viernes, 27 de abril de 2012

Destruyendo España entre todos

5'6 millones de parados (que se dice pronto). El 52% de los jóvenes de menos de 25 años en paro.
Esa es la noticia con la que nos hemos despertado hoy.

Una noticia que ni siquiera la caverna de extrema derecha puede ocultar. Es la constatación de que nunca se nos ha gobernado con la intención mejorar la situación laboral del trabajador, si no la del empresario (contrataciones más baratas, despido libre, ayudas fiscales, etcétera). No es país para viejos, ni para jóvenes (la tasa de paro juvenil duplica la de la Unión Europea), ni para prácticamente nadie. 

Con una tasa de paro que es un record histórico, la pregunta no debería ser qué podemos esperar de este Gobierno (más recortes y reformas, como hasta ahora, y el que espere lo contrario, está desconectado de la realidad), si no qué debemos hacer para expulsarlo lo más rápido posible.

Da mucho miedo pensar dónde puede acabar España en los próximos cuatro años, teniendo en cuenta hasta dónde hemos llegado en tan poco tiempo. Es la destrucción del país, que está siendo reformado bajo los deseos de banqueros y empresarios. En un país en el que cada día hay 160 desahucios diarios no se está creando una clase media, no. Se está destruyendo. Estamos abocados a un sistema (por medio de la reforma educativa, los recortes a la sanidad, etcétera) que nos lleva a la creación de una clase muy baja (que terminará viviendo debajo de los muchos puentes que hay en España, seguramente) y una clase muy alta (que sigue teniendo beneficios incluso en medio de una crisis salvaje).

Por desgracia, el daño ya está hecho (seguramente nunca se llegó a curar la herida desde la transición). En la sociedad ha calado el mensaje (desde tiempos impepinables) de que es mejor trabajar a cualquier precio que no trabajar en absoluto. Es la vía rápida para llevarnos a sueldos de Rumanía con impuestos de Noruega. Es la via rápida para hacer que seamos nosotros mismos los que nos matemos mutuamente. Mientras en el resto de Europa (y de la mayor parte del mundo) se intenta ser más competitivo, trabajar más por más dinero; aquí nos esforzamos por trabajar más por menos dinero. Si una persona está dispuesta a aceptar un puesto laboral por 300€, con un poco de suerte, el empresario de turno podrá rascar un poco más y ver si encuentra a un trabajador dispuesto a hacer lo mismo (o quizá incluso más horas) por cien euros menos. Y todo ello fruto de la desesperación.

Se nos ha llevado a creer que el trabajo es un bien escaso y algo por lo que podemos ser pisoteados impunemente por quien sea. Se nos ha llevado a creer que España es un país de vagos. Y nosotros, como un vulgar rebaño de ovejas, hemos decidido abandonar nuestro amor propio, armarnos con antorchas y rastrillos y atacar... ¿a los que nos aplastan? ¡No! ¡A los vagos!. 

Esta España es el sueño de los mercaderes de esclavos de los siglos XVIII y XIX. Un país en el que el trabajador se pone de lado del empresario que le ofrece un contrato de mierda para burlarse y vilipendiar al trabajador que prefiere anteponer su dignidad y no aceptar un contrato basura.

El Gobierno puede estar destruyendo España, sí. Pero la clase obrera de este país es un absoluto chiste que no está haciendo lo más mínimo por defender lo que el proletariado durante cientos de años ha defendido. Así que en honor a la verdad, ahora mismo, nosotros no estamos defendiendo España. Estamos aplaudiendo en primera línea.

A disfrutar lo votado.

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