martes, 24 de abril de 2012

El 99% español: activismo de salón, fanatismo partidista

En líneas generales, se podría decir que una gran mayoría de la población está de acuerdo en que la gestión del actual Gobierno está siendo un ejercicio de desmantelación del Estado del Bienestar en toda regla (si pudiéramos establecer una línea temporal desde el momento presente hacia finales del siglo XIX, estaríamos, seguramente, en algún punto de la década de los 80). Sin embargo, no hace falta rascar mucho para ver que, pese al volumen y forma de muchas quejas, parece que nada cambia en la sociedad española.

En ese 99%, que cacarea a los cuatro vientos ser la mayoría desfavorecida, el grado de anestesia sigue siendo  tal que, más allá del golpe en pecho y las proclamas habituales, somos incapaces de alzar nuestra voz aun cuando nuestros derechos son atropellados a cada paso y las mentiras de nuestra clase política son puestas en evidencia día sí y día también.


Es el llamado activismo de salón, el mensaje-protesta en Twitter, la imagen indignada en Facebook... En realidad, el "a mí me jode, pero que se muevan otros" de la era moderna. Si es preocupante la inmadurez democrática que demuestra la sociedad española (más de 30 años después, seguimos votando en masa a dos únicos partidos), lo es todavía más la irracionalidad y facilidad de manipulación que llegamos a alcanzar.

No es comprensible el fanatismo que muchos electores profesan hacia un partido. Llegando al extremo de defender absolutamente cualquier punto como si le fuera la vida en ello. Obreros que votan al PP, empresarios que votan al PSOE, colectivos desfavorecidos que votan a la derecha, empresarios que votan a la izquierda. Son, si atendemos al principio de la política, contradicciones en sí mismas. El proletariado solía ser, históricamente (y lo sigue siendo fuera de nuestras fronteras) mayoritariamente de izquierdas, junto a los jóvenes y los colectivos desfavorecidos/minoritarios, mientras que los jubilados, gente adinerada y empresarios suelen ser mayoritariamente de derechas.

Nótese que, tal y como he indicado, los jóvenes suelen ser de izquierdas, y los jubilados de derechas. Las ideas que hoy defendemos (en el año 2012), serán ideas de derechas dentro de treinta años (suponiendo que la sociedad progrese). No es el caso de España, que parece vivir en una isla atemporal y poco preocupada por la vida política en general mientras sea el vecino el que se vea afectado. Sí, el PP está destrozando el país, lo hemos leído en todas partes. Diablos, hasta hemos organizado una huelga general y manifestaciones por todo el país. ¿Y cuál ha sido el efecto que ha dejado en la sociedad? Ninguno. Es como si no hubiera tenido lugar. 



Tenemos el honor de ser uno de los pocos países occidentales y democráticos en el que no defendemos un pensamiento ideológico (de izquierdas, centro, derechas, o llámelo como usted quiera), si no que defendemos a un partido político como si se tratase de un equipo de fútbol y estamos dispuestos a denigrar al votante del partido contrario, insultarle y menospreciarle como un ser inferior, al que consideramos archienemigo, incluso cuando se trata de dos personas del mismo colectivo. Roza el esperpento.

Si fuera de nuestras fronteras el 99% es la mayoría desfavorecida, el 99% español está dividido. No somos el 99%, somos el 49.5%, en constante conflicto con otro 49.5% que no hace más que mirarse el ombligo, incluso si su partido está haciendo algo cuestionable. Aquí no hay votantes de izquierdas ni de derechas. Si no hooligans. Fanáticos dispuestos a darlo todo por un partido (el que sea) a cambio de nada. El equivalente (no tan extremista, afortunadamente) al fanatismo/extremismo del mundo árabe. Y mientras tanto, nuestros políticos juegan a lo que quieren. Se convierten en campeones del mundo en corrupción, manipulación y mentiras, con el beneplácito de ese 49.5% que está más preocupado en criticar al prójimo que a su propio partido.

Somos una sociedad políticamente inmadura, asilvestrada, y aferrada a un cortoplacismo que sólo hace que lo único que podamos decir sea "os lo habíamos advertido". Quizá, algún día, podamos oír a un español decir "yo soy de izquierdas" y no "yo soy del PSOE" (o "yo soy de derechas" y no "yo soy del PP"), pero mientras la conciencia colectiva siga dejándose anestesiar por los triunfos a corto plazo (porque tarde o temprano llegarán los mal llamados "brotes verdes") aquí no pasará nada. Para bien de pocos, muy pocos. Para bien de ninguno de los que me estáis leyendo, ni siquiera cuando vuestro partido esté en el gobierno.

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