martes, 3 de julio de 2012

Cuando el mundo dejó de girar

Llegó el domingo, y la selección española se proclamó campeona de Europa por segunda vez consecutiva... Y quizá, auspiciados por la llegada del mes de julio, el mundo se paró. A pesar de un rescate de 100.000 millones, a pesar de un incendio devastador en Valencia, a pesar de tener un presidente que parece más interesado en presenciar eventos deportivos que en ejercer la labor para la que fue elegida democráticamente...

La reflexión es devastadora. Estamos más preocupados por lo que aparentamos que por lo que somos. ¿Que el país arde? Es normal, es verano, y en esta tierra hace calor. Así que como todo lleva años quemándose, por qué vamos a preocuparnos ahora. ¿Que tenemos deudas? Siempre ha habido momentos más duros, así que, ¿por qué alarmarse ahora?. ¿Que el presidente se va a ver el fútbol? Es normal, por fin tenemos una selección competente.

Y así suma y sigue... España se proclama campeona de Europa y todo el mundo es feliz. Llega el verano y nos preocupa más la playa... mientras RTVE es desmantelada y puesta de nuevo al servicio del Gobierno y en detrimento del Estado.

Los logros (sociales) que vinieron de la mano de la burbuja inmobiliaria se están desvaneciendo al mismo ritmo que lo hace aquel velo de pomposidad que cubría a la sociedad durante el gran 'boom' económico. Y detrás de ese velo, lejos de encontrar un ánimo de tirar hacia adelante y cambiar las cosas, lo único que queda es un poso de fiesta y despreocupación que hace imposible preguntarse si realmente lo que está sufriendo un país como Grecia no es tan lejano, o si es que realmente nos trae todo sin cuidado, y, como la ministra, esperamos que la Virgen del Rocío nos saque de nuestras penurias.

Al final, evidentemente, tenemos lo que merecemos. La pregunta es, ¿hasta cuándo? Probablemente, y viendo en qué punto está nuestra sociedad, en el siglo XXII, cuando el mundo esté en el siglo XXII, nuestra sociedad entrará en la que fue la sociedad del siglo XXI...

Mientras tanto, yo seguiré esperando encontrar a esos que, como yo, queremos que de nuestro país se sepa algo más que las tres palabras mágicas: Toros, siesta y fútbol.

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