viernes, 22 de junio de 2012

Carta abierta a la sociedad española

Estimados españoles,
Me dirijo a vosotros, siendo consciente de que no soy más que otra voz en una multitud exasperantemente silenciosa, pero no puedo evitar preguntarme si realmente existe algo a lo que denominar sociedad española ahí fuera.

Hemos pasado por una guerra civil, una dictadura, una transición democrática... y, por si no fuera suficiente, aderezado con terrorismo y violencia callejera. Uno pensaría, fundadamente (digo yo) que tanta violencia y represión haría que la sociedad fuese especialmente sensible ante las injusticias y la realidad decadente que nos rodea. Basta escuchar a nuestros mayores hablar de las penurias por las que tuvieron que pasar para poder alimentarse en la post-guerra, o a nuestros padres para entender las tropelías que tuvieron que soportar durante la dictadura franquista, para darse cuenta de que el pueblo español (al igual que muchísimos otros) ha pasado por etapas realmente pavorosas.

Y sin embargo, al levantar la cabeza hacia mi alrededor, me encuentro con una sociedad con la que me es cada día más difícil identificarme. En 2006, tuve la fortuna (o no, según se mire) de comenzar a trabajar en Alemania, durante un año y medio (por cierto, la señora Merkel ya era canciller de los teutones en aquella época). Una de las cosas que mejor recuerdo fue el tratamiento que los germanos dan a la época más oscura de su país, el nazismo. Hacen constantemente parodias de Adolf Hitler y de aquella época. Reconozco que al principio pensé que era una reacción extraña, hasta que me hicieron entender que una de las mejores formas de superar algo tan terrible, es precisamente por medio del humor.

Esta fue una de las canciones que salió en aquella época, ridiculizando al Führer, y que fue bastante popular durante el verano alemán. También hubo una película (de las muchas que se hacen constantemente) en el cine, pero no recuerdo el título (a pesar de que fui a verla instado por mis compañeros de trabajo). También la podéis escuchar en inglés.


Allí fue cuando comencé a darme cuenta de lo diferente que es España al resto de países que nos rodean. Mis compañeros daban por hecho que en España también debíamos satirizar a Franco. ¿Alguien puede decirme cuantas parodias sobre la dictadura hemos hecho en nuestro país desde el año 2000?...

Quizá no somos una sociedad tan madura como queremos creer, si, casi cuarenta años después, aun seguimos sin poder hablar de nuestro dictador como lo que fue (incluso hay quien todavía se niega a llamarlo tal).

Después podríamos hablar también de la inmigración. Esa "lacra" que nos quita puestos de trabajo en 2012, pero que en 2006 era el auténtico motor de la economía española (nadie quería trabajar en el campo, salvo ellos, y encima por cuatro duros) y también símbolo de la opulencia que creíamos tener (¿quién no tenía, estando hipotecado hasta las cejas, a una criada sudamericana en la casa?). Mientras en España nos adaptamos según sopla el viento, en Francia, por ejemplo, la población de color en la periferia norte de París es tan mayoritaria que uno no sabría decir si se encuentra en Europa o en Ciudad del Cabo. Lo más sorprendente, es que allí son de barrenderos a ejecutivos, están perfectamente integrados en la sociedad, y nadie mira a una persona de color con extrañeza (hoy en día pasa menos en nuestro país, todo hay que decirlo). En el momento en el que la modernidad (es decir, cuando explotó la burbuja) ya no nos interesaba, comenzamos a lanzar piedras contra los inmigrantes... Ésa es España.

Tampoco me gustaría olvidarme del trabajo. Ni de los mileuristas. En plena burbuja inmobiliaria, mirábamos con lástima a las personas que ganaban 900 euros. Y les preguntábamos, ¿pero podéis vivir con eso?. Hoy, a esas mismas personas que siguen ganando 900 euros, les envidiamos y odiamos por vivir por encima de nuestras ayudas. Y sin embargo, los culpables fuimos nosotros. Todos. Desde los bancos que nos robaron, hasta los descerebrados que creyeron asumible una hipoteca a 50 años pagando 2000€ mensuales. Fuimos tan cretinos y tan ladrones como aquellos a los que, años después, acusamos de habernos engañado... (hay excepciones, pero todos nos entendemos en este punto).

Las huelgas y manifestaciones son algo muy serio en Francia. Recuerdo la primera huelga de transporte de la que fui testigo en el país galo, en 2007. Pensé, ingenuo de mí, que la cosa no sería muy preocupante y que no se notaría mucho... Nada más lejos de la verdad, la huelga se extendió durante casi una semana y paralizó grandes regiones del país.

