miércoles, 9 de mayo de 2012

Lavado de cerebros

Se nota que el mes de mayo está dando miedo, en todos los frentes, a los que nos gobiernan. Desde la enésima idea de Felip Puig para perseguir a los manifestantes pacíficos (por mucho que se diga que es para detectar a los violentos, ya que estos últimos van a liarla sí o sí, por desgracia) el próximo 12 de mayo; a la portada difamatoria de La Razón, poniendo rostro, nombre y formación de algunos de los jóvenes que han convocado la huelga del próximo día 22 de mayo.

Se han omitido los nombres y rostros de las personas difamadas por el periódico, pero podéis ver la portada integra aquí.
En definitiva, se trata de una persecución de Estado que comienza a rozar, de manera preocupante, a la persecución ideológica que tiene lugar en algunos países del mundo. Parece que, en última instancia, se busca lograr un pensamiento único. Una sumisión absoluta hacia un gobierno que no contenta a la gran mayoría de la población y que se ha dedicado a atacar a cualquiera que haya alzado la voz en contra de su plan de recortes (comenzando por TVE, que, gracias al enésimo decretazo de Rajoy, pasará a convertirse, muy pronto, en un altavoz más para poder seguir con la propaganda derechista).

A este ritmo, en un par de meses, comenzaremos a oír locuciones en nuestras ciudades explicándonos por qué debemos respetar a nuestro amado lider (si esta combinación de palabras te resulta familiar y no sabes el motivo, déjame refrescarte la memoria, es cómo el pueblo de Corea del Norte se refiere a su dictador gobernante). 

No olvidemos casos como el de Laura Gómez, que algunos ya consideran el primer caso de detención política (cosa que no es descartable viendo de qué se la acusa), o las claras amenazas hacia cualquier tipo de manifestación o intento de acampada el próximo fin de semana.

Si en las próximas fechas no nos hacemos oír (y ya necesitamos que se nos oiga más allá de nuestras fronteras si no queremos que esto vaya a más), estaremos dejando la veda abierta a que prosiga este lento (pero efectivo a la larga, sin duda) lavado de cerebros, destinado a crear una nueva generación de ovejas bienpensantes que sólo se limiten a repetir la propaganda que ha llegado hasta sus oídos.

Si perdemos nuestra capacidad de crítica como sociedad, daremos un gigantesco paso atrás del que tardaremos demasiado tiempo en recuperarnos...

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