lunes, 23 de abril de 2012

¿Qué fue del 15-M?

Quizá como efecto de la crisis que estamos atravesando, son no pocas las voces que he oído preguntándose qué fue del movimiento 15-M en la forma que vimos (y vivimos) el año pasado.

Aunque es cierto que hay muy buenas iniciativas en funcionamiento, como 15m.cc, la realidad es que, con el paso de los meses, esa masa (que estuvo cerca de alacanzar un tamaño crítico pero no llegó a lograrlo) de apoyo social y pensamiento político se ha ido diluyendo en una maraña de propuestas y asambleas que han dejado de llegar a la masa de la sociedad.

Llegados a este punto, hay que preguntarse qué ha fallado para que el movimiento se haya vuelto casi invisible y haya quedado como algo del recuerdo y un puñado de promesas que no llegaron a cuajar.

El gran delirio de grandeza de las comisiones
El principio del fin del 15-M (como movimiento, no cómo idea) nació en el momento en el que las acampadas, inicialmente concebidas para pedir un cambio en nuestra democracia, comenzaron a acoger todo tipo de propuestas, a cual más exótica, por medio de comisiones que pretendían dar cabida a todo el mundo y todas las ideas.

Todo el mundo, que no todas las ideas, debería haber sido el planteamiento correcto. Ese fue el primer gran agujero en un barco que partiendo de una premisa muy sencilla (una verdadera democracia) pretendió cambiar el mundo cuando la gran mayoría de la sociedad lo único que reclamaba era mucho más sencillo. No se pedía reformar el mundo, ni crear Utopía, ni que el 15-M fuera la segunda venida de Cristo.



Y sin embargo, algunos se encumbraron (con la beneplacencia del resto y la excusa del movimiento horizontal) en auténticos ideólogos de un mañana mejor. Como si súbitamente, un puñado de personas anónimas estuviesen por encima de estados, leyes, tratados internacionales y un largo étc. Si las asambleas fueron un ejercicio de democracia abierta y participativa, las propuestas de las comisiones fueron un ejercicio de desconexión con la realidad más acuciante. La de una sociedad que quería cambiar, no transformarse.

La horizontalidad como solución a... nada
La falta de representantes del 15-M fue tan atractiva como ineficiente para mantener la cohesión del movimiento. En nuestro empeño por no tener representantes que pudieran poner por escrito aquello con lo que la inmensa mayoría estaba de acuerdo (consenso de mínimos, una auténtica democracia, etc, etc, etc), el movimiento se diluyó a medida que diversas comisiones intentaban alzarse con un protagonismo que nadie les había otorgado ni pedido. Había un miedo interno a que la defensa de aquello por lo que originalmente la gente se había concentrado pudiese reducir el apoyo social. La realidad fue que, precisamente esa falta de concreción hizo que poco a poco tanto medios como sociedad dejasen de prestar atención a un movimiento que, en sólo unas semanas, había conseguido ser incapaz de saber a ciencia cierta por qué se había reunido en primer lugar.



El idealismo por encima de los objetivos
En cuanto el 15-M dejó de tener metas concretas (aunque en este punto, lo justo sería debatir sobre si realmente se llegó a tener un objetivo concreto) y se pasó a hablar de idealismos y sueños, se perdió una oportunidad de oro para haber presionado a nuestros políticos.

Un año después, por desgracia, el 15-M se ha convertido en un movimiento underground (como tantos otros) del que sólo quedan agradables recuerdos de las experiencias vividas en las acampadas... y poco más. Un cúmulo de ideas y objetivos que se vio diluido y casi eliminado por su propio empeño de no querer tener representantes (aunque ciertos grupos actuasen como los portavoces no oficiales del movimiento) y del que poco a poco se han ido desconectando miles de personas.



Es difícil saber si queda algo del 15-M, como movimiento, con el que el grueso de la sociedad pueda llegar a conectar una vez más (especialmente en vista a la cercanía de su primer aniversario), pero lo que sí nos ha dejado, es muchas lecciones de las que aprender para seguir mirando hacia el futuro siendo conscientes de que la sociedad quiere un cambio, pero no una transformación del mundo en el que vivimos.

No necesitamos nuevos líderes, ni nuevos principios. No necesitamos bases para una nueva sociedad, ni fundamentos para un nuevo ser humano en conexión con la tierra. Lo que necesitamos, es la promesa clara de que España, como país y como sociedad, seguirá avanzando en el futuro.

Ésa es mi particular visión de lo que debiera haber sido el 15-M.

4 comentarios:

  1. En mi opinión, uno de los errores primarios fue no contar con la sociedad civil organizada, que en algunos casos llevan trabajando muchos años las materias que el movimiento demandaba. Y no es que no se contase con ellas, es que se las rechazaba.

    Inexperiencia, falta de herramientas estructurales, incapacidad para establecer colaboraciones y alianzas estratégicas (precisamente por las carencias estructurales).

    ¿Que queda? Pues lo que motivó el estallido y lo que motivará los sucesivos (que los habrá sin duda). El malestar y el descontento con el estado de cosas.

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  2. Que todo cambie para que todo siga igual... el problema es que eso ya no es posible. Me temo que yo estoy en el otro 15M que a ti no te gusta y no en el 15M que defiendes. Supongo que el tiempo (tal vez la historia) se encargará de decir qué fue del 15M, si fue un fogonazo o el principio de otra cosa. En todo caso, gracias por el artículo.

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  3. @cjimenez
    Ni mucho menos para que todo siga igual. Los cambios que se pedían en mayo del año pasado eran claros y evidentes. Pero los que pedían, directamente, un mundo nuevo, eran una minoría.

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    1. Por supuesto el 15M se lo han quedado quienes siguen trabajando -esa minoría- mientras la mayoría no hace más que quejarse de lo que pudo ser y no fue... Los cambios que se pedían en mayo estaban claros, lo que nunca hubo fue una estrategia para hacerlos realidad. Seguimos buscándola.

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