lunes, 6 de mayo de 2013

El privilegio de trabajar

8:00 de la mañana.

Te levantas para ir al trabajo. Te sientes afortunado. En un país con 6 millones de parados estás en el grupo (mayoritario en realidad) que tiene trabajo. Pero te hacen sentir casi culpable, porque tú eres especial, tienes trabajo.

Trabajas por el mísero salario mínimo de nuestro país, que no te permite llegar ni siquiera a fin de mes sin tener que pedir ayuda a tus familiares. Pero te hacen sentir casi culpable, porque tú eres especial, tienes trabajo.

Trabajas bajo las órdenes del empresaurio de turno, de 9:00 a 13:00 y de 15:00 a 20:00, soportando todo tipo de barrabasadas por parte de jerifaltes incapaces de reconocer que están ahí por ser amigo de, por aparecer en el momento oportuno, o por tratarte como si fueses un animal a domesticar. Pero te hacen sentir casi culpable, porque tú eres especial, tienes trabajo.

Llegan las 20:00 y te dicen que hay que quedarse a hacer horas extra porque ha surgido un inconveniente. En realidad tu contrato no te obliga a permanecer en tu puesto de trabajo más allá del horario estipulado (que ya de por sí es un despropósito cuando se compara con el de muchos otros países europeos) pero te recuerdan, sin mucho disimulo, que si no tragas (y lo haces gratis, por supuesto) puedes terminar en la calle en el próximo ERE, o que te puedes ir olvidando de esa posibilidad de ascenso. Y te siguen haciendo sentir culpable, porque tienes trabajo.

Pasa el tiempo. Tus amigos, familiares o conocidos se quedan sin trabajo, o bien no consiguen encontrarlo tras años de búsqueda. Y la culpabilidad no desaparece. Ellos sufriendo todavía más que tú para poder salir a flote, y sin posibilidad de ayudarles, porque tu salario no te llega ni para subsistir tú.


Sin embargo, más del 70% de la población activa tiene empleo. No tienes que agachar la cabeza por tener un empleo. No eres un afortunado, si no que los desempleados son los auténticos perdedores de toda esta situación. Porque lo normal es tener empleo y no estar en el paro durante años.

Pero bajo la premisa de que eres un afortunado que tiene empleo, no puedes hablar de conciliación laboral, de que te paguen tus horas extras, de que te respeten ya no sólo como trabajador, si no como persona, ni puedes hablar, pero ni de broma, de un aumento de salario para poder vivir dignamente. Porque te recuerdan, muy amablemente, que si tú no aceptas eso, miles en la calle estarán dispuestos a aceptar tu trabajo, por un salario incluso por debajo del mínimo y a cambio de más horas.

No puedes recurrir al sindicato, o mejor dicho, no quieres. Porque te han dicho que son el demonio y que sólo buscan enriquecerse. Estás solo. O eso te quieren hacer creer. Callas y tragas con lo que venga por miedo a perder tu trabajo. Eres el triunfo absoluto del empresaurio español. El empleado dócil que calla y asiente por miedo a perder su trabajo porque él es especial. El empleado que no lucha y se queda en su casa mientras le recortan libertades y derechos con la sombría amenaza del despido, autoconvencido de que no sirve de nada manifestarse, ni pelear por lo tuyo porque otros vendrán a por tu trabajo si te echan.

Sea este un "homenaje" al empresaurio español, a nuestros políticos, y a todos los imberbes que se dejan pisotear creyendo que de verdad, son especiales por tener trabajo.

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