desde el año pasado. Sin desviaciones, sin añadidos, sin adornos. Una declaración de intenciones clara y transparente para nuestros políticos (los de arriba) y para el resto de la ciudadanía (los de abajo) que, un año después, siguen teniendo la incertidumbre de no saber qué es lo que pide el 15M.

La plaza del 15 de mayo.

Si el año pasado sirvió para comprobar que la sociedad española no está dormida, este tiene que ser el año en el que comiencen a recogerse los frutos de la indignación. El año en el que la presión social a un gobierno que está dispuesto a recortar sin freno llegue al punto crítico que necesita para provocar un cambio de mentalidad en una sociedad que sigue moviéndose en una mentalidad marcadamente post-franquista y no realmente demócrata (cuántas veces habremos oído eso de que con Franco las cosas estaban peor... dicho como una especie de "consuelo" por el que deberíamos estar agradecidos).

Así que el 12M sal a la calle, celebra si quieres que un año después el 15M sigue estando en un fenomenal estado de forma, pero que la fiesta no te aleje del horizonte. Ese hacia el que todos queremos avanzar para dejar atrás un bipartidismo caduco.

En 2011 despertamos, en 2012 es el momento de levantarse, y echar a caminar a paso firme.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Lavado de cerebros

Se nota que el mes de mayo está dando miedo, en todos los frentes, a los que nos gobiernan. Desde la enésima idea de Felip Puig para perseguir a los manifestantes pacíficos (por mucho que se diga que es para detectar a los violentos, ya que estos últimos van a liarla sí o sí, por desgracia) el próximo 12 de mayo; a la portada difamatoria de La Razón, poniendo rostro, nombre y formación de algunos de los jóvenes que han convocado la huelga del próximo día 22 de mayo.

Se han omitido los nombres y rostros de las personas difamadas por el periódico, pero podéis ver la portada integra aquí.
En definitiva, se trata de una persecución de Estado que comienza a rozar, de manera preocupante, a la persecución ideológica que tiene lugar en algunos países del mundo. Parece que, en última instancia, se busca lograr un pensamiento único. Una sumisión absoluta hacia un gobierno que no contenta a la gran mayoría de la población y que se ha dedicado a atacar a cualquiera que haya alzado la voz en contra de su plan de recortes (comenzando por TVE, que, gracias al enésimo decretazo de Rajoy, pasará a convertirse, muy pronto, en un altavoz más para poder seguir con la propaganda derechista).

A este ritmo, en un par de meses, comenzaremos a oír locuciones en nuestras ciudades explicándonos por qué debemos respetar a nuestro amado lider (si esta combinación de palabras te resulta familiar y no sabes el motivo, déjame refrescarte la memoria, es cómo el pueblo de Corea del Norte se refiere a su dictador gobernante). 

No olvidemos casos como el de Laura Gómez, que algunos ya consideran el primer caso de detención política (cosa que no es descartable viendo de qué se la acusa), o las claras amenazas hacia cualquier tipo de manifestación o intento de acampada el próximo fin de semana.

Si en las próximas fechas no nos hacemos oír (y ya necesitamos que se nos oiga más allá de nuestras fronteras si no queremos que esto vaya a más), estaremos dejando la veda abierta a que prosiga este lento (pero efectivo a la larga, sin duda) lavado de cerebros, destinado a crear una nueva generación de ovejas bienpensantes que sólo se limiten a repetir la propaganda que ha llegado hasta sus oídos.

Si perdemos nuestra capacidad de crítica como sociedad, daremos un gigantesco paso atrás del que tardaremos demasiado tiempo en recuperarnos...

lunes, 7 de mayo de 2012

Un sueño para España

Para mí, no sería otro que el de una auténtica democracia. Y me valgo de los dos ejemplos más recientes que hemos tenido. La elección de Hollande en Francia (con tan solo un 51'7% de los votos) y la catástrofe electoral griega.

Me explico, la ajustadísima victoria de Hollande en el país galo es la demostración de que disfrutan de una democracia en un perfecto estado de salud. El margen es tan sumamente estrecho que garantiza a su sociedad que durante los próximos cinco años, su nuevo presidente no podrá radicalizarse en sus preferencias políticas (es importante precisar que creo, firmemente, que ninguna política es buena si no hay un contrapeso que la frene, a las pruebas me remito). Es perfecto, porque da muestra de que los resultados de la primera ronda no tienen relación con los de la segunda. Ha habido votantes de centro y derecha que han optado por votar al candidato socialista cuando han visto limitadas sus opciones a únicamente estos dos candidatos.



