sábado, 12 de mayo de 2012

12M: No es una celebración. Es una revolución.

Un año después, es fácil dejarse llevar por el espíritu festivo de celebrar el primer aniversario del 15M. Pero hoy no es un día de celebración. Es un día de revolución, pacífica (eso siempre). La de las personas por encima de cualquier ideología. La de la democracia por encima de un bipartidismo a todas luces caduco. La de la sociedad por encima de aquellos que no dudan en levantar un dedo acusador hacia aquellos que no comulgan con sus ideas.

Hoy no es momento de celebrar aniversarios. Es momento de salir a la calle, y gritar con más fuerza que nunca que no somos mercancía en manos de políticos y banqueros. Es el momento de salir a la calle y tender la mano al desfavorecido, al artista, al trabajador, al pequeño empresario y girarse hacia ese 1% que dice que nos tenemos que apretar el cinturón mientras ellos siguen recibiendo bonificaciones todavía mayores y hablando de cómo deben sufrir los demás por culpa de sus excesos.

Hoy es momento de mirar hacia el futuro, no hacia el pasado, y darse cuenta de lo mucho que queda por construir. Estamos en una sociedad que todavía está fragmentada por motivos que ni siquiera los más ancianos sabrían explicar con certeza. Estamos en la sociedad que los que nos gobiernan quieren que estemos. La del enfrentamiento entre el proletariado, que les da vía libre para hacer lo que ellos quieran sin que nadie les pare los pies.



Si no hacemos algo hoy, el día de mañana, en vez de ser tu vecino el que se vaya a otro país en busca de trabajo, será tu hijo el que lo tenga que hacer. O en vez de ser tu amigo el que no pueda hacerse cargo de sus propios padres, serás tú quien lo viva en primera persona. Porque tú decidiste que aquello no iba contigo. Que tus problemas nunca serían tan graves como los de los demás. Y cuando llegue ese día, llorarás con amargura lo que no supiste defender cuando se te dio la oportunidad. Preferiste reírte de aquellos que, a diferencia de ti, pensaban en el futuro y no en el hoy.

Y cuando pase un año sin ver a tu hijo (o hija) que vive en el extranjero, o sin poder dar una vida digna a tu madre o padre que, por desgracia, ya no puede valerse por sí mismo, te darás cuenta de que la culpa no es del sistema, la culpa es de la sociedad que duerme al calor de la prensa del corazón, el fútbol y la pasividad política, y de la que tú, tan alegremente, has formado parte mientras te reías de los demás, sin darte cuenta de que no eras más que otro altavoz de los únicos que en este país sí se han preocupado por el futuro. El de ellos claro, nuestros políticos y banqueros.



Pero será demasiado tarde, porque entonces ya no serás tú quien pueda impulsar ese cambio. Tendrá que hacerlo la generación de tu hijo, la que decida que es el momento de luchar por mejorar las cosas (esta vez de verdad). Y si no, será la siguiente. Y condenarás a tu hijo, a tus nietos y a más generaciones al ostracismo de creer que la lucha sólo es para los violentos y los soñadores. Y que nada cambia porque nada eres.

Hoy no es el momento de celebrar un aniversario. Es el momento de llorar por lo que ya estamos perdiendo. Ese futuro que pudo ser y no será, no para nosotros. Es el momento de levantarse, y comenzar la revolución pacífica, esa que no será televisada.

1 comentario:

  1. Acabo de leerme tu entrada, y en serio es alucinante estoy completamente de acuerdo contigo y es hora de unirnos sin prejuicios ni tapujos e ir a manifestarnos por nlño que queremos, como ya has dicho tu antes.
    ¡ÁNIMO A TODOS Y QUE LA FUERZA NOS ACOMPAÑE!

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