lunes, 23 de julio de 2012

En el país del sinvergüenza, el ladrón es rey

Desde nuestros banqueros hasta nuestros políticos, desde nuestros fruteros hasta nuestros autónomos. En todos los estamentos de la sociedad hay algún tipo de corrupción en funcionamiento. Y cuanto más se sube en calidad de vida o responsabilidad más común es que se esté ejecutando algún tipo de tropelía de dimensiones aun más importantes.

Desde las habituales facturas sin pagar/declarar de pequeñas empresas y negocios, hasta diputados que, teniendo residencia en Madrid, cobran 1.800€ mensuales para sufragar sus desplazamientos. Sin olvidarnos del constante robo y despilfarro de nuestros políticos. Los de derechas, muy dados ellos a utilizar la frase aquella de "el socialismo fracasa cuando se acaba el dinero de los demás" han sido el mayor ejemplo de su propio lema, dilapidando, a manos llenas, dinero en todo lo que les ha venido en gana. Desde estaciones de AVE en pueblos de 1.000 personas (Tardienta, Huesca), a aeropuertos en los que no ha aterrizado un sólo avión.

En la izquierda las cosas tampoco es que vayan mucho mejor. Más fragmentados que nunca, incapaces de presentar una oposición real y, más preocupante todavía, incapaces de defender al pueblo que dicen representar (¿cuántas veces ha llamado el PSOE a la huelga a los españoles?), se han convertido en dos cosas: o bailarines de esta danza del sacrificio español (desde el sector más grande), o en altavoces de unas ideas que no pueden llegar a nadie porque el control de los medios ya está funcionando a pleno rendimiento.

Y claro, vistas las cosas, es normal que al final las cuerdas del país las lleven los sinvergüenzas más absolutos del reino. Esos que no dudan en decir "que se jodan" a los parados, ni de vendernos que generan confianza más allá de nuestras fronteras; para pasar a decir (cuando el discurso ya no funciona) que es que aquí hay en marcha una gigantesca conspiración europea contra España.

Será que más allá de nuestras fronteras esto de la corruptela no está muy bien visto (miremos a los griegos, en una situación aun más terrible que la de España y en la que la corrupción ha campado, y campa, a sus anchas). Pero claro, somos así. Nos preocupa más hacer carnaza de las desgracias de otros (incluso de otros españoles) y de ganarmos 

Y así, poco a poco, termina siendo casi hasta natural que haya personas que se pregunten ¿y por qué no habré hecho yo lo mismo?. Mientras unos gritan Sálvese quien pueda, otros revisan nuestros bolsillos para asegurarse de que no quedan monedas que no encuentren un destino a un paraíso fiscal.

El españolito medio, mientras tanto, sigue en el sillón de su casa, más preocupado por celebrar (o criticar, según se tercie) los éxitos/fracasos de nuestros deportistas, y las idas y venidas del corazón; que de darse cuenta de que el Estado está siendo desmantelado por una élite que sólo se preocupa por sí misma.

Pero claro, ¿por qué iba a reaccionar el españolito medio de otra manera? A fin de cuentas, siempre ha habido períodos de vacas flacas. Esta vez, las vacas son aun más flacas que otras veces, pero siempre se sale adelante... ¿verdad?

Es un sistema perfecto. En el país del sinvergüenza, el ladrón es rey, y los que no se aprovechan del estado (ni se enfrentan a él), son la carnaza que les alimenta.

lunes, 16 de julio de 2012

La unión hace la fuerza

Primero fueron los profesores, luego médicos, enfermeros... después vinieron los mineros, ahora los funcionarios. Poco a poco, la indignación se va apoderando de los colectivos españoles, que (hasta ahora) siempre se habían mantenido aislados. Todavía sigue siendo el caso. Todavía seguimos viendo a los mineros por un lado, a los funcionarios por otro, a la marea verde por otro...

Pero poco a poco, se van apagando las voces discordantes, las que siempre oíamos criticando al colectivo de turno que se manifestaba. Con el tiempo, parece que va calando en la sociedad el mensaje de que no son unos pocos los que están jodidos. ¿A dónde nos llevará todo esto?, eso es difícil de saber, pero una cosa es cierta. Puede que esté germinando la semilla de una mayor cohesión social, algo que sólo puede ser positivo para la sociedad en sí.


Eso sí, que nadie espere un cambio radical de la noche a la mañana. No va a suceder. Seguramente, por lo menos durante las próximas semanas, o incluso meses, seguiremos viendo a todos estos colectivos librando sus propias guerras independientemente (en vez de comprender que la unión hace la fuerza).


