viernes, 6 de julio de 2012

El Homo españolis, una rareza de la Humanidad

Toros, putas, obras faraónicas, corrupción, amiguismo, enchufismo... El homo españolis es diferente a todos los demás. Un misterio indescifrable de la evolución. Fuera de las fronteras de su recinto ibérico nadie les entiende.

Se dice, en los rincones más oscuros de las ciudades europeas, que antaño estos seres humanos tuvieron cierto nivel de inteligencia, llegando a establecer, siglos atrás, un imperio que se extendía a lo largo del planeta. Hoy en día, sin embargo, parece haber desarrollado una sociedad incomprensible, que nada a contracorriente incluso para los más avezados investigadores. Desde una amnistía fiscal en la que, a este ritmo, pronto se dará un 10% del dinero declarado a los defraudadores (que además, asesores mediante, se han encargado de hacer llegar al Gobierno que así su dinero no lo van a conseguir) a pavonearse en diciembre de haber reducido la protección anti-incendios en un país que sufre, año sí y año también, de una sequía galopante en el 80% de su territorio.

El homo españolis no sólo es feliz en esta sociedad, si no que además se vanagloria y se ríe de los demás. Es capaz de alegrarse de los éxitos colectivos y de criticarlos por igual, con tal de no ver la realidad que ha sido convenientemente disfrazada por los homos españolis al mando de la sociedad.

Su gobierno, cada vez más cercano a la dictadura que a la democracia, es el primero de la historia de Europa que ha conseguido llegar al poder sin prometer absolutamente nada, y mintiendo a cada paso.

Y es que así es este particular grupo de seres humanos. Capaz de levantar el puño y corear a aquellos que no dudan en decir lo que piensan, y al mismo tiempo, tan sólo 30 segundos después, bajar la cabeza y decir "así nos va".


Es cierto que entre estos individuos se encuentran, convenientemente disfrazados, algunos ejemplares de Homo Sapiens; si bien éstos deben ser descartados como una mera anécdota no representativa de una sociedad atemporal, que, gracias a la burbuja convenientemente tejida por políticos y medios, podría vivir y encajar igual de bien en la Europa del siglo 12, que en la del siglo 35.

Es indescifrable hacia dónde se dirige esta sociedad, dada su particular naturaleza. Si bien la situación económica y social de su país es muy similar (alarmantemente similar, de hecho) a la de Grecia, su sociedad parece contentarse con tumbarse a tomar el sol en sus playas mientras dicen "tú primero" al ser preguntados sobre qué piensan hacer para intentar corregir un rumbo cada vez más torcido.

Por ello, y con el ánimo de preservar a tan especial grupo de seres humanos, en pos de la evolución, propongo que nombremos el territorio de España como Reserva Natural del Homo Españolis. Ya que no pudimos salvar al Dodo, salvemos a nuestros congéneres de una posible extinción (y contaminación del homo sapiens) de llegar a relacionarse más allá de sus fronteras.

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