lunes, 25 de junio de 2012

Cuando la desesperación nos puede

Estamos desesperados. En todos los niveles, desde los políticos (unos preocupados porque no nos demos cuenta de todo lo que han robado, otros por tapar el esperpento), hasta las familias más humildes (cada vez oigo más historias de familias que deberían estar bien asentadas planteándose, muy seriamente, dejar España para poder buscar la estabilidad en otros lugares.

No es una mala solución, visto lo visto. En un entorno que es cada vez más hostil hacia la clase obrera y en un sistema financiero que poco a poco se encierra cada vez más en la élite (aquí ya sólo quiebran los de abajo, a los de arriba se les recapitaliza; a costa de los de abajo, para más ironía). Pero si escuchamos a los entendidos, aquellos partidarios de que este es un signo de debilidad del actual modelo económico, la solución no sería emigrar, ya que sólo estaríamos retrasando lo inevitable.

La solución pasa por cada uno de nosotros, desde el nivel más básico de la sociedad. La solución pasa por ayudarse mutuamente. Dejar de mirar con desprecio al que cobra (o al que está parado, según la situación del observador) y pasar a extender los puentes que nuestra sociedad debía haber extendido décadas atrás.

La solución pasa por participar más en la vida política española, lejos de idealismos preformados y de patrones basados en el desconocimiento (no apoyes al PP o al PSOE simplemente porque eso sea lo que has oído a lo largo de tu vida; hazlo, si quieres, pero con tus propios fundamentos, sin ser loro de las ideas de otros, que nunca podrán ser al 100% las tuyas).

La solución pasa por ser creativo. Es posible reactivar la economía, sí, y el empleo. Es posible que haya emprendedores ahí fuera que ni siquiera saben que lo son porque siempre se les ha dicho que eso no es lo suyo.

La solución pasa por dejar de pegarnos patadas entre nosotros (la clase baja) para dársela a los de arriba. Como hicieron en Islandia (dónde encarcelaron a los responsables de su crisis), rehaciendo la sociedad para ayudar a la sociedad... Para convertirse en la envidia de esa Europa que quiere ser como el pequeño país nórdico y no puede porque está atada por el neoliberalismo.

Un cambio así es posible, porque el pueblo (somos el 99%, recordad) es el que tiene su destino en sus manos. Pero para eso, quizá haya que seguir durmiendo, esperando a que la desesperación termine de empujarnos al precipio...

¿O no?

1 comentario:

  1. Hay otro problema, que hemos tratado precisamente ayer en una charla: ¿cómo puedes emprender si te niegan todos los créditos aún teniendo una idea que sabes que funciona, por el mero hecho de ser (por ejemplo) un modesto jubilado sin ningún título de ingeniería ni de otro tipo? No se valoran las iniciativas en este país, sólo el "tanto tienes, tanto vales".

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