Funcionarios se manifiestan frente al ayuntamiento. Fuente: @MasPublico


Es un cambio de mentalidad, indudablemente. Y ahora hay que conseguir encauzar toda esa voluntad por intentar conseguir que España deje de hundirse hacia aunar esfuerzos. Es la hora de dejar de mirar de reojo a otros colectivos, de buscar rencillas de antaño con las que criticar al prójimo (que sólo sirven para beneficiar a los de arriba). Es la hora de darse cuenta de que el poder, el auténtico poder, no reside en una cámara donde unos tipos trajeados aplauden los recortes más salvajes de la historia de este país.

El auténtico poder reside en el pueblo. El que inicia las revoluciones y consigue los cambios que siempre ha querido. Desde la revolución francesa hasta el fin del racismo, todo, absolutamente todo, vino de abajo. 

Así que, funcionarios, médicos, profesores, mineros, todos. Dejemos de ser cien voces diferentes para convertirnos en una sola. Y que llegue lo que tenga que llegar.

domingo, 15 de julio de 2012

El país del gratis total

En España se lleva el gratis total. Somos así. Capaces de justificar lo injustificable para no tener que mover un dedo y dejar nuestros sillones. En España, grandes figuras de la política moderna como Mubarak, o Gadafi, no sólo hubieran encontrado un terreno maravilloso que gobernar. Hasta hubieran encontrado el apoyo de los españoles que (del mismo modo que hoy defienden los recortes) justificarían las penurias de los demás alegando la herencia de vaya usted a saber qué.

Pero es que, nos guste o no, esto es España. Es imposible que exista una conciencia social cuando, durante años, la filosofía reinante ha sido la del "que se jodan" que tan perfectamente ilustró Andrea Fabra durante la sesión del pasado miércoles.
El mensaje que transpira de los recortes del Gobierno (para incentivar el trabajo), no podría ser más claro: Los españoles son unos vagos redomados, así que vamos a bajaros el paro para ver si así os levantáis y movéis el culo.

Y nosotros, como borregos, hemos agachado la cabeza y dicho, "Sí, maese". Tampoco es que hubiera mucha más alternativa. Aceptar trabajos indignos es algo que se nos da a las mil maravillas. Si lo rechazas, eres un vago, si te quejas del salario, que no te parece digno para poder vivir, un perroflauta, y así, suma y siuge.

España es la tierra soñada por los empresaurios. Esclavos sumisos incapaces de cualquier queja. ¿Que hay huelga? No pasa nada, ya ganan tan poco para empezar, que los españoles no pueden plantearse salir a las calles (los 5 millones de parados sí, pero ni ellos lo hacen, demasiado caló, supongo).

En otros países, la corrupción es perseguida y condenada. Aquí, salvo unos pocos indignados, lo cierto es que parece que gran parte de la sociedad aspira a ser algún día como los grandes corruptos que nos gobiernan. La cultura del pelotazo. La ley del mínimo esfuerzo por el máximo provecho. Y en lugar de ir a por los que rompen la ley, España, en una demostración de surrealismo, premia a los defraudadores (a los que escucha cuidadosamente para ver cuánto más hay que rebajar el dinero declarado para intentar convencerles de que es buena idea blanquearlo) y castiga, todavía más, a los pocos ciudadanos honestos que cometen la desfachatez de considerar cosas como pagar el IVA.

Andrea Fabra lo dijo claramente: que se jodan. Y los españoles respondieron no menos claramente: sin grandes alborotos.

Que nadie se lleve a engaño, tampoco serán nuestros hijos los que luchen por sus derechos. Porque la generación que venga después de ésta, tendrá un mensaje perfectamente regurgitado que transmitir: la culpa es de la herencia. Y se dedicarán a atacar a otras personas basándose en que la situación es culpa de los padres del prójimo (que viene a ser lo que hacemos nosotros) mientras los empresaurios y defraudadores de la siguiente generación seguirán haciendo su agosto.

La verdad, menudo chiringuito nos hemos montado en España...

viernes, 13 de julio de 2012

Y la ignominia se hizo arte

"¡Que se jodan!". Dicho así, apenas nos transmite nada. Y no porque la frase no sea una barbaridad, si no porque a los españoles se nos da tan bien atacar al prójimo, y la decimos tan a menudo, que al final pierde su significado.