Los españoles, por contra, cuando llega una huelga, optamos, básicamente por tres vías:

  1. ¿Huelga? Llámelo ¡DÍA DE DESCANSO!
  2. Los sindicatos son unos oportunistas, que les den, yo no voy.
  3. Mi trabajo es más importante que vuestra penuria, que os den.
Y pensar en una huelga que dure dos días (ya no una semana) provocaría una carcajada tan gigantesca que se nos escucharía hasta en Alfa Centauri. Así somos los españoles, esa sociedad competitiva a la cabeza de Europa... (esto es ironía).

Ah, los políticos, no se me puede olvidar nuestra clase predilecta. Esa que nos retrata a la perfección. Caraduras, despreocupados, y conscientes de que lo que hagan hoy, será olvidado mañana. Es la descripción perfecta de un inmenso grueso de nuestra sociedad. ¿Que los mineros se manifiestan? ¡Que se jodan! ¡Ellos no hicieron nada cuando yo lo pasé mal! Y a base de rencores y envidias (algo en lo que somos campeones del mundo permanentemente) nos destruimos mutuamente. Ríanse ustedes de la unión proletaria, aquí nos la pasamos por el arco del triunfo diariamente con tal de poder poner el pie por encima de la cabeza del prójimo.

Eso sin hablar de la "conciencia política" de este país. Que, si bien empieza a tomar forma entre los más jóvenes (como demuestran los últimos sondeos de las elecciones más recientes), sigue siendo en realidad fanátismo político. Obreros que son de derechas y defienden a ultranza al partido que no les defiende son uno de los grandes buques insignia de nuestra sociedad.

Y todo esto aderezado con el desprecio a los demás. ¿Que surge un movimiento llamado 15M que pide una democracia real...? Ya aparecerá alguien (seguro que recuerdan quién) para decir que se trata de un "poblado chabolista". ¡Por pedir una democracia de verdad! Es decir, por pedir algo para el bien de toda la sociedad española. Y así, suma y sigue hasta el infinito. ¿Que alguien propone una idea y yo no soy el centro de atención? ¡A por él!

Llegados a este punto, me doy cuenta de que en realidad, no me estoy dirigiendo a una sociedad. Somos una nación, sí, todos españoles, también. Pero del trabajo en grupo, del bien común, y de mirar hacia adelante en beneficio de todos no queremos oír ni hablar. Es más fácil (y divertido, al parecer) destruir y ralentizar a todo el mundo para que nadie pueda estar menos jodido que nosotros.

¿Por qué se ofrecen trabajos por 400€ brutos/mes? Porque si no lo aceptas eres un vago. Nada de sueldos dignos, nada de luchar por los derechos de los de abajo. Que va, es mejor coger los dardos y atacar a los demás... Y bajo ese concepto se escuchan salvajadas como "es mejor un esclavo en el trabajo que un señor en el paro". La consecución máxima de la destrucción del valor de uno mismo.

Me preocupa la crisis, me preocupa la realidad que nos rodea, pero por encima de todo, me preocupa que desde hace muchos años, el concepto de sociedad le fue arrebatado a los españoles, y nosotros, voluntariamente, hemos estado aplaudiendo con las orejas desde aquel entonces...

Sociedad española, si estás ahí, hazte oír, porque yo, no te encuentro.

3 comentarios:

  1. La sociedad española está desgraciadamente, en su mayor parte, catatónica. Bien lo resumió Pérez-Reverte en aquel evento deportivo, los franceses levantándose y cantando la Marsellesa, los españoles ante su himno como quien oye llover...

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  2. Cuánta razón en tus palabras, no somos más que testigos de lo que tristemente somos como sociedad, con defectos anquilosados, arrastrados y tapados en época de bonanza, es más, creo que aquella época de 10 años sirvió para tapar y esconder aún más aquello que permitía hacernos cambiar como país y sociedad, el reducto que ahora somos algunos pocos no puede con esa gran mayoría silenciosa y aborregada que se somete a unos cuantos.

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  3. Yo creo que si nos reuniéramos y coordináramos los pocos que razonamos y a quienes nos importa, sí que podríamos hacer algo. Esta masa abotargada no la veo muy capaz de reaccionar pero puede metafóricamente hablando remar, sólo necesitan que alguien en el timón les lleve a buen puerto. Hacen falta cerebros o intelectuales que conduzcan y coordinen todo esto.

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