lunes, 7 de mayo de 2012

Un sueño para España

Para mí, no sería otro que el de una auténtica democracia. Y me valgo de los dos ejemplos más recientes que hemos tenido. La elección de Hollande en Francia (con tan solo un 51'7% de los votos) y la catástrofe electoral griega.

Me explico, la ajustadísima victoria de Hollande en el país galo es la demostración de que disfrutan de una democracia en un perfecto estado de salud. El margen es tan sumamente estrecho que garantiza a su sociedad que durante los próximos cinco años, su nuevo presidente no podrá radicalizarse en sus preferencias políticas (es importante precisar que creo, firmemente, que ninguna política es buena si no hay un contrapeso que la frene, a las pruebas me remito). Es perfecto, porque da muestra de que los resultados de la primera ronda no tienen relación con los de la segunda. Ha habido votantes de centro y derecha que han optado por votar al candidato socialista cuando han visto limitadas sus opciones a únicamente estos dos candidatos.



Por el lado griego, al margen del escándalo mediático del partido neonazi (Amanecer Dorado) que se ha hecho con un 7% de los votos, el resultado es un espejo en el que quizá, un día, podremos mirarnos como electorado. Estos comicios han resultado en la caída de los dos grandes partidos griegos. Un sistema bipartidista que llevaba alternándose en el poder 38 años, y que ahora ha saltado por los aires. Han tenido que pasar 3 años de muchísima presión social y muchísimos recortes, pero al final, los griegos han dicho basta, y han castigado a todos aquellos que durante años se  han dedicado a castigar a esta nación, tanto desde dentro como desde fuera.

Ambas cosas son una utopía en España. La caída del bipartidismo no parece cercana (desde luego no en los próximos 4 años, y seguramente tampoco en los próximos 10) y por tanto la evolución de una conciencia democrática es poco menos que un sueño americano. Es una de las recetas imprescindibles para que la sociedad se modernice. Alternar en el poder a los dos partidos de siempre hace que la sociedad se enquiste. Faltan ideas frescas, nuevos horizontes, y especialmente, nuevos rostros que indiquen la dirección a seguir en el futuro. No es de recibo que sigamos siendo gobernados por prácticamente las mismas caras que llevamos viendo treinta años en nuestros televisores.



Quizá, involuntariamente, esta falta de renovación política que tenemos en nuestro país es la demostración de que, España, como sociedad, tiene miedo a avanzar. Miedo a lo desconocido, quizá. Un temor que está permitiendo que con cada gobierno veamos extremos cada vez más radicales dentro de una política en la que, los de siempre, saben que no hay ninguna amenaza que pueda poner en peligro la alternancia establecida.

La conciencia colectiva del 15-M ha madurado durante este año, pero lejos de apretar las tuercas a nuestros políticos, se ha ido alejando poco a poco de las premisas iniciales para convertirse en una especie de movimiento salvador del mundo. Quizá, el próximo 12 de mayo, la sociedad se reencuentre con esas premisas iniciales, y entonces, quizá, y sólo quizá, puede que descubramos que es posible que la sociedad avance para intentar engancharse a un tren de Europa que cada vez está más lejos (y no tiene intención de detenerse).



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