miércoles, 11 de julio de 2012

Carta a Mariano Rajoy

Señor Rajoy,

Quiero aprovechar la oportunidad que me brinda este día para hacerle llegar mi reflexión. Entiendo que quizá las circunstancias no sean las más apropiadas; habiendo sido ésta una jornada dura.

Le creo, sinceramente, le creo, cuando dice que no es fácil para usted anunciar estas medidas al vulgo. Del mismo modo que estoy seguro de que, en su momento, tampoco fue fácil para Herodes ordenar la Matanza de los Inocentes.

Estoy seguro de que llegó al poder convencido de que podría cambiar el rumbo de este país cumpliendo su programa electoral (fácil por otra parte, teniendo en cuenta que no había prometido nada, y que no ha tenido grande inconveniente en desdecirse sobre aquello que en el año 2010 no veía con buenos ojos).

Por eso, en estos momentos de tremenda frustración social, señor Rajoy, me gustaría congratularle, a usted, y al resto de políticos que conforman el Partido Popular; así como a su inefable aliado, el señor Rubalcaba (lógico por otra parte, no se vaya a romper la baraja y dentro de cuatro años descubramos que el pueblo ha decidido acabar con el bipartidismo) que hoy, en un ejercicio de patriotismo insultante, ha optado por agachar la cabeza para constatar lo que muchos ya sabíamos, que PP y PSOE son lo mismo.

En estos seis meses, ha conseguido que más gente esté en el paro, que más familias estén en el umbral de la pobreza (si no se han metido ya de lleno en ellos), y que la sanidad y la educación pasen a ser parte de esos caprichitos que, simplemente, están por encima de nuestras posibilidades.

Y por ello, le felicito. Porque en este país ni sentimos ni padecemos. La sociedad reacciona igual ante dos millones de parados que ante cinco. Los cinco que están fastidiados piden ayuda desesperados, los restantes, les gritan, muy patrióticamente que se jodan. Panda de vagos, claramente.

Sabemos que esto lo está haciendo usted con la mejor de las intenciones. Ya lo dijo, clara (y muy sabiamente). Esto es culpa de la herencia. Y como en todo, aquí no pasa nada. De hecho, nunca ha pasado. Se puede, y se debe culpar a la herencia, porque es el equivalente al jefe que critica al anterior en una empresa. Es la excusa perfecta para hacer y deshacer a su antojo (y no lo olvidemos, es una fórmula que ustedes, en el PPSOE, han aprendido a las mil maravillas).

Le quiero congratular, asímismo, por su intervención en TVE. Empezaba a preocuparme la desaparición de esas grandes series como Ana y los Siete, y la información, cada vez más extraña, que comenzaban a aparecer en sus telediarios. A nosotros, a los españoles, no nos importan los mineros, ni la crisis. Queremos hablar de toros, de fútbol, y de lo mal que lo pasa la polícia que intenta calmar a unos hombres desesperados que sólo intentan luchar por su futuro.

De hecho, por esto último también le quiero felicitar, y le ruego, encarecidamente, que haga extensible esta felicitación a toda la familia política de PPSOE. En estas tres décadas de democracia, nunca he oído a uno de sus partidos hablar de unidad nacional, de un sentimiento patrio que nos ayude a identificarnos con nuestra nación para movernos hacia adelante en busca del bien común. Perdón, miento, sí lo han hecho... con el terrorismo... y nada más.

Por ello, señor Rajoy, permítame hacerle una recomendación. Ahora que, evidentemente, está en lo alto de la ola, váyase. No cometa el error de los que le precedieron en el cargo de presidir esta alegre familia que se reparte parabienes y aplauden mientras se anuncian medidas salvajes para el vulgo. Si se va ahora, será visto como un político decente. Probablemente, el único político decente de PPSOE. Y eso, no es moco de pavo.

Como no quiero pecar de mal español, y de no arrimar el hombro, se me ocurre que hay algo que no se está reclamando en pos del bien común. Ese bien común por el que le ha recortado el sueldo a los funcionarios, reducido la prestación del paro para fomentar la búsqueda de trabajo (entre amigos, hubiera sido mucho más fácil, y rápido, haber llamado vagos a todos esos chupópteros que son incapaces de aceptar trabajos por 350 euros brutos/mes, pero me estoy desviando del tema). Creo que la receta para poder seguir buscando cómo reorientar la economía española, señor Rajoy, reside ahora en el diezmo.

Y lo mejor de todo, no tendrá que preocuparse de que los españoles le digamos que nos mintió con él, porque en la Edad Media ni siquiera existía la prensa.

Sea sensato, señor Rajoy. Márchese y deje su nombre inscrito en letras doradas en la historia de este país. Y llévese con usted a todos los que forman esa familia feliz del PPSOE...


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