viernes, 10 de mayo de 2013

¿Qué hay de lo mío? Parte 1: El aborto

Año 2013. Siglo XXI.

Nuestros políticos y nuestros medios cacarean que España está en la cúspide del progreso y que nuestro país es ejemplo de avance... Mejor dejemos la parte de humor para otro momento...

La reforma a la Ley del Aborto es de esas cosas que no sólo hace que me hierva la sangre (y como a mí, imagino y espero que a muchos y muchas) si no que además ilustra perfectamente cómo funciona este país. Donde el "¿Qué hay de lo mío?" es el auténtico motor de cada legislatura, cuando llega el momento de pagar los favores pedidos para conseguir alzarse con el poder.

En pleno siglo XXI es completamente disparatado pensar en restringir la Ley del Aborto y devolverla a algo similar a los años 80.

¿Cómo es posible que sea un puñado de hombres los que estén diciendo a las mujeres (y por extensión a sus familias) de todo el país cómo y cuándo podrán abortar? Es hilarante. Es volver a la Edad Media (y épocas más recientes en el caso de nuestro país, siempre empeñado en ir a la zaga de Europa en cuanto a Historia se refiere) para dar el poder de decidir a hombres sobre algo que atañe exclusivamente al propio cuerpo de la mujer embarazada.

Es una reforma que, de ser ejecutada, nos pondrá a la cola de Europa. Pero no contentos con eso, nuestro ministro "más demócrata" presume de ser la reforma más progresista (nos pondrá a la cola, pero es progresista, este hombre está de atar, sinceramente, pero dentro de un ejecutivo en el que todos parecen estar desquiciados, desgraciadamente no rechina ni un poco).

Acto contra el aborto en la Clínica Dator. Fuente: El País
Y con la marea de fondo sobre si es progresista o no, sobre si el derecho a la vida, sobre si el aborto es ETA, dejamos de lado a las auténticas protagonistas de toda esta historia: las mujeres.

¿Cómo es posible que estemos pretendiendo abordar una reforma que afecta directamente a nuestras parejas, madres, hijas, sobrinas, etcétera sin que ellas intervengan directamente? Estamos poniendo por encima del derecho a la vida (que no el derecho a la vida digna) por encima de, en según qué casos, el derecho a la vida de la propia mujer, y quizá condenando de por vida a una familia que no tenga recursos para sacar adelante a un vástago discapacitado.

Porque la implicación del Estado en esta ley termina precisamente ahí, en forzar a la mujer a dar a luz a un hijo del que quizá no pueda hacerse cargo, y a afectar al resto de la familia en mayor o menor grado. Desde luego, a la hora de ayudar a sacar adelante a ese hijo, Papá Estado desaparece. Es el ¿Qué hay de lo mío? por excelencia (en este caso el de los obispos).

Es completamente falto de cualquier moral que el Estado se pueda permitir dictar cómo serán las vidas de las familias que no puedan permitirse viajar a otro país para abortar. Porque el que piense que esto va a terminar con el aborto está completamente desconectado de la realidad.

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