sábado, 28 de abril de 2012

Un Estado que ha perdido el norte

Cuando cualquier forma de protesta (por pacífico que sea) es visto como terrorismo, sólo es posible darse cuenta de que es el Estado el que está ejerciendo un papel represor propio de dictaduras. Con el paso de los meses, desde sentarse en el suelo pacíficamente, hasta reunirse en una plaza, han pasado a ser considerados actos de resistencia a la autoridad o vandalismo.

En definitivas cuentas, es la demonización del pueblo. El control a través del miedo. La forma de contener a la población más efectiva que existe. La policía pasa a ser vista como un órgano de represión (en lugar de un servicio al ciudadano) y la parte del electorado que sí está de acuerdo con medidas tan extremas, pasa a convertirse en altavoces de un mensaje propagandístico que alcanza un calado mayor gracias a la difusión en los medios.

El mecanismo, en realidad, no es muy diferente del que funciona en dictaduras establecidas y asentadas como Corea del Norte. Mientras los pobres son cada vez más pobres (recordemos que viven exclusivamente de vales de racionamiento de comida), la imagen que se transmite al mundo (y al resto de su sociedad) es la de las masas enfervorecidas alabando a su dictador.

La Razón, el altavoz de la extrema derecha

El gran logro de España, en estos momentos, es haber conseguido hacer algo similar por medio de la manipulación de los medios, el insulto a la población y la mentira sistemática. 
Respecto a esto último, no hay mucho que podamos hacer (por desgracia), ya que seguimos siendo una sociedad alarmantemente cortoplacista. Queremos resultados y los queremos ya.

El primer síntoma de una dictadura es la paranoia, perfectamente ilustrada en este artículo. Decir que la población es totalitaria es abrir la senda a un camino extremadamente peligroso, que guarda similitudes alarmantes con China y sus objetores de conciencia. A este paso, no tardaremos mucho en ver cómo comienzan a desaparecer aquellas personas que consiguen hacer llegar su totalitaria voz al resto de la población.

Cuando tu país se defiende como un gato panza arriba  de sus propios ciudadanos es que ha perdido el norte. De la democracia, de la economía, de la política, y por encima de todo. De la realidad.

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