jueves, 12 de julio de 2012

Dignidad

Hoy tengo una palabra en la cabeza...
Dignidad: Esa palabra olvidada en casi toda la sociedad... Desde políticos (¿qué aplaudían ayer?) hasta medios de prensa, pasando por todos y cada uno de nosotros.

"El Partido Popular aplaude (y sonríe) ante los recortes más brutales de España"

La dignidad es algo que no se puede comprar, ni vender. Es algo que se tiene desde nuestro nacimiento, y que es responsabilidad propia conservarla hasta el día de nuestra muerte. En España, la dignidad siempre se ha visto reñida con la picaresca, y en las últimas décadas, con la desvergüenza más galopante.

Es difícil asimilar los recortes de ayer, pero es aun más difícil (y triste) ver a otras personas, igualmente afectadas por estas medidas, atacar al resto de la sociedad utilizando los mismos argumentos que sus pastores. La manida herencia es una buena manera de decir aquí mando yo. Tan sumamente elegante, que sirve para hacer comulgar con ruedas de molino a personas de la clase obrera que, de ninguna manera razonable, podrían estar de acuerdo con estas medidas tan brutales.

La dignidad es eso que nos dejamos en el camino, seguramente en algún momento del franquismo (cuando no quedaba otro remedio que perderla para conservar la vida, en según qué casos) y que todavía no hemos recuperado. Es eso que hace que, cuando la gente grita "¡a  la calle!" algunos se levanten y se unan. 

Pero por cada uno que se levanta, diez se quedan sentados, pensando en cómo conseguirán sobrevivir. Preguntándose si no deberían aceptar ese trabajo basura para poder seguir perpetuando en el poder a la Gran Ramera que es el estamento político que nos gobierna. Prefieren lanzar por la borda, de nuevo, la dignidad, sin transmitir más mensaje que el pesimismo a quienes les rodean.

Cuando se pierde la dignidad afloran los mediocres. España es el país, por excelencia, de los ataques ad hominem. El país por excelencia en el que el analfabeto es manipulado para atacar a otros y aplaudir sumisamente ante el látigo que chasquea antes de destrozar su espalda a base de recortes salvajes.

La dignidad es de lo poco que nos queda (la ilusión ya se ha perdido, casi por completo). Y un día después, es ese sentimiento el que tiene que impulsarnos a levantarnos, luchar contra las injusticias, y comenzar a llamar a las cosas por su nombre.

Lo de ayer no fue un recorte. Lo de ayer fue el comienzo de la Nueva España. La España sumisa en la que la clase obrera de derechas (un concepto absolutamente hilarante) corean a sus represores incapaces de comprender que, en realidad, ellos son los primeros sacrificados de nuestra sociedad.

Ante la represión y el analfabetismo: Dignidad, perseverancia, y sobretodo, dialéctica. Dejemos de demostrar a Europa que somos una panda de borregos.

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