viernes, 4 de mayo de 2012

Nos hace falta un buen par de hostias

España es, sin género de duda, de los pocos países occidentales en los que uno, con el suficiente poder, puede hacer lo que quiera y aun así establecerse por encima de la ley. Casos y ejemplos hay a patadas, desde el reciente intento de Urdangarín por alcanzar un pacto con el fiscal, a los constantes puestos de trabajo a ex-presidentes  y ex-ministros en compañías en las que ellos mismos participaron durante su mandato.

En nuestro caso, y como siempre, hemos conseguido darle una vuelta de tuerca todavía mayor. Las mentiras son el camino al poder, como ha demostrado el Partido Popular. El silencio, es el camino al "respeto", como ha demostrado la Casa Real con el safari del Rey (si su accidente nunca hubiera tenido lugar, jamás lo hubiéramos sabido). Las tramas de corrupción son el camino al enriquecimiento exprés. Y si algún juez intenta ir tan lejos como para llegar a poder acusar a alguno, será ajusticiado de una manera muy similar a la de Baltasar Garzón.

La desfachatez es el camino a la manipulación. La buena de Esperanza Aguirre, la lideresa, es una experta en estas lides, capaz de decir, como quien cuenta una anécdota entre amigos, que ha encontrado "partidas maravillosas para recortar". A nadie parece importarle lo suficiente.


Al final, me doy cuenta de que el apelativo de los Indignados al 15-M le viene como anillo al dedo. Es la definición perfecta del español medio. Nos indignamos, sí, mucho. Diantres, si hicieramos un mundial de indigación, España lo ganaría de calle en. cada. edición. Somos el ejemplo más ilustre de aquel dicho de Por la boca muere el pez. Mucho hablar, pero nadie propone acciones. Y claro, las cosas que no se escriben en papel terminan por olvidarse.

Así se explica que, cuatro años después, en las siguientes elecciones, tanto PP como PSOE vuelvan a llegar al poder. Va a dar igual qué partido lo haga, porque lo cierto es que ambos llevan un registro lo suficientemente lamentable como para asegurarse de que, en ningún otro país, volverían a gobernar, por lo menos, hasta que el resto de partidos tuvieran un registro igualmente malo.

No es que seamos inocentes, ni siquiera tontos. No, es mucho menos que eso. La Guerra Civil Española es lo más parecido que tenemos a las dos guerras mundiales que ha vivido el resto del mundo. Al final, la conclusión, es que nuestros padres tenían razón sobre nuestra educación. 

A la sociedad española le hace falta un buen par de hostias, pero de las que no se bendicen. Sólo así (con la ausencia de dos experiencias tan traumáticas como las guerras mundiales) se puede entender que nuestra sociedad haya evolucionado de una manera tan diferente al resto de las europeas. Aquí nos hemos quedado con el cuento de que Pedro sigue diciendo que viene el lobo. 



Por desgracia, seguimos esperando a que llegue.

1 comentario:

  1. No dijo "equivocado" sino "equivocao". El Rey plebeyo, el Rey campechano. Matízalo...jeje

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