Por el lado griego, al margen del escándalo mediático del partido neonazi (Amanecer Dorado) que se ha hecho con un 7% de los votos, el resultado es un espejo en el que quizá, un día, podremos mirarnos como electorado. Estos comicios han resultado en la caída de los dos grandes partidos griegos. Un sistema bipartidista que llevaba alternándose en el poder 38 años, y que ahora ha saltado por los aires. Han tenido que pasar 3 años de muchísima presión social y muchísimos recortes, pero al final, los griegos han dicho basta, y han castigado a todos aquellos que durante años se  han dedicado a castigar a esta nación, tanto desde dentro como desde fuera.

Ambas cosas son una utopía en España. La caída del bipartidismo no parece cercana (desde luego no en los próximos 4 años, y seguramente tampoco en los próximos 10) y por tanto la evolución de una conciencia democrática es poco menos que un sueño americano. Es una de las recetas imprescindibles para que la sociedad se modernice. Alternar en el poder a los dos partidos de siempre hace que la sociedad se enquiste. Faltan ideas frescas, nuevos horizontes, y especialmente, nuevos rostros que indiquen la dirección a seguir en el futuro. No es de recibo que sigamos siendo gobernados por prácticamente las mismas caras que llevamos viendo treinta años en nuestros televisores.



Quizá, involuntariamente, esta falta de renovación política que tenemos en nuestro país es la demostración de que, España, como sociedad, tiene miedo a avanzar. Miedo a lo desconocido, quizá. Un temor que está permitiendo que con cada gobierno veamos extremos cada vez más radicales dentro de una política en la que, los de siempre, saben que no hay ninguna amenaza que pueda poner en peligro la alternancia establecida.

La conciencia colectiva del 15-M ha madurado durante este año, pero lejos de apretar las tuercas a nuestros políticos, se ha ido alejando poco a poco de las premisas iniciales para convertirse en una especie de movimiento salvador del mundo. Quizá, el próximo 12 de mayo, la sociedad se reencuentre con esas premisas iniciales, y entonces, quizá, y sólo quizá, puede que descubramos que es posible que la sociedad avance para intentar engancharse a un tren de Europa que cada vez está más lejos (y no tiene intención de detenerse).



viernes, 4 de mayo de 2012

Nos hace falta un buen par de hostias

España es, sin género de duda, de los pocos países occidentales en los que uno, con el suficiente poder, puede hacer lo que quiera y aun así establecerse por encima de la ley. Casos y ejemplos hay a patadas, desde el reciente intento de Urdangarín por alcanzar un pacto con el fiscal, a los constantes puestos de trabajo a ex-presidentes  y ex-ministros en compañías en las que ellos mismos participaron durante su mandato.

En nuestro caso, y como siempre, hemos conseguido darle una vuelta de tuerca todavía mayor. Las mentiras son el camino al poder, como ha demostrado el Partido Popular. El silencio, es el camino al "respeto", como ha demostrado la Casa Real con el safari del Rey (si su accidente nunca hubiera tenido lugar, jamás lo hubiéramos sabido). Las tramas de corrupción son el camino al enriquecimiento exprés. Y si algún juez intenta ir tan lejos como para llegar a poder acusar a alguno, será ajusticiado de una manera muy similar a la de Baltasar Garzón.

La desfachatez es el camino a la manipulación. La buena de Esperanza Aguirre, la lideresa, es una experta en estas lides, capaz de decir, como quien cuenta una anécdota entre amigos, que ha encontrado "partidas maravillosas para recortar". A nadie parece importarle lo suficiente.


Al final, me doy cuenta de que el apelativo de los Indignados al 15-M le viene como anillo al dedo. Es la definición perfecta del español medio. Nos indignamos, sí, mucho. Diantres, si hicieramos un mundial de indigación, España lo ganaría de calle en. cada. edición. Somos el ejemplo más ilustre de aquel dicho de Por la boca muere el pez. Mucho hablar, pero nadie propone acciones. Y claro, las cosas que no se escriben en papel terminan por olvidarse.

Así se explica que, cuatro años después, en las siguientes elecciones, tanto PP como PSOE vuelvan a llegar al poder. Va a dar igual qué partido lo haga, porque lo cierto es que ambos llevan un registro lo suficientemente lamentable como para asegurarse de que, en ningún otro país, volverían a gobernar, por lo menos, hasta que el resto de partidos tuvieran un registro igualmente malo.

No es que seamos inocentes, ni siquiera tontos. No, es mucho menos que eso. La Guerra Civil Española es lo más parecido que tenemos a las dos guerras mundiales que ha vivido el resto del mundo. Al final, la conclusión, es que nuestros padres tenían razón sobre nuestra educación. 

A la sociedad española le hace falta un buen par de hostias, pero de las que no se bendicen. Sólo así (con la ausencia de dos experiencias tan traumáticas como las guerras mundiales) se puede entender que nuestra sociedad haya evolucionado de una manera tan diferente al resto de las europeas. Aquí nos hemos quedado con el cuento de que Pedro sigue diciendo que viene el lobo. 



Por desgracia, seguimos esperando a que llegue.