Pero ayer, Andrea Fabra dijo estas tres palabras mágicas (utilizadas a menudo para desahogar frustración) después de que Rajoy anunciase los recortes a la prestación del paro... y España se encogió de hombros. No virtualmente. La Red arde con indignación  de salón por las declaraciones de esta mujer que desde luego no representa al pueblo, pero el resto de la sociedad, simplemente, se ha encogido de hombros, una vez más.

No es que espere que inundemos la fachada de Moncloa o el Parlamento de huevos (que tampoco estaría mal, ya lo hicieron los griegos con su parlamento), pero la sumisión que demostramos como sociedad ante el constante insulto público es vergonzosa. Ni por éstas hemos salido a la calle.


Se han especializado en reírse de nosotros. Insultos, aplausos, y desprecio de la sociedad española (esos caprichitos, por ejemplo). Han elevado la ignominia a un nuevo nivel. Y para pavor de un servidor, seguimos sin ser capaces de reaccionar en las calles.

A pesar de que hemos visto odio en los diputados del Partido Popular, seguimos sin abrir los ojos. Es absolutamente indignante entender que a pesar de lo que suceda, lo más seguro es que no salgamos a la calle. De hecho, ya se alzan voces en contra de la manifestación convocada para el próximo 19 de julio.

Y claro, bajo esa perspectiva, sinceramente, ¿qué podemos pretender salvo más humillaciones, insultos y ataques a la sociedad? Nada. Nada, porque somos tan sumamente sumisos que, mientras no pasemos hambre (pero de la de verdad, de la que sólo algunos españoles están sufriendo ya), seremos incapaces de reaccionar.

jueves, 12 de julio de 2012

Dignidad

Hoy tengo una palabra en la cabeza...
Dignidad: Esa palabra olvidada en casi toda la sociedad... Desde políticos (¿qué aplaudían ayer?) hasta medios de prensa, pasando por todos y cada uno de nosotros.

"El Partido Popular aplaude (y sonríe) ante los recortes más brutales de España"

La dignidad es algo que no se puede comprar, ni vender. Es algo que se tiene desde nuestro nacimiento, y que es responsabilidad propia conservarla hasta el día de nuestra muerte. En España, la dignidad siempre se ha visto reñida con la picaresca, y en las últimas décadas, con la desvergüenza más galopante.

Es difícil asimilar los recortes de ayer, pero es aun más difícil (y triste) ver a otras personas, igualmente afectadas por estas medidas, atacar al resto de la sociedad utilizando los mismos argumentos que sus pastores. La manida herencia es una buena manera de decir aquí mando yo. Tan sumamente elegante, que sirve para hacer comulgar con ruedas de molino a personas de la clase obrera que, de ninguna manera razonable, podrían estar de acuerdo con estas medidas tan brutales.

La dignidad es eso que nos dejamos en el camino, seguramente en algún momento del franquismo (cuando no quedaba otro remedio que perderla para conservar la vida, en según qué casos) y que todavía no hemos recuperado. Es eso que hace que, cuando la gente grita "¡a  la calle!" algunos se levanten y se unan. 

Pero por cada uno que se levanta, diez se quedan sentados, pensando en cómo conseguirán sobrevivir. Preguntándose si no deberían aceptar ese trabajo basura para poder seguir perpetuando en el poder a la Gran Ramera que es el estamento político que nos gobierna. Prefieren lanzar por la borda, de nuevo, la dignidad, sin transmitir más mensaje que el pesimismo a quienes les rodean.

Cuando se pierde la dignidad afloran los mediocres. España es el país, por excelencia, de los ataques ad hominem. El país por excelencia en el que el analfabeto es manipulado para atacar a otros y aplaudir sumisamente ante el látigo que chasquea antes de destrozar su espalda a base de recortes salvajes.

La dignidad es de lo poco que nos queda (la ilusión ya se ha perdido, casi por completo). Y un día después, es ese sentimiento el que tiene que impulsarnos a levantarnos, luchar contra las injusticias, y comenzar a llamar a las cosas por su nombre.

Lo de ayer no fue un recorte. Lo de ayer fue el comienzo de la Nueva España. La España sumisa en la que la clase obrera de derechas (un concepto absolutamente hilarante) corean a sus represores incapaces de comprender que, en realidad, ellos son los primeros sacrificados de nuestra sociedad.

Ante la represión y el analfabetismo: Dignidad, perseverancia, y sobretodo, dialéctica. Dejemos de demostrar a Europa que somos una panda de borregos.

miércoles, 11 de julio de 2012

Carta a Mariano Rajoy

Señor Rajoy,

Quiero aprovechar la oportunidad que me brinda este día para hacerle llegar mi reflexión. Entiendo que quizá las circunstancias no sean las más apropiadas; habiendo sido ésta una jornada dura.

Le creo, sinceramente, le creo, cuando dice que no es fácil para usted anunciar estas medidas al vulgo. Del mismo modo que estoy seguro de que, en su momento, tampoco fue fácil para Herodes ordenar la Matanza de los Inocentes.

Estoy seguro de que llegó al poder convencido de que podría cambiar el rumbo de este país cumpliendo su programa electoral (fácil por otra parte, teniendo en cuenta que no había prometido nada, y que no ha tenido grande inconveniente en desdecirse sobre aquello que en el año 2010 no veía con buenos ojos).

Por eso, en estos momentos de tremenda frustración social, señor Rajoy, me gustaría congratularle, a usted, y al resto de políticos que conforman el Partido Popular; así como a su inefable aliado, el señor Rubalcaba (lógico por otra parte, no se vaya a romper la baraja y dentro de cuatro años descubramos que el pueblo ha decidido acabar con el bipartidismo) que hoy, en un ejercicio de patriotismo insultante, ha optado por agachar la cabeza para constatar lo que muchos ya sabíamos, que PP y PSOE son lo mismo.

En estos seis meses, ha conseguido que más gente esté en el paro, que más familias estén en el umbral de la pobreza (si no se han metido ya de lleno en ellos), y que la sanidad y la educación pasen a ser parte de esos caprichitos que, simplemente, están por encima de nuestras posibilidades.

Y por ello, le felicito. Porque en este país ni sentimos ni padecemos. La sociedad reacciona igual ante dos millones de parados que ante cinco. Los cinco que están fastidiados piden ayuda desesperados, los restantes, les gritan, muy patrióticamente que se jodan. Panda de vagos, claramente.

Sabemos que esto lo está haciendo usted con la mejor de las intenciones. Ya lo dijo, clara (y muy sabiamente). Esto es culpa de la herencia. Y como en todo, aquí no pasa nada. De hecho, nunca ha pasado. Se puede, y se debe culpar a la herencia, porque es el equivalente al jefe que critica al anterior en una empresa. Es la excusa perfecta para hacer y deshacer a su antojo (y no lo olvidemos, es una fórmula que ustedes, en el PPSOE, han aprendido a las mil maravillas).

Le quiero congratular, asímismo, por su intervención en TVE. Empezaba a preocuparme la desaparición de esas grandes series como Ana y los Siete, y la información, cada vez más extraña, que comenzaban a aparecer en sus telediarios. A nosotros, a los españoles, no nos importan los mineros, ni la crisis. Queremos hablar de toros, de fútbol, y de lo mal que lo pasa la polícia que intenta calmar a unos hombres desesperados que sólo intentan luchar por su futuro.

De hecho, por esto último también le quiero felicitar, y le ruego, encarecidamente, que haga extensible esta felicitación a toda la familia política de PPSOE. En estas tres décadas de democracia, nunca he oído a uno de sus partidos hablar de unidad nacional, de un sentimiento patrio que nos ayude a identificarnos con nuestra nación para movernos hacia adelante en busca del bien común. Perdón, miento, sí lo han hecho... con el terrorismo... y nada más.

Por ello, señor Rajoy, permítame hacerle una recomendación. Ahora que, evidentemente, está en lo alto de la ola, váyase. No cometa el error de los que le precedieron en el cargo de presidir esta alegre familia que se reparte parabienes y aplauden mientras se anuncian medidas salvajes para el vulgo. Si se va ahora, será visto como un político decente. Probablemente, el único político decente de PPSOE. Y eso, no es moco de pavo.

Como no quiero pecar de mal español, y de no arrimar el hombro, se me ocurre que hay algo que no se está reclamando en pos del bien común. Ese bien común por el que le ha recortado el sueldo a los funcionarios, reducido la prestación del paro para fomentar la búsqueda de trabajo (entre amigos, hubiera sido mucho más fácil, y rápido, haber llamado vagos a todos esos chupópteros que son incapaces de aceptar trabajos por 350 euros brutos/mes, pero me estoy desviando del tema). Creo que la receta para poder seguir buscando cómo reorientar la economía española, señor Rajoy, reside ahora en el diezmo.

Y lo mejor de todo, no tendrá que preocuparse de que los españoles le digamos que nos mintió con él, porque en la Edad Media ni siquiera existía la prensa.

Sea sensato, señor Rajoy. Márchese y deje su nombre inscrito en letras doradas en la historia de este país. Y llévese con usted a todos los que forman esa familia feliz del PPSOE...


España, año 2032

Madrid ya no es lo que era. Entre los edificios ruinosos de la clase obrera (que hace años dejaron de ser sostenibles) se concentran personas que hipotecaron sus vidas hace muchos años. Todavía les vemos como víctimas, aunque algunos de ellos fueron culpables de su propia situación. Las calles se siguen llenado de miles de mendigos. Son personas normales, familias enteras, en ocasiones, que se han acostumbrado a tener que vivir de las sobras de los ricos. Su futuro es el de millones de españoles. Por aquí ya no viene ni la policía.

Esos españoles que se dejaron aplastar tranquilamente por la clase política y los bancos veinte años atrás. Esos españoles que, a gritos de "¡Yo soy español, español, español!" e insultos a los que les decían que quizá el futuro era mucho más negro de lo que creían, se dejaron llevar por la tradición de siempre. Esos españoles que decían "Tú primero" cuando alguien hacía ver que tarde o temprano era necesario reaccionar.

Pensábamos que la crisis iba a ser dura, pero que saldríamos adelante. Se nos hizo creer que con recortes y más desempleo, mágicamente, saldríamos adelante. En realidad sí, los bancos se recuperaron, y volvieron a dedicarse a lo que habían venido haciendo hasta aquel entonces. Los ricos se siguieron haciendo más ricos. Y para los demás, hambre y desesperación; culpados de haber vivido por encima de sus posibilidades, saqueados por una clase alta que nunca estuvo dispuesta a aceptar sus propios errores y a la que nunca pedimos responsabilidades.

¿Y para qué? En este país nunca se nos ha dado bien eso de la lucha obrera. Nunca hemos tenido una auténtica conciencia democrática. Y a vueltas entre el franquismo y la herencia del último partido en el Gobierno, nos fuimos hundiendo, más preocupados por asegurarnos de que los demás se hundieran con nosotros que de buscar una salida para todos.



El futuro ahora pinta aun más negro. Estas familias, estos nuevos mendigos (que lejos quedan aquellos años de los nuevos ricos) no tienen ninguna perspectiva de futuro ni para ellos ni para sus hijos. La atención sanitaria está fuera de su alcance (más allá de la prestada, caritativamente, por unos pocos), la educación es un lujo al que no pueden acceder.

En el año 2032 ya no se habla de nosotros. Hemos pasado a ser el objetivo de las grandes naciones, que ven en España un punto estratégico para controlar el Mediterráneo al que nunca antes hubieran podido meter mano.

En el año 2032, la sociedad sólo está compuesta por los ricos que siguen siendo más ricos, mientras los más desfavorecidos mueren de hambre cada día.


Y todo porque nunca fuimos capaces de salir a la calle sin levantar un dedo acusador que dijera "¿dónde estabáis vosotros cuando mi colectivo estaba jodido?". Todo porque nunca fuimos capaces de preocuparnos por nada más que por nosotros mismos. Porque ni después de los ataques más salvajes al proletariado, fuimos capaces de despertar.



Este es un país en venta. En unas décadas, la clase obrera habrá emigrado, o muerto en las calles. Será un nuevo comienzo. Un vergel para los nuevos jeques occidentales, dónde los más ricos seguirán siendo más ricos, y los más pobres seguirán siendo aun más exprimidos.

En el año 2032, España seguirá siendo España. Incapaces de hacer ninguna crítica colectiva, preferiremos consolarnos sabiendo que otros también pasan hambre y que no tienen acceso a la educación o la sanidad. Preferiremos consolarnos pensando que, quizá, la Selección vuelva a ganar otra vez. Preferiremos consolarnos pensando que no fue culpa nuestra, porque nadie hizo nada.

viernes, 6 de julio de 2012

El Homo españolis, una rareza de la Humanidad

Toros, putas, obras faraónicas, corrupción, amiguismo, enchufismo... El homo españolis es diferente a todos los demás. Un misterio indescifrable de la evolución. Fuera de las fronteras de su recinto ibérico nadie les entiende.

Se dice, en los rincones más oscuros de las ciudades europeas, que antaño estos seres humanos tuvieron cierto nivel de inteligencia, llegando a establecer, siglos atrás, un imperio que se extendía a lo largo del planeta. Hoy en día, sin embargo, parece haber desarrollado una sociedad incomprensible, que nada a contracorriente incluso para los más avezados investigadores. Desde una amnistía fiscal en la que, a este ritmo, pronto se dará un 10% del dinero declarado a los defraudadores (que además, asesores mediante, se han encargado de hacer llegar al Gobierno que así su dinero no lo van a conseguir) a pavonearse en diciembre de haber reducido la protección anti-incendios en un país que sufre, año sí y año también, de una sequía galopante en el 80% de su territorio.

El homo españolis no sólo es feliz en esta sociedad, si no que además se vanagloria y se ríe de los demás. Es capaz de alegrarse de los éxitos colectivos y de criticarlos por igual, con tal de no ver la realidad que ha sido convenientemente disfrazada por los homos españolis al mando de la sociedad.

Su gobierno, cada vez más cercano a la dictadura que a la democracia, es el primero de la historia de Europa que ha conseguido llegar al poder sin prometer absolutamente nada, y mintiendo a cada paso.

Y es que así es este particular grupo de seres humanos. Capaz de levantar el puño y corear a aquellos que no dudan en decir lo que piensan, y al mismo tiempo, tan sólo 30 segundos después, bajar la cabeza y decir "así nos va".


Es cierto que entre estos individuos se encuentran, convenientemente disfrazados, algunos ejemplares de Homo Sapiens; si bien éstos deben ser descartados como una mera anécdota no representativa de una sociedad atemporal, que, gracias a la burbuja convenientemente tejida por políticos y medios, podría vivir y encajar igual de bien en la Europa del siglo 12, que en la del siglo 35.

Es indescifrable hacia dónde se dirige esta sociedad, dada su particular naturaleza. Si bien la situación económica y social de su país es muy similar (alarmantemente similar, de hecho) a la de Grecia, su sociedad parece contentarse con tumbarse a tomar el sol en sus playas mientras dicen "tú primero" al ser preguntados sobre qué piensan hacer para intentar corregir un rumbo cada vez más torcido.

Por ello, y con el ánimo de preservar a tan especial grupo de seres humanos, en pos de la evolución, propongo que nombremos el territorio de España como Reserva Natural del Homo Españolis. Ya que no pudimos salvar al Dodo, salvemos a nuestros congéneres de una posible extinción (y contaminación del homo sapiens) de llegar a relacionarse más allá de sus fronteras.

martes, 3 de julio de 2012

Cuando el mundo dejó de girar

Llegó el domingo, y la selección española se proclamó campeona de Europa por segunda vez consecutiva... Y quizá, auspiciados por la llegada del mes de julio, el mundo se paró. A pesar de un rescate de 100.000 millones, a pesar de un incendio devastador en Valencia, a pesar de tener un presidente que parece más interesado en presenciar eventos deportivos que en ejercer la labor para la que fue elegida democráticamente...

La reflexión es devastadora. Estamos más preocupados por lo que aparentamos que por lo que somos. ¿Que el país arde? Es normal, es verano, y en esta tierra hace calor. Así que como todo lleva años quemándose, por qué vamos a preocuparnos ahora. ¿Que tenemos deudas? Siempre ha habido momentos más duros, así que, ¿por qué alarmarse ahora?. ¿Que el presidente se va a ver el fútbol? Es normal, por fin tenemos una selección competente.

Y así suma y sigue... España se proclama campeona de Europa y todo el mundo es feliz. Llega el verano y nos preocupa más la playa... mientras RTVE es desmantelada y puesta de nuevo al servicio del Gobierno y en detrimento del Estado.

Los logros (sociales) que vinieron de la mano de la burbuja inmobiliaria se están desvaneciendo al mismo ritmo que lo hace aquel velo de pomposidad que cubría a la sociedad durante el gran 'boom' económico. Y detrás de ese velo, lejos de encontrar un ánimo de tirar hacia adelante y cambiar las cosas, lo único que queda es un poso de fiesta y despreocupación que hace imposible preguntarse si realmente lo que está sufriendo un país como Grecia no es tan lejano, o si es que realmente nos trae todo sin cuidado, y, como la ministra, esperamos que la Virgen del Rocío nos saque de nuestras penurias.

Al final, evidentemente, tenemos lo que merecemos. La pregunta es, ¿hasta cuándo? Probablemente, y viendo en qué punto está nuestra sociedad, en el siglo XXII, cuando el mundo esté en el siglo XXII, nuestra sociedad entrará en la que fue la sociedad del siglo XXI...

Mientras tanto, yo seguiré esperando encontrar a esos que, como yo, queremos que de nuestro país se sepa algo más que las tres palabras mágicas: Toros, siesta y fútbol.