miércoles, 11 de julio de 2012

España, año 2032

Madrid ya no es lo que era. Entre los edificios ruinosos de la clase obrera (que hace años dejaron de ser sostenibles) se concentran personas que hipotecaron sus vidas hace muchos años. Todavía les vemos como víctimas, aunque algunos de ellos fueron culpables de su propia situación. Las calles se siguen llenado de miles de mendigos. Son personas normales, familias enteras, en ocasiones, que se han acostumbrado a tener que vivir de las sobras de los ricos. Su futuro es el de millones de españoles. Por aquí ya no viene ni la policía.

Esos españoles que se dejaron aplastar tranquilamente por la clase política y los bancos veinte años atrás. Esos españoles que, a gritos de "¡Yo soy español, español, español!" e insultos a los que les decían que quizá el futuro era mucho más negro de lo que creían, se dejaron llevar por la tradición de siempre. Esos españoles que decían "Tú primero" cuando alguien hacía ver que tarde o temprano era necesario reaccionar.

Pensábamos que la crisis iba a ser dura, pero que saldríamos adelante. Se nos hizo creer que con recortes y más desempleo, mágicamente, saldríamos adelante. En realidad sí, los bancos se recuperaron, y volvieron a dedicarse a lo que habían venido haciendo hasta aquel entonces. Los ricos se siguieron haciendo más ricos. Y para los demás, hambre y desesperación; culpados de haber vivido por encima de sus posibilidades, saqueados por una clase alta que nunca estuvo dispuesta a aceptar sus propios errores y a la que nunca pedimos responsabilidades.

¿Y para qué? En este país nunca se nos ha dado bien eso de la lucha obrera. Nunca hemos tenido una auténtica conciencia democrática. Y a vueltas entre el franquismo y la herencia del último partido en el Gobierno, nos fuimos hundiendo, más preocupados por asegurarnos de que los demás se hundieran con nosotros que de buscar una salida para todos.



El futuro ahora pinta aun más negro. Estas familias, estos nuevos mendigos (que lejos quedan aquellos años de los nuevos ricos) no tienen ninguna perspectiva de futuro ni para ellos ni para sus hijos. La atención sanitaria está fuera de su alcance (más allá de la prestada, caritativamente, por unos pocos), la educación es un lujo al que no pueden acceder.

En el año 2032 ya no se habla de nosotros. Hemos pasado a ser el objetivo de las grandes naciones, que ven en España un punto estratégico para controlar el Mediterráneo al que nunca antes hubieran podido meter mano.

En el año 2032, la sociedad sólo está compuesta por los ricos que siguen siendo más ricos, mientras los más desfavorecidos mueren de hambre cada día.


Y todo porque nunca fuimos capaces de salir a la calle sin levantar un dedo acusador que dijera "¿dónde estabáis vosotros cuando mi colectivo estaba jodido?". Todo porque nunca fuimos capaces de preocuparnos por nada más que por nosotros mismos. Porque ni después de los ataques más salvajes al proletariado, fuimos capaces de despertar.



Este es un país en venta. En unas décadas, la clase obrera habrá emigrado, o muerto en las calles. Será un nuevo comienzo. Un vergel para los nuevos jeques occidentales, dónde los más ricos seguirán siendo más ricos, y los más pobres seguirán siendo aun más exprimidos.

En el año 2032, España seguirá siendo España. Incapaces de hacer ninguna crítica colectiva, preferiremos consolarnos sabiendo que otros también pasan hambre y que no tienen acceso a la educación o la sanidad. Preferiremos consolarnos pensando que, quizá, la Selección vuelva a ganar otra vez. Preferiremos consolarnos pensando que no fue culpa nuestra, porque nadie hizo nada